Emergió sorpresivo
y sin permiso de nadie
se instaló,
se prolongó
permaneciendo una eternidad.
Nadie lo invitó,
entró y se alojó.
Todo se estremeció,
se agitó
violentamente
hasta ondular
y quebrar lo estable…
Todo temblaba,
lo perdurable
se esfumó,
se convirtió en efímero,
en fugaz,
un columpiar sin trayecto,
sin rumbo, sin piso,
nos quedamos sin sedimento
y en nuestros cuerpos
se abrieron grietas
colapsando la razón…
La intensidad
del entusiasmo destructor
no se calibra en tiempo,
es otro cronometro,
es otra magnitud,
es otro asombro,
es otro estremecimiento,
es otro espanto…
Humberto Rojas D.
25-06-2026

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