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jueves, 16 de abril de 2015

AXEL CAPRILES / "Condenamos la corrupción solo cuando no nos salpica algo de ella"

El psicólogo y doctor en ciencias económicas destaca que las condiciones materiales de la población venezolana hoy demuestran que la inclusión “fue un efecto del enamoramiento y la seducción y no de un cambio real”



Por Edgardo Agüero S.

Axel Capriles es psicólogo, psicoanalista jungiano, doctor en ciencias económicas, docente universitario, conferencista, articulista y escritor. A través de la escritura incursiona por los laberintos de la subjetividad buscando desentrañar desde la óptica de la psicología analítica el ser profundo del venezolano. Indaga en la complejidad psíquica de sus arquetipos para ofrecernos una explicación de por qué somos como somos; para entender la manera como nos vemos, la manera como sentimos, como nos relacionamos, como apreciamos nuestro mundo, como interpretamos nuestra existencia.

El concepto de “Patria” que nace en los campos de batalla con la Independencia de Venezuela y se gesta en la guerra permanente al calor del autoritarismo militarista y la fuerza bruta, ¿de qué modo influye en la formación de la psiquis del venezolano?
La Venezuela nacida del fragor de las guerras y gobernada por los héroes de los campos de batalla no dejó prosperar el espíritu civil. En lugar de una psicología colectiva de relaciones simétricas y una consciencia clara de la reciprocidad entre derechos y deberes, surgió una sociedad constituida por individualidades que se pretendieron acreedoras de la patria. La motivación social dominante fue y sigue siendo el poder, y muy poca energía psíquica ha sido destinada al logro y a la construcción de una institucionalidad impersonal.

¿Hasta qué punto el líder ejerce simbólicamente la función del padre? ¿Qué ocurre cuando no se produce esa identificación o como dicen ustedes los psicólogos esa transferencia?
El ser humano necesita idealizar. Es común que el padre se convierta en objeto de idealización. Es decir, la necesidad psíquica es transferida a la figura paterna. Cuando dicho proceso se altera, en muchas ocasiones queda un faltante que es preciso llenar. Los líderes carismáticos, por sus propias necesidades narcisistas, tienen a llenar esa carencia. Creo que en grandes sectores de la población hay una importante ausencia de figura paterna que es suplantada por el paternalismo del Estado.

¿La carencia de esta figura paterna puede empujar a buscar una respuesta en el ámbito de lo religioso? (Freud). ¿A esto puede deberse la proliferación de grupos cómo la santería, por ejemplo?
Las religiones permiten la relación con lo desconocido y ayudan a sobreponernos a los momentos de dolor y debilidad. Y, ciertamente, hay indicios que vinculan el culto al héroe con deidades religiosas. Existe cierta similitud entre los héroes y los dioses como seres poderosos. La relación con seres grandiosos que están por encima de todo nos ayuda a superar nuestros sentimientos de inferioridad y debilidad. El terreno que liga lo político con lo religioso es, sin embargo, muy difícil de precisar.
“El autoritarismo militarista llena la ausencia de otras formas de liderazgo”
En “La picardía del venezolano o el tiempo de Tio Conejo” (2008), usted dice que las personas común y corrientemente proyectan en el líder no sólo su individualidad sino al héroe dormido que llevan dentro. Muerto Chávez, ¿que sustituye ese gran vacío dentro del liderazgo venezolano?
Se ha creado un culto a Chávez, una religión de Estado que aprovecha muchos elementos de la religiosidad popular y la tradición cultural. En teoría, son los herederos del gran héroe de la revolución los llamados a sustituir al Comandante, pero hay elementos únicos de identidad entre la figura de Chávez y la personalidad modal venezolana que son irrepetibles y que no permite identificación similar. El gran vacío tiene que ser rellenado por una figura absolutamente nueva que apunte a otros aspectos de la psicología colectiva venezolana. Esperemos, que en la próxima oportunidad, el líder sirva para dar salida a contenidos positivos de nuestro inconsciente y no a tantos aspectos destructivos a los que sirvió el chavismo.


¿Puede el autoritarismo militarista suplir la carencia de liderazgo?
Hay una tradición militarista que ha dejado su huella en la cultura subjetiva venezolana. El militar representa, de manera ambivalente, tanto la arbitrariedad de la fuerza como la protección frente a la anarquía y el caos. El autoritarismo militarista llena, ciertamente, la ausencia de otras formas de liderazgo pero sobre todo se impone como poder coercitivo. Ante la debilidad de la sociedad, predomina la fuerza.

Usted habla de un colapso de los mitos que estamos viviendo. ¿A qué se refiere con esto y cuáles serían sus consecuencias?
Los mitos son necesarios porque aportan una narrativa que da sentido a la realidad. Pero los mitos tienen que adoptar el ropaje de los tiempos y ceder lugar a la diferenciación de la consciencia. La ausencia de mitos puede llevar a la inmovilización por falta de proyección psicológica que nos mueva hacia adelante. El mito de El Dorado fue indispensable para la penetración y conquista del territorio que hoy llamamos Venezuela. El mito del héroe fue fundamental para la guerra de la independencia pero es absolutamente disfuncional para el desarrollo de una consciencia acorde con la vida moderna civilizada.

¿Inclusión o parasitismo social?

Axel Capriles, psicólogo
Capriles dice que durante los últimos años el pueblo tuvo “más que un poder real el pueblo obtuvo un poder retórico”
Axel Capriles fustiga la figura del Estado paternalista cuando dice: “En Venezuela, la inclusión siempre se planteó en términos del reparto de la renta petrolera, en términos de derechos, nunca de deberes. Esta orientación hacia los derechos sin contrapartida de deberes crea una demanda de reparto continuo”. Y en lo referente a la materia social afirma que el gobierno ha sembrado, a contracorriente de su retórica, “un parasitismo social tremendamente pernicioso y contrario al empoderamiento popular. Siembra dependencia con un discurso de dignidad e independencia”.

Usted ha observado el fomento de un parasitismo social inspirado en el discurso de la inclusión, contrario al empoderamiento popular. ¿Dispone el pueblo hoy de mayor poder real?
El discurso de la inclusión más que resultados reales y sostenidos en el tiempo produjo una ganancia simbólica. Más que un poder real el pueblo obtuvo un poder retórico. Las condiciones materiales de la población venezolana hoy demuestran que la inclusión fue un efecto del enamoramiento y la seducción y no de un cambio real. Por el contrario, el debilitamiento de las instituciones bajo el liderazgo carismático produjo una concentración y personalización del poder. De la sumisión psicológica se pasó a la sumisión material por efecto de la dependencia absoluta del pueblo venezolano, totalmente necesitado del Estado para su misma supervivencia.
“Los Castro han desarrollado una muy exitosa franquicia para reinar sobre la pobreza”
¿El chavismo fundamentó su discurso en la pobreza, ahora que crece la pobreza, habrá más chavismo o en este caso no funciona la proyección?
La pobreza es un mecanismo de dependencia. Mientras más pobre sea una persona más necesita del ser caritativo y magnificente que le dé sustento. El poder autoritario ataca la independencia económica para mantener lazos de dependencia. En el momento actual, hay tal nivel de escasez y penuria por causa de la incompetencia del gobierno que la revolución ha perdido popularidad pero Chávez permanece en un cielo aparte, como si nada tuviera que ver con las consecuencias de las políticas de la revolución. Los Castro han desarrollado una muy exitosa franquicia para reinar sobre la pobreza.

El miedo como determinante fundamental de la sumisión

A cerca del miedo del que vivimos rodeados los venezolanos, el psicólogo jungiano nos dice: “El miedo es una pasión que descalabra en lo más profundo el sentido de valía y autoestima del individuo. Y en este aspecto, es un determinante fundamental de la sumisión. El venezolano vive en miedo perpetuo, no sólo el miedo político, el miedo a que lo despidan del trabajo, sino el miedo más básico, el miedo a la muerte súbita, a la muerte de los seres queridos. Si recuerda la teoría central del pacto social en Hobbes, el miedo a la muerte violenta es lo que lleva a los seres humanos a aceptar el dominio del Leviatán”.


¿Dentro de este contexto, funciona la psicología del miedo implícita en la resolución 08610?
Sí, la gente tiene miedo. En una discusión reciente sobre las diferencias culturales y los motivos que producen protestas importantes en otros países mientras que nosotros permanecemos inmutables y pasivos, mucha gente comentó que la diferencia era que en esos países el gobierno no disparaba a matar o no había colectivos armados. El miedo paraliza.

¿Cómo se explica que atravesando el chavismo su peor momento, la oposición no sepa sacar provecho de esta situación?
Por una falta de liderazgo en la oposición. Primero y principal, porque el liderazgo por resentimiento promovido por Chávez produjo un quiebre en la consciencia de la clase dominante e indujo un sentimiento de culpabilidad penetrante. Los líderes de la oposición, en lugar de ser fieles a sus principios y maneras, en vez de presentar imágenes nuevas y plantear otros argumentos para conducir el país, se dedicaron a morder el anzuelo del chavismo y copiar su estilo. Crear un liderazgo nuevo en un momento de transición, luego de la demolición de toda la institucionalidad de una nación es sumamente difícil.
“La corrupción ha sido socializada como mecanismo de reparto de la renta petrolera”
¿En esta coyuntura, cómo funciona en el inconsciente colectivo el socorrido discurso patriotero-antiimperialista?
Funciona bajo un doble registro. Por una parte, la proyección de la culpa sobre el imperio ha sido tan excesivamente usada que ya no es creíble. Sin embargo, el complejo de representaciones colectiva sobre los norteamericanos tiene una carga emocional tan fuerte que sirve para procesar muchos conflictos latinoamericanos. La polaridad éxito-fracaso es una de ella. El complejo del gringo tiene una gran fuerza simbólica que da salida a numerosas frustraciones.

¿Persiste aún la ilusión de protagonismo en el imaginario del pueblo chavista? Digo mejor, experimentan ellos ser realmente sujetos de una revolución, es decir de una transformación radical de la sociedad?
El protagonismo es una forma de defendernos de nuestro propio fracaso. Pero además, es un mensaje consistentemente repetido a lo largo de nuestra historia republicana: somos hijos y herederos de los grandes héroes de la gesta de la independencia. Como en tiempos de Cipriano Castro, los chavistas también se sienten nuevos protagonistas de la historia. Casi todo el mundo necesita sentirse original, pero en la Venezuela bolivariana el aparato propagandístico del Estado ha convertido el más insignificante hecho en un suceso de dimensión histórica. Los sentimientos de inferioridad tradicionalmente se compensan con un complejo de superioridad.

La corrupción del patriarca benévolo

¿El destape de las cuentas milmillonarias en el extranjero a nombre de funcionarios estrechamente ligados al entorno de Chávez tendrá alguna incidencia en el pueblo chavista sobre la percepción de impoluta probidad del comandante?
No creo que en una cultura picaresca la probidad sea una virtud importante. Sin duda, la multimillonaria corrupción bolivariana causa molestia y descontento en momentos en que la población se enfrenta a la escasez y la penuria, pero aún así no creo que anule los vínculos de identidad con el Comandante. Siempre he creído que los venezolanos condenamos la corrupción solo cuando no nos salpica algo de ella. La corrupción y el despotismo del patriarca benévolo son aceptados en la medida en que la población obtenga algún beneficio de ellos. En Venezuela, la corrupción ha sido socializada como mecanismo de reparto de la renta petrolera. Además, muchos piensan que “lo que es del Estado es de todos y lo que es de todos es mío”.

http://www.larazon.net/2015/04/13/axel-capriles-el-venezolano-vive-en-miedo-perpetuo/

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