domingo, 22 de marzo de 2026

AQUÍ, AHORA / La fuerza y el brillo de la juventud de Venezuela, patria de Libertadores


Manuel Isidro Molina 

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El régimen de opacidad impuesto por el PSUV en Venezuela, viene desde los primeros pasos de gobierno del ya olvidado (por algunos) «Movimiento V República» (MVR): así comenzó la loca búsqueda de la «hegemonía comunicacional» gramsciana, que terminó cerrando centenares de medios de comunicación, colonizando corruptamente otros, controlándolos bajo amenazas y estableciendo un sistema de censura y autocensura, tan gigantesco como inútil. Simplemente ampuloso y torpe, fue vadeado inteligentemente en el plano telemático, desde Internet hasta las redes sociales. No pudieron Hugo Chávez Frías ni Nicolás Maduro Moros, y tampoco podrá Delcy Rodríguez Gómez, en esta etapa colonial de la derrota robolucionaria fraguada por ellos a ritmo de corrupción, enriquecimiento ilícito, abuso de poder y petulancia pendenciera, para terminar arrastrándose cobardemente ante lo peor del decadente imperio estadounidense.

La tragedia histórica que sufrimos en Venezuela, fue impactada el 3 de enero de 2026 por el ataque bélico ordenado por los asesinos del Caribe: Donald Trump, Marco Rubio y Pete Hegseth, con el beneplácito de María Corina Machado y su entorno cipayo. Seguidamente, en cascada, la desgracia no paró: secuestrados Nicolás Maduro y Cilia Flores -sin muchos dolientes-, la amenaza imperialista de mayor uso de la fuerza neutralizó cualquier reacción de resistencia y arrodilló al régimen institucional represivo y corrupto establecido. 

Comenzó así -sobre las ruinas robolucionarias-, la vergonzosa entrega de la soberanía nacional y el control imperialistas de nuestras riquezas nacionales, como nunca había ocurrido. Delcy Rodríguez y su entorno aceptaron la imposición de un régimen colonial abierto y descarnado, con un ridículo discursito de supuesta dignidad venezolanista. Escondieron el falso tono «revolucionario», «chavista» o «madurista», que vociferaban hasta las dos de la madrugada del 3 de enero pasado, cuando la fragua cipaya de los vendepatria se unió a la traición robolucionaria, a muy bajo costo para la CIA y los asesinos del Caribe. 

El cipayismo coaligado que ha emergido de la sucia politiquería venezolana, reina en la incertidumbre provocada por la traición y la entrega. No faltan quienes se muestran 'orgullosos' de ser cipayos coaligados, incluyendo a los habilidosos de memoria cortísima y agallas gigantescas. Para ellos y ellas, 'invisibilizar' lo ocurrido es propósito común, muy mediocre y cobarde, pero común en el interés manifiesto de 'controlar el poder' o acceder a él con fines utilitarios a beneficio personal, grupal o corporativo, en condición de siervos del pedófilo, delincuente empresarial y masacrador Donald Trump y sus lugartenientes Marco Rubio y Pete Hegseth. 

En fin, se pelean por mostrarse más serviles, unos más que los otros. Confieso que -próximo a cumplir 76 años de vida- nunca imaginé vivir esta hora de oprobio nacional. Tiempo de profundo dolor patrio y reflexión valiente, para empinarnos por encima de esta desgracia histórica. 

El delincuente Trump está cayendo por su propio peso en Estados Unidos y en el mundo, debido a sus tropelías y fanfarronerías que solo le celebran (o callan) sus cipayos más abyectos. Terminará de caer por su derrota estratégica en la guerra de agresión contra Irán, y el creciente rechazo en la sociedad estadounidense, así como en los pueblos de América Latina y el Caribe, donde el fascismo neoliberal cipayo también será derrotado. 

El triunfo de la selección venezolana en el Campeonato Mundial de Béisbol, fue agua fresca para nuestro vapuleado gentilicio. El admirable trabajo en equipo de los magníficos jovenes peloteros criollos, fue producto de años de talento, disciplina y sueños de grandeza deportiva, con decisivo apoyo de la Federación Venezolana de Béisbol y la gran fanaticada, por millones, que vibró con cada batazo, atrapada o ponche a los contrarios, partido tras partido. Mención especial merece el liderazgo de los valiosos entrenadores y coordinadores del equipo triunfador, junto con el personal técnico de apoyo, integralmente visto.

Ha sido una encomiable lección de éxito compartido, para nuestra prometedora juventud. Este triunfo gigante en el Campeonato Mundial de Béisbol 2026, augura mayores éxitos para  Venezuela, que no ha sido ni será colonia del decadente imperialismo estadounidense. 

Esta patria de Miranda, Bolívar y Sucre -y de tantos otros Libertadores, en mixtura de generaciones- aplaude a los campeones mundiales de béisbol, con amor, alta valoración y alegría infinita, por encima de parcialidades de cualquier naturaleza. Tanta fuerza ha tenido ese auténtico sentir patriótico, que opacó las absurdas pretensiones de manipulación y usufructo por parte de los dos bando fundidos hoy, como cipayos coaligados. 

Celebramos con nuestros jóvenes triunfadores en el Campeonato Mundial de Béisbol.  Su ejemplo y gallardía muestran el camino para lograr juntos un próximo futuro luminoso de esta patria de Libertadores, hoy magníficamente representados en su juventud valiente, tesorera e inteligente, que exige mejor vida, justicia social, respeto a los derechos democraticos constitucionales y libertad de pensamiento y creación, para la felicidad y el desarrollo armónico de Venezuela, con ética y eficaz compromiso.

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