Sabíamos de la inminencia de un ataque militar estadounidense; pero no, de su instantáneo resultado, casi incruento: la detención y extracción de Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores de Maduro, la yunta principal del poder en Venezuela, junto a su entorno cercano inmediato, integrado por Delcy y Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello Rondón.
Proveniente de fuentes de la inteligencia francesa, anuncie el domingo pasado que existía _«un peligro real de ataque estadounidense a territorio venezolano, incluso hasta el 30 de diciembre... Por supuesto, es una posibilidad que no deseamos, pero me ha sido transmitida confidencialmente por un compatriota con acceso a información reservada creíble»._ Eso, sin duda, debieron saberlo los entes militares y civiles de inteligencia y seguridad, pero parece que no le hicieron mucho caso, distendidos por las celebraciones de la 'noche vieja' y el Año Nuevo: entre bailes, bebidas y encuentros familiares y amistosos de los agentes venezolanos, los gringos lanzaron 48 horas después, el ataque tras la captura de Maduro y Flores: 'mataron dos pájaros de un tiro', una especie de dobleplay a ritmo de 'Fuerza Delta'.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) estuvo desprevenida y tal vez fue víctima de una cochina traición a Maduro, su esposa y a la Casa Militar o Guardia de Honor, a cuyos efectivos le correspondía jugárselas a muerte por la seguridad de sus protegidos. Inexplicablemente -al menos para mí- el ataque penetró 'como cuchillo caliente en barra de mantequilla', seguramente por la superioridad tecnológica y la traición a la patria de unos cuántos. Pronto se sabrá de lo bueno y lo feo de estos episodios bélicos que conmocionaron a Venezuela y el mundo.
Fue un alevoso y vil ataque contra territorio nacional -«brillante», como dijo Trump- que viola el derecho internacional y la propia Constitución de EEUU, según creciente debate en Washington entre parlamentarios y el gobierno trumpista.
Todo fue tan rápido, que sus resultados dejaron una estela de estupefacción nacional e internacional, sin muchos dolientes verdaderos por los dos secuestrados de tan alto vuelo gubernamental.
La confusión subsiguiente ha sido generalizada, porque no hay muchas verdades relucientes ni opciones claras hacia el futuro: el delincuente Trump anunció un regimen colonial para despojar a Venezuela de sus riquezas, su Constitución (de hecho) y su dignidad de patria soberana, al tiempo que tiró a la cuneta el liderazgo de María Corina Machado y pareció conformarse con una vicepresidenta ejecutiva maleable bajo instrucciones de Marco Rubio y Pete Hegseth, los titiriteros designados.
La desgracia comenzó en tiempo real, sorpresa tras sorpresa, con reacciones muy lentas y tenues por parte del gobierno dirigido por Delcy Rodríguez Gómez, tal vez por la estupefacción reinante entre los otrora mandamses de la comarca. Comenzaron pidiendo la 'prueba de vida' que desde hace rato le niegan perversa y premeditadamente a los familiares de los presos políticos venezolanos secuestrados por policías y militares torturadores; y después anunciaron 'resistencia' al invasor que se fue con Maduro y Cilia, pero mantiene la acechanza desde el Caribe con los gigantes recursos bélicos del Comando Sur del Ejercito de EEUU.
Se sabe, ahora, que los militares gringos articularon con agentes del FBI, la DEA, la CIA (in situ) y el departamento de Justicia, la Fiscalía de Nueva York y los tribunales. No les tiraron suave.
Más allá de lo anecdótico y espectacular, la furia gringa dejó huella colonial con el propio relato de Trump y su invocación de la 'doctrina Monroe'.
A lo interno, Venezuela está en ascuas, con la esperanza de que los organismos internacionales emitan alguna declaración inútil pero aparentemente contraria a la estirpe delictiva de Trump, Hegseth y Rubio, los asesinos del Caribe y el Pacífico.
El imperio decadente se quiere hacer respetar en América Latina y el Caribe, con base en la brutalidad de la fuerza para reimponer su reino en lo que 'orgulloso' considera 'su' «patio trasero».
Entre tanto, los dos bandos de la destrucción nacional están sufriendo el desprecio popular que revela claramente que 'madurismo' (si es que existe) no es patriotismo, ni 'maricorinismo' es distinto al servilismo neocolonial que rechazamos mayoritariamente los venezolanos y venezolanas.
Maduro y Cilia, que se defiendan solos; y los vendepatria, que sepan que tampoco los queremos.
Vamos contra el imperialismo decadente del delincuente Trump, y seguimos comprometidos con la justicia social, los derechos constitucionales del pueblo de Bolivar, la democracia participativa y las libertades públicas.
Que no haya confusión: la falta absoluta de Maduro en el cargo que usurpaba, genera constitucionalmente una elección presidencial inmediata en 30 días, sin presos políticos y con un nuevo Consejo Nacional Electoral: decente, digno, transparente, capaz de generar confianza pública y levantar el 'apartheid político' impuesto por Maduro y el PSUV.
La negociación es por un acuerdo de interés nacional, para votar y elegir un Jefe o Jefa de Estado que dignifique el corroído cargo de Presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela, patria de Libertadores y hombres y mujeres justos y solidarios.
manuelisidro21@gmail.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario