La ambigüedad
de nuestro tiempo
es un claro oscuro
nebuloso, complejo;
una penumbra,
un camino desconocido,
oculto, encubierto
hacia una fantasía
de seguidores,
de satélites,
y finalmente robotizadas.
A la presencia expansiva
y vinculante con lo electrónico
entramos sin cautela,
vulnerables y desnudos
a la estepa digital,
con una conducta
y mitología urbana:
la fábula del éxito.
Corcoveando,
sin soporte
y a la intemperie...
Las expectativas magnificadas
nos han captado,
retenido, encerrado
y en paralelo,
sin resistencia
nos van creando inquietudes,
aspiraciones, zozobras,
seguridad, incertidumbres,
ilusiones, migajas,
“autonomías”, leyendas…
accedemos a un bucle,
a un circuito,
a una cascada,
a un remolino en espiral.
¿Dónde está el problema?
¿Por qué el conflicto?
Nos encontramos
sin tregua ni pausa
perdidos en el progreso,
en la vanguardia
de lo desconocido.
No lo hemos visto venir
y ya estamos…
lo único, lo singular
se transforma en binario,
en gemelo, un duplicado,
un rango de la realidad;
replicantes, clones
por cuenta propia;
hemos entrado
al naufragio del pensamiento,
a un cerco sin cerco,
a un avanzado
obsoleto absoluto;
tenemos el cerebro
cargado de memes,
y una mente
como un Centro Comercial:
cautivado, atraído,
deslumbrado, distraído,
saturado de lugares comunes;
lo verosímil
es lo mundano,
lo artificial,
lo temporal inmediato,
nos han traspasado
y reducido,
nos han domado la atención.
Estamos en casa
bajo un mismo techo,
online y a la vez
en distintos lugares,
en éste nuevo mundo
lo distante está conectado,
y lo cercano aislado;
llegamos a la conexión
desconectada…
Los nuevos significados,
de entrada
se han descomprimido,
lo cierto es lo incierto,
no hay cruce,
no hay roces.
Anidamos en tiempos minerales
de silicios y siliconas,
cargados de tecnología
y falto de humanidad,
la paradoja
de un mundo fabricado,
similar, parecido
pero ficticio;
el “deepfake”,
la apariencia
en disputa con la realidad,
los hechos los omitimos;
buscando comunicarnos
nos incomunicamos.
Una mutabilidad móvil
que nos inmoviliza;
lo complejo minimizado,
simplificado.
Con hilos invisibles
nos abordaron y bordaron
para secarnos
en su telaraña…
con nuevas determinaciones
y atrapados en las pantallas
nos ensanchan las oportunidades
y nos estrechan el cerebro,
se abren posibilidades
y nos reducen habilidades.
Es la integridad
diluida, pérdida;
no comprender es lo masivo,
lo normal;
lo esencial disipado.
Lo que no trepita
y vibra por dentro
se detiene y oxida
como un metal,
como una fundición corroída.
Estamos sin encontrarnos,
sin alivio
pero tutelados,
drenados, huecos.
En este horizonte
de las certezas
tenemos un mapa
estando anclados,
es la dualidad de nuestro tiempo,
la ambigüedad cibernética…
Humberto Rojas D.
18-05-2026









