jueves, 2 de julio de 2026

✨🇻🇪 Firma por la Independencia Nacional de Venezuela, Patria de Libertadores.


A 6 meses del «DÍA DE LA HUMILLACIÓN» colonial imperialista, y a 215 años de la firma del Acta de Independencia del 5 de julio de 1811.

Caracas, 3 de julio de 2026.
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A 215 años de la Declaración de la Independencia Nacional

¡VIVA LA REPÚBLICA!

Las masivas demostraciones de solidaridad popular tras los terremotos que han sacudido al país el 24 de junio han vuelto a demostrarnos que no hay dificultad que pueda destruir la base moral y espiritual que nos constituye como Nación. A la destructora y mortal energía sísmica hemos respondido con humana energía reparadora. Con el mismo carácter inquebrantable de nuestro Libertador Simón Bolívar frente al terremoto del 26 de marzo de 1812, sabremos superar esta dolorosa situación, y con la misma resolución de ayer y de hoy, todas las fuerzas patriotas vamos a luchar para recuperar nuestra independencia.

En medio de la actual tribulación no olvidamos que el crujir de la tierra fue precedido por el estruendo de los misiles y la metralla, que también trajeron destrucción, muerte y dolor. El 3 de enero de este mismo año, hace seis meses exactos, Venezuela fue atacada militarmente por las fuerzas armadas estadounidenses, bajo órdenes de su actual gobierno, en un acto de guerra no declarado, no provocado, no justificado, desproporcionado e ilegal, en abierta violación del artículo 2, numeral 4, de la Carta de las Naciones Unidas. Esta agresión militar, que dejó un saldo lamentable y condenable de víctimas, constituye además una violación al derecho internacional humanitario, como quedó asentado en los informes de Naciones Unidas en aquellos días.

Desde ese día Venezuela ha experimentado una escalada sistemática de agravios. A una Nación que tiene una tradición de lucha por la libertad, por la independencia y de convivencia e integración pacífica con otros pueblos, se le pretende imponer un plan de administración colonial del Estado bajo amenaza de nuevos ataques militares, que se concreta a través del control sobre la comercialización del petróleo, oro y otros minerales estratégicos, y más grave aún, mediante el control directo de los ingresos que estos generan, los cuales son depositados en un partida presupuestaria del Departamento del Tesoro del gobierno de Estados Unidos, que los administra a su antojo.

A lo anterior se suma la imposición de planes de inversión extranjera, precedidos de reformas legislativas forzadas, favorables a los intereses del país agresor y contrarias a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, especialmente en las áreas de hidrocarburos y minería. De igual manera, el gobierno estadounidense se ha arrogado el derecho a decidir sobre procesos políticos e institucionales de exclusiva competencia de la soberanía popular venezolana y a condicionar la política exterior de paz e integración que hemos promovido como Nación.

Por otra parte, la presencia y operación ilegal de agentes y tropas del país agresor en nuestro espacio geográfico constituyen otra abierta transgresión a nuestra Constitución y al Derecho Internacional, circunstancia que se ha visto agravada tras los terremotos del 24 de junio: de antemano denunciamos y manifestamos nuestro más firme rechazo a cualquier decisión conducente al establecimiento de bases o dispositivos militares estadounidenses en nuestro territorio bajo el pretexto de asistencia humanitaria, por elemental dignidad patriótica y porqué está taxativamente prohibido en nuestra Constitución Nacional.

Todo este cuadro configura una gravísima e inédita violación a la Declaración de Naciones Unidas de 1965 sobre la inadmisibilidad de la intervención en los asuntos internos de los Estados y protección de su independencia y soberanía.

Colocados en esta ignominiosa situación que atenta contra los derechos soberanos que nos asisten como Nación, como Estado, como República, quienes amamos y honramos nuestra Patria estamos llamados a impedir la normalización o el enmascaramiento de esta intervención extranjera. Por lo tanto, estamos obligados a denunciar ante la comunidad internacional la conculcación de nuestros derechos soberanos. Las circunstancias históricas nos convocan a unirnos en torno a la lucha por la recuperación de nuestra Independencia Nacional.

Es urgente un acuerdo nacional que incluya a todos los factores, organizaciones políticas y sociales de carácter patriótico, que nos presente ante el mundo como una Nación cohesionada, que sensibilice a los pueblos, gobiernos y también a las corrientes democráticas de la propia nación estadounidense, sobre la inadmisibilidad de una situación que no solo lesiona a Venezuela, sino al paradigma de comunidad internacional que se ha intentado construir después de la Segunda Guerra Mundial.

Consideramos impostergable el inmediato cese de toda medida coercitiva unilateral contra Venezuela, así como reclamamos nuestro derecho al acceso y manejo de los bienes y recursos nacionales ilegalmente administrados por la potencia ocupante. En medio de la emergencia por la que atraviesa la Nación como consecuencia de los terremotos del 24 de junio, tanto la exigua ayuda humanitaria anunciada por el gobierno estadounidense como la decisión de levantar parcialmente, y por breve tiempo, algunas “sanciones” que pesan sobre el país, no solo resultan insuficientes, sino que constituyen una afrenta contra todo el pueblo venezolano y una demostración más de la profunda insensibilidad de la fuerza ocupante frente a una tragedia que enluta a decenas de miles de familias.

Asimismo, consideramos oportuno que las instituciones del Estado venezolano procedan a la formalización de una denuncia ante la Asamblea de las Naciones Unidas por la conculcación de nuestra soberanía nacional y ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas por las violaciones al derecho internacional humanitario que se han perpetrado, y se interponga una acusación formal ante la Corte Internacional de Justicia en función de la restitución del control sobre nuestros ingresos nacionales y nuestra autodeterminación política plena como Estado soberano en lo ejecutivo, legislativo y judicial, de acuerdo al Pacto Social que sellamos democráticamente en referéndum constitucional el 15 de diciembre de 1999.

Preservar la dignidad nacional hoy supone lograr un acuerdo de todas las fuerzas patrióticas dispuestas a reafirmar su indeclinable compromiso con la Declaración de Independencia que hicieran nuestros próceres el 5 de julio de 1811, y que dejaran plasmado con las siguientes palabras:

“Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la corona de España o de los que se dice o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra, hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de comercio, límite y navegación, hacer y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes… A pesar de nuestras protestas, de nuestra moderación, de nuestra generosidad, y de la inviolabilidad de nuestros principios… se nos bloquea, se nos hostiliza, se nos envían agentes a amotinarnos unos contra otros, y se procura desacreditarnos entre las naciones… para oprimirnos… Sin hacer el menor aprecio de nuestras razones, sin presentarlas al imparcial juicio del mundo, y sin otros jueces que nuestros enemigos, se nos condena a una dolorosa incomunicación con nuestros hermanos; y para añadir el desprecio a la calumnia se nos nombran apoderados, contra nuestra expresa voluntad, para que en sus Cortes dispongan arbitrariamente de nuestros intereses bajo el influjo y la fuerza de nuestros enemigos”.

Pueblo venezolano: La estabilidad, la paz y la posibilidad misma de construir una sociedad con justicia en tierra venezolana pasa hoy día por la recuperación del pleno ejercicio de nuestra soberanía.

Pueblo venezolano: los pueblos del mundo deben saber que no renunciaremos nunca a nuestra condición de República para fusionarnos con ningún otro Estado, ni aceptaremos ser administrados por quienes hoy nos violentan.

Superados estos primeros momentos de angustias, duelo, rescate y atención primaria a las víctimas de los terremotos, el pueblo patriota debe promover iniciativas unitarias de lucha cívica y democrática, en el marco de la diversidad política, para recuperar nuestra Independencia, y con ésta la plena efectividad jurídica de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Proclamamos con la frente en alto y con voz de Pueblo Libertador que ejerceremos nuestro derecho inalienable a seguir siendo una Nación libre de toda dominación, y convocamos a la más amplia solidaridad internacional con nuestra lucha.

Pueblo venezolano: Hoy más que nunca las palabras de Bolívar ante la Sociedad Patriótica, el 3 de julio de 1811, nos obligan:

“… lo que queremos es que esa unión sea efectiva y para animarnos a la gloriosa empresa de nuestra libertad; unirnos para reposar, para dormir en los brazos de la apatía, ayer fue una mengua, hoy es una traición… Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana, vacilar es perdernos”.

Pueblo venezolano: ¡Luchemos sin vacilaciones por la restitución de nuestra soberanía y de nuestra independencia!

¡Viva Venezuela! ¡Viva la República!

En Caracas, a 3 de julio de 2026

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