El próximo 15 de marzo se cumplirán 4 años del último aumento o actualización del salario mínimo nacional, establecido en 130 bolívares mensuales, equivalente en 2022 a 30 dólares, límite internacional de la pobreza extrema: un dólar diario.
Ese año, comenzó la traición de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez y el PSUV a las trabajadoras y trabajadores activos. jubilados y pensionados.
Hoy, a escasos días de ese infausto cuarto aniversario, el salario mínimo sigue en 130 bolívares mensuales, unos 30 céntimos de dólar (US$0,30), según promedio de cambio establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV): 431 bolívares por dólar. ¡En esa indignidad estamos, pateadas la Constitución y las conquistas históricas de los trabajadores venezolanos.
Esa política criminal y traidora contra la inmensa mayoría de los venezolanos y venezolanas de carne y hueso, que viola descaradamente el artículo 91 de la Constitución ('vigente' en «letra muerta») fue pactada en secreto por el gobierno de Maduro & Co. con los factores económicos privados nacionales y extranjeros. Contó con el silencio cómplice de sus sucesivos ministros del Trabajo, y las federaciones y sindicatos controlados por la corriente gubernamental: sus dirigentes adosados a esa política salarial de hambre y robo, también están inscritos en la triste historia venezolana de hoy, como grandes traidores y traidoras a la clase obrera venezolana y a sus grandes conquistas logradas a partir de 1936, «cuando Venezuela entró al siglo XX», luego de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez.
Esta desgracia que sufrimos los venezolanos y venezolanas de a pié, se tejió premeditadamente al imponer la nefasta política remunerativa de «bonificación», para robar a las mujeres y hombres de trabajo y responsabilidad en todos los ámbitos de la vida nacional, en la ciudad y el campo, en todas las ramas de la economía, tanto en el sector privado como en el público.
El «salario minimo nacional» es el indispensable punto de partida para una justa politica salarial. Es una referencia marcadora de las escalas salariales y pensionales, por lo que ha sido criminal llevarlo a la extinción.
¿Por qué no hay aumento salarial, desde hace 4 años? Este robo social afecta a la familia venezolana toda. La congelación del salario y la 'bonificación' de los ingresos laborales, constituyen un atraco que niega el justo cobro de horas extras, días feriados y fines de semana trabajados, porque los bonos no son imputables para esos efectos. Igual ocurre con el cobro de vacaciones, alicuotas de cajas de ahorro, bonificaciones de fin de año y, por supuesto, la pensión del Seguro Social atada al salario mínimo.
Los factores del capital -empleadores privados nacionales y extranjeros- asociados a las políticas neoliberales, pretenden lucrarse con mano de obra esclava, sin derechos adquiridos ni legislación laboral que garantice justicia social para una vida digna de los trabajadores y sus grupos familiares. Ellos se imaginan una 'libre empresa' como la existente en Chicago en 1886, cuando ocurrió la matanza y brutal represión de trabajadoras y trabajadores fabriles hacia el histórico «1ro. de Mayo», establecido en la mayoría de países y adoptado por las Naciones Unidas como «Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras». El gobierno traidor de Maduro y el PSUV se los hizo realidad. En eso estamos.
El debate por una política salarial justa y progresista no está en la agenda de la politiquería, el engaño y la traición, que predomina hoy en Venezuela. Es justo, noble e indispensable levantar la voz por los derechos pisoteados que mantienen en la pobreza a las trabajadoras y trabajadores activos, jubilados y pensionados.
La lucha por nuestros derechos se viene expresando y cogiendo calle, ahora en tiempo de recolonización. Cada día, más sectores laborales y políticos defensores de la justicia social para mejor vida de nuestras familias, se suman al torrente de protestas y exigencias.
¡Sigamos dando la pelea, para el rescate del salario y todos los otros derechos laborales expoliados! Mírenle caras y manos a los actores politiqueros que, de lado y lado, se disputan el poder como botín de hampones.

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