Manuel Isidro Molina
La incertidumbre que vivimos los venezolanos y venezolanas, aquí y en el mundo, puede resumirse con esta expresión popular que me envió un apreciado amigo:
«Somos el país más loco del mundo... Tenemos tres presidentes, uno preso, una encargada y uno extranjero. ¿Realmente qué han hecho con Venezuela?»
Le faltó decir que son cinco, si sumamos a uno 'electo' y a otra que se mueve entre la clandestinidad y centros de poder en el exterior. Total, vivimos una rara (por inédita e inexplicable) 'estabilidad' con la cual todos parecen estar contentos, sin saber quién manda o cuál grupo de poder es más determinante que los otros.
Y, claro, el pueblo no cuenta. Ni sabe 'por dónde van los tiros', ni cuál es el destino inmediato de la República Bolivariana de Venezuela, nacida independiente el 5 de julio de 1811, pero devenida en algo muy parecido a una colonia en 2026, bajo el yugo criminal de las cañoneras del delincuente-asesino Donald Trump.
'Tres presidentes' o 'cinco presidentes' son una y misma cosa: un caos existencial que abarca los planos político, económico, militar, cultural y moral.
La Venezuela independiente, la de los Libertadores del siglo XIX, está moribunda, sometida por el imperio más sanguinario y destructivo de la historia continental y mundial, pero alabado por vastos sectores políticos, académicos, económicos, comunicacionales y sociales de Venezuela y América Latina y el Caribe. Nunca en Venezuela, los factores de poder proimperialistas habían logrado copar tanto espacio con sus monsergas neoliberales, macartistas y vendepatrias, que siempre favorecen la exclusión social, el racismo, el colonialismo y la concentración de la riqueza en grupos minoritarios.
El bandido Trump y su corte de brutales secretarios (ministros) cuentan con un decidido apoyo de esos sectores cipayos para encubrir e invisibilizar sus crímenes, con el argumento -en este caso- del mal gobierno 'madurista' y la baja cota moral de muchos de sus funcionarios y testaferros.
Nicolás Maduro, el 'presidente preso', fue secuestrado durante un ataque militar violatorio del derecho internacional y la soberanía nacional de Venezuela. Lo quieren justificar inmoralmente con el argumento mendaz del 'narcoterrorismo' o la 'narcodictadura', que no soporta el menor exámen jurídico ni policial. Maduro no es ningún capo del 'narcotráfico internacional', ni jefe de 'algún cartel narcoterrorista', como el comprobadamente inexistente 'cartel de los soles'. Fue una gran infamia.
Así que Trump no es más que un delincuente internacional, asesino principal de más de 200 seres humanos con sus bombardeos en el Caribe y el Pacífico, y su agresión militar del 3 de enero de 2026, contra Venezuela. Dice que gobierna a Venezuela junto con Pete Hegseth y Marco Rubio, los otros dos protuberantes asesinos del Caribe, a través de la 'presidenta encargada', Delcy Rodríguez, muy alabada desde la Casa Blanca.
Sin embargo, la sustituta constitucional de Maduro, que es un presidente ilegítimo por haberse juramentado sobre el fraude electoral del 28 de julio de 2024, sabe que 'gobierna' bajo las directrices y condiciones imperialistas impuestas por Washington, desde la madrugada del 3 de enero pasado.
Le compite María Corina Machado, quien entró a la Casa Blanca por una lúgubre puerta de reparto, a humillarse entregando una medalla que no irradia 'paz' ni honra a la oferente genuflexa. ¿A quién le interesa hablar de Edmundo González Urrutia?
Aquí, la realidad es dura y dolorosa, lacerante. Nuestra patria está dejando de serlo. Un gobierno -el de Maduro- ladrón, inepto y violador de derechos humanos, confrontado con una oposición igualmente corrupta e irresponsable, dieron al traste con el desarrollo nacional, empobrecieron al pueblo y sembraron la desesperanza, el desencuentro y la desesperación.
Venezuela ha soportado simultánea y desgraciadamente el mal gobierno y el bloqueo criminal Trump/Guaidó/Machado, que en 2025 se transformó en cerco bélico, con asesinatos inmisericordes de lancheros en el Caribe (y el Pacífico) y el asalto militar a tierra venezolana en 2026, una afrenta a nuestra soberanía que llevará siempre las manos y los rostros ensangrentados de Maria Corina Machado, Donald Trump, Pete Hegseth y Marco Rubio, los asesinos del Caribe.
El tan manoseado 'diálogo' no llega ni se ve. Está enervado por la corrupción, la traición y la cobardía de sus supuestos actores. ¿Cómo es un 'diálogo' sin dignidad? ¿Quiénes, cargados de cinismo y sinvergüenzura, pueden garantizar algún resultado favorable al pueblo traicionado y empobrecido? ¿Cómo los pecadores honrarán los justos reclamos de los justos?
Parece, más bien, una mesa de truhanes, enneblinada por humo de tabaco atravesado por tenues luces en lugubres sotanos mafiosos. Se jugarán sus últimas porquerías.
Vendepatrias y represores, ladrones y traidores, igual se quieren mostrar dignos e impolutos. Es asfixiante esta atmósfera de oprobio, la indignidad corre como torrente pestilente de cloaca rota.
No hay manera de que la pudrición sane al enfermo. Los actores y actoras del desastre nacional venezolano deben hacerse a un lado, y el pueblo digno de esta mancillada patria de Libertadores (no de cipayos) debe echarlos de la vida pública. Si no, continuaremos de fraude en fraude, vendrán más traiciones y nuestras debilidades facilitarán los planes imperialistas del asesino Trump.
manuelisidro21@gmail.com

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