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domingo, 30 de septiembre de 2012

PASANDO LA HOJA Lo electoral no basta

Por Manuel Isidro Molina
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a incendiar a Venezuela. Menos, los insensatos que han actuado irresponsablemente, bajo cobertura del abuso de poder, la corrupción y el entreguismo desde los extremismos del chavismo y el antichavismo. El autoritarismo militarista y un supuesto “ultraizquierdismo” trasnochado que le hace coro al son del disfrute de las mieles del poder, la corrupción y las arbitrariedades antidemocráticas, hacen juego con la más demencial, servil y violentista derecha que ha copado los espacios culturales, comunicacionales, políticos e ideológicos de los sectores críticos al gobierno del presidente Hugo Chávez. Pareciera una contradicción, y no lo es: ambos extremos son antidemocráticos, abusan del poder, están asociados a la corrupción y menosprecian la diversidad política e ideológica que no acepta sus mediocres postulados para el control abusivo del poder. La actual matriz de opinión venezolana, conocida nacional e internacionalmente, está estructurada y es inmodificable, esta última semana. Lo que no se hizo o se logró antes del inicio de la campaña electoral, difícilmente puede alcanzarse en noventa días de propaganda, movilizaciones y proselitismo electoral. Suficientes indicadores existen en la actualidad venezolana, que confirman las líneas gruesas de la sociología electoral mundial. Entonces, ¿por qué mentir y manipular, de tal forma que se pretenda poner en duda el resultado que anunciará el Consejo Nacional Electoral (CNE), seguramente cerca de la media noche del domingo 7 de octubre, o en la madrugada del lunes 8? No les hablaré de elecciones. Hoy, creo más útil escribir sobre la paz, la tan valiosa e indispensable paz entre los venezolanos. Como socialista democrático contemporáneo, estoy afirmado en la idea de la transformación justiciera de la sociedad sobre valores de dignidad, decencia, solidaridad y paz.
La inmensa mayoría, la aplastante mayoría ciudadana venezolana -independientemente de las distintas y hasta contrapuestas orientaciones ideológicas, políticas, religiosas o culturales-, es partidaria de la paz. No queremos violencia política, que vendría a causar peores daños que la violencia delictiva que nos agobia, ensangrenta y traumatiza. La elección presidencial del 7-O debe ser una fiesta democrática, con sus márgenes de participación y abstención, estimados por algunos estudios de opinión, respectivamente, en 75 y 25 por ciento, cuyas variaciones a 65-35 u 80-20 en nada afectará la legitimidad del acto comicial. Yo he decidido no votar, porque ninguna de las opciones presidenciales muestra una senda de realizaciones encomiables. Abstenerse es un derecho tan respetable como votar, por lo que en 1999 el constituyente abandonó la obligatoriedad del voto establecida en la Constitución de 1961. Es una manera de participar críticamente frente a los actores políticos que han abandonado principios, ética y hasta la sindéresis. La peor trampa del neo-bipartidismo impuesto por el chavismo y el antichavismo, es precisamente esa supuestamente inocua adjetivación de los “ni-ni”, una falta de respeto a la inteligencia, a los derechos ciudadanos y, sobre todo, al libre albedrío de los venezolanos y venezolanas inconformes con el proceder de los políticos corrompidos e irresponsables. Negarse a votar por ofertas políticas consideradas inconvenientes por indignas e irresponsables, no es carecer de criterio o falta de responsabilidad ciudadana. Más bien, es una forma de protestar ante la politiquería, la corrupción y el extremismo demencial de los principales factores en pugna, en nuestro caso venezolano, chavismo y antichavismo. Fortalece la paz, desnudar a ambos bandos dejándolos en su mínima expresión, que ganen y pierdan exhaustos en su exacta dimensión, para así abrir posibilidades ciertas de postular una política nacional para el encuentro de las mejores voluntades y propósitos de desarrollo integral, justicia social, independencia nacional e integración latinoamericana para mejor desempeño en los escenarios mundiales. Este 7-O, hay que bajarle el copete a los extremistas, abusadores y corruptos del chavismo y el antichavismo, dejarlos que se cocinen en su propia salsa. La paz se afinca en el respeto a los derechos sociales de las mayorías, y a los pronunciamientos democráticos del pueblo. Como las matrices de opinión, una elección presidencial arroja una amplia gama de resultados, y no simplemente un ganador, aunque el triunfador sea el factor más resaltante. Son importantes todos cuantos votan y todos cuantos nos abstenemos, la variedad de quienes votan y la de quienes no lo hacemos coyunturalmente por no sentirnos representados en aspirantes y programas de gobierno. Sólo hablar de elecciones es insuficiente. La paz es más importante que cualquier elección, la paz democrática, la paz social, la paz del entendimiento mediante acatamiento de los resultados del acto electoral, que arroja tres resultados simultáneos: el ganador, los perdedores y los críticos que no votaremos. Todos somos importantes, a la hora de decidir la conducción de los asuntos públicos. El 8 de octubre comenzará una nueva etapa política en Venezuela. El panorama tendrá mayor transparencia, y el país podrá actuar con mayor fuerza y eficacia hacia un estadio superior de desarrollo y solidaridad, que se abrirá paso consistentemente, sin traumas ni dilaciones. La del 7-O será una elección de decantación de una realidad que exige cambios democráticos con vocación social y libertaria, rompiendo con el neo-bipartidismo del chavismo y el antichavismo, falsa dicotomía que tiene entrampados a venezolanas y venezolanos. Lo electoral no basta. Es importante, muy importante, pero no es el todo. Las tendencias contemporáneas de transformación están afincadas en los desarrollos científicos y tecnológicos, en la soberanía e independencia nacional para la toma de decisiones, en el crecimiento ético de venezolanos y venezolanas, en el compromiso para la solidaridad y la responsabilidad social, en la defensa de los equilibrios ecológicos, en la decencia intelectual y anímica para ser cada día más útiles. Venezuela es mucho más que Hugo Chávez y Henrique Capriles, dos actores a la medida de las circunstancias conocidas y sufridas por todos, incluso por quienes se cuecen en el disfrute hedonista de la abrupta riqueza sucia. Aunque no parezca, vivimos tiempos de cambios. Apaguen la música, piensen en grande y verán el enorme potencial de desarrollo armónico que tenemos en Venezuela.
EL CONFESIONARIO * UN FILTRO ANTIBASURA NEO-BIPARTIDISTA debe incorporar a su mente y ánimo la población venezolana, para resistir la avalancha de guerra sucia que inundará las redes sociales, desde Internet hasta la telefonía celular, durante esta última semana de campaña electoral presidencial. Bolas, rumores, cuentos necedades de las peores llegarán a los electores y electoras a cada minuto. La secuencia histórica contemporánea nos puede guiar frente al nerviosismo que algunos están interesados en propagar entre la población. * A PARTIR DEL 8-O, comienza la carrera por las gobernaciones. Con menos entusiasmo y más capacidad crítica, el pueblo tiene la posibilidad de castigar a incompetentes y corruptos, impedir que pudrimillonarios de cualquier tolda política continúen ejerciendo o logren esos altos cargos regionales. Venezuela espera mucho más de sus electores y electoras. Es nuestra responsabilidad impedir o permitir que mediocres, corruptos y bandidos de la cuarta y la quinta, sigan haciendo desastres en las gobernaciones, convertidas en cuevas del cohecho y la indignidad.
* OSCAR CENTENO LUSINCHI (82) recién publicó su libro Cómo tumbar un dictador - Verdades, mentiras y vigencia del 23 de Enero de 1958. Testimonial y documental, la obra publicada por Editorial Libros Marcados, recoge sus vivencias como actor civil especialísimo entre la Junta Patriótica integrada por representantes de los partidos Acción Democrática (AD), Partido Comunista de Venezuela (PCV), Copei y Unión Republicana Democrática (URD), y la oficialidad inconforme de las Fuerzas Armadas Nacionales, hasta entonces conducidas por el general torturador, asesino y ladrón Marcos Pérez Jiménez. Farmacéutico y abogado, OCL conserva una lucidez extraordinaria. Con él conversé unas dos horas el viernes pasado, en la Asociación de Propietarios Hípicos de Venezuela, de la cual forma parte junto con su amigo y anfitrión Germán Balza, directivo de esa añeja sociedad líder del hipismo venezolano. Me llamó la atención una afirmación contenida en la contraportada: "El 23 de enero de 1958 fue un movimiento inédito en la historia política venezolana y del continente... Fue un movimiento sin liderazgo partidista..." Por ahí, comenzó la grata y polémica conversación con su autor. Recomiendo su lectura crítica: encontrarán pasajes inéditos de aquella gesta democrática cívico-militar, cuya complejidad todavía no se expone con la indispensable generosidad y honestidad intelectual. Igualmente, podrán conocer documentos históricos, algunos de ellos publicados por primera vez. A mi juicio -varias veces lo he escrito-, el 23 de Enero de 1958 ha sido la gesta política venezolana más importante, después de la independencia política nacional del bienio 1810-1811. Curiosamente, los propósitos y esencias de ambos procesos fueron abortados y traicionados por actores políticos, militares, económicos y culturales de principalísima notoriedad en los años subsiguientes. manuelisidro21@gmail.com @manuelisidro21

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