Manuel Isidro Molina
La entrega de soberanía y el aferramiento a un sistema corrompido, fácilmente extorsionable, es lo que el delincuente Donald Trump llama «Modelo Venezuela». Se trata de un régimen muy corrupto, ilegítimo y cobarde, pero 'duro' para perseguir, sembrar 'delitos' y torturar a su antojo, cubierto por un Sistema de Justicia podrido desde el Tribunal Supremo y la Fiscalía General hasta los fiscales y jueces de instrucción penal, junto con policías y militares de investigación y captura.
El 3 de enero de 2026, bajo ataque militar y adicional amenaza de mayor uso de la fuerza por parte del Comando Sur y la CIA de los asesinos del Caribe, quedaron fuera de combate. Se rajaron y comenzaron muy diligentes a entregar todo lo que no les pertenece: la dignidad nacional, las riquezas de Venezuela y los derechos elementales del pueblo trabajador venezolano, hoy más empobrecido y traicionado por las élites de los factores de poder que han hundido la República.
Es el «Modelo Venezuela» que avergüenza a los hijos e hijas del Libertador Simón Bolívar, 200 después de su gesta histórica anticolonial y antiimperialista. El mismo 'modelo' que los asesinos del Caribe dicen querer aplicar al agredido Irán, desde el pasado 28 de febrero, cuando junto con el genocida Benjamín Netanyahu, el desaforado Trump desató un no provocado y bárbaro ataque de liquidación, que ha sido respondido vigorosa e inteligentemente, valientemente, por el Estado, las Fuerzas Armadas y el pueblo iraníes, dispuestos a propinarles una derrota estratégica histórica, con serias consecuencias a nivel mundial.
El «Modelo Venezuela» implica cobardía, traición y entrega «maravillosa», para decirlo en palabras del delincuente sexual y agresor más famoso del mundo, hoy en creciente decadencia en su propio país, donde la mentira, el descaro y la inmundicia moral ya no le alcanzan para reinar por mucho tiempo, a pesar del empeño del entorno de lunáticos racistas y fundamentalistas sionistas que lo sostiene, para desgracia del mundo.
En Venezuela, nos corresponde a los patriotas con verdadero aliento histórico, romper la inercia impuesta por los corruptos y vendepatrias coaligados que provocaron la tragedia moral, política, económica y social que hoy consume a la sociedad venezolana.
Urge romper con los dos bandos de la depredación, para unir a una mayoría suficiente para comenzar la reconstrucción de la patria -hoy herida gravemente-, hacia la independencia nacional. Venezuela no será colonia gringa por mucho tiempo, a pesar de los planes de los asesinos del Caribe, fervientemente apoyados por el cipayismo coaligado.
En medio de la incertidumbre general -catalizada a partir del pasado 3 de enero- el pueblo venezolano está deseoso de encontrar un rumbo democrático, pluralista y participativo, para la justicia social y el ejercicio pleno de la soberanía. No queremos un régimen plutocrático, saqueador y explotador. Tampoco, un protectorado colonial, el «Modelo Venezuela» que imponen los asesinos del Caribe; ejecutan Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello; y aplaude el cipayismo liderado por María Corina Machado. En conjunto, oprimen y traicionan a la patria que nos legaron nuestros Libertadores.
Se equivocan: no nacimos para ser colonia de nadie, ni para soportar un régimen oligárquico que esquilme al pueblo trabajador y le niegue los más elementales derechos sociales y laborales. Puedo decir que la gente 'está abriendo los ojos', aunque algunos no lo perciban actualmente. El camino es largo, pero posible, si retomamos las traicionadas banderas de dignidad, justicia social y patriotismo verdadero, con alta moral y capacidad de entrega y sacrificio.
En medio de tantas dificultades -¡que las hay!-, estamos ante la disyuntiva de aceptar la entrega al decadente e inmoral imperio estadounidense, como lo marcan Delcy Rodríguez Gómez y María Corina Machado; o rescatar la soberanía popular pisoteada, armados de civismo moralizante y vocación de servicio a beneficio de las mayorías empobrecidas y defraudadas, que reclaman y merecen justicia social y ejercicio pleno de sus derechos y deberes constitucionales.
No caben las medias tintas, entre esas dos opciones: democracia y justicia social o explotación y entrega colonial. La plutocracia y la caquistocracia coaligadas en la politiquería que asfixia a Venezuela, no merecen la confianza del pueblo de Bolívar.
Debemos ir a elecciones transparentes y verificables, este mismo año 2026: la soberanía popular debe ser convocada y expresarse libremente, sin coacción ni manipulaciones, con la verdad por delante, sin miedos ni engaños.
Ya hicimos renunciar al Fiscal General de la República y al Defensor del Pueblo, dos complices mayores de la represión, la tortura y la sistematica violación del debido proceso. Le debería dar vergüenza a Tarek William Saab estar aferrado -como ¡encargado!- a la Defensoría del Pueblo. Ahora, debemos ir por más:
Los rectores y rectoras del Consejo Nacional Electoral (CNE), principales y suplentes, también deben irse, renunciar a los cargos que tan indignamente han ejercido traicionando la moral pública y la voluntad popular. Sin excepción, deben irse, todos y todas.
Este despeje institucional debe dar paso a un nuevo CNE, integrado por mujeres y hombres probos, capaces y con carácter suficiente para ejercer con independencia y sabiduría tan alta misión.
Este reto no es sencillo ni fácil de superar. Por el contrario, es bastante complicado y difícil de acometer con éxito. Se trata de uno de los mayores entuertos de la tragedia histórica que sufrimos. Debemos desmontar el apartheid político impuesto por Maduro y el PSUV.
Es tal la pudrición moral en el CNE, que es necesario rehacer un verdadero ente electoral capaz de generar confianza y lograr la eficiencia requerida. Es tal su nivel de corrupción, que luce indispensable: 1.Depurar el Registro Civil; 2.Depurar el Registro Electoral; 3.Reconstruir la estructura funcional del CNE, tanto a nivel nacional como en el estadal y el municipal; 4.Auditar el sistema automatizado de votación y escrutinio o, de ser necesario, construir uno nuevo y cien por ciento confiable.
Urge elegir Presidente o Presidenta de la República, repito, este mismo año, para subsanar con el voto popular el fraude cometido hace dos años, y la ausencia forzada de quien ejercía ilegítimamente ese cargo, hecho que pudo resolverse con la renuncia de Nicolás Maduro Moros, como lo solicitamos desde el segundo semestre de 2024. Era el único camino constitucional, que pudo evitarnos males mayores, como el que enfrentamos hoy: Venezuela, colonia de Estados Unidos de América, potencia imperialista en decadencia, muy agresiva, destructiva y sanguinaria.
manuelisidro21@gmail.com






%20(1)%20(1).jpg)
%20(6).jpg)







%20(1)%20(1).jpg)
%20(6).jpg)

