Tatuy Tv cumple su 19° aniversario en un momento muy difícil de nuestra historia como nación independiente. Con un pueblo ahogado en una precariedad cotidiana y la soberanía comprometida en varios frentes, el escenario se presenta desalentador a todas luces.
En esta editorial hacemos una radiografía del panorama venezolano. No para hundirnos más en la desesperanza, sino para rechazar que se normalice el rumbo actual.
Nos negamos a aceptar esta neocolonización como inevitable y hasta deseable. Tener claridad sobre el contexto actual es indispensable para rearmarnos y reconstruir nuestro futuro.
El Pesimismo de la Razón
Aunque la historia no empezó el 3 de enero (y hay que analizar cómo se llegó a ese punto), los últimos meses han estado caracterizados por un giro político vertiginoso en favor de la burguesía, nacional y foránea, y del imperialismo norteamericano. Nuestra condición actual como país es de una soberanía totalmente hipotecada.
Si los ingresos petroleros van a una cuenta del Departamento del Tesoro estadounidense, y el gobierno nacional tiene que enviar un presupuesto para que se liberen (parcialmente) sus propios recursos; si los órganos judiciales y electorales se nombran bajo tutela de EE.UU.; si las leyes más importantes se desarrollan en borradores compartidos con la Casa Blanca y los ejecutivos de Chevron; si el ejército imperial puede entrar y salir libremente y bombardear lo que le dé la gana en territorio nacional; ¿qué queda realmente de una nación independiente?
¿En qué mundo el país que mantiene sanciones criminales contra nuestro pueblo, que bombardeó Venezuela y secuestró al presidente, puede ser un “aliado”? El embajador norteamericano se pasea “inspeccionando” infraestructura y hospitales como si fuera el capataz de la finca, escoltado por el primer vicecanciller adeco sonriendo como buen perro faldero pitiyanquí.
Podríamos detenernos en la batalla de cifras sobre el reciente acuerdo “histórico” petrolero con la administración Trump. Sin embargo, el análisis es bastante claro. El gobierno nacional ya retrocedió a niveles desastrosos el control y participación nacional en la industria petrolera, y este acuerdo ofrecerá condiciones aún menos favorables para el país.
Simple y llanamente, se pusieron las reservas petroleras venezolanas, así se conserve formalmente su propiedad, al servicio de un imperio que busca frenar su decadencia. Ese monstruo gringo que siembra muerte y destrucción por todo el mundo se alimenta ahora de combustible venezolano.
Vendiendo Humo y Esperando que Gotee
Si en los últimos años había algún retraso entre una política de conciliación de clases, bajo el bloqueo económico, y un discurso que conservaba ciertas claves del proyecto bolivariano, esa brecha se ha cerrado por completo.
En el pasado quedó cualquier noción de que PDVSA puede producir petróleo, que la vivienda es un derecho y no una mercancía, que la tierra debe pertenecer a quien la trabaje, etc., para no hablar de términos como “socialismo” o “imperialismo” que desaparecieron por completo.
En cambio, hoy el objetivo es exclusivamente generar las mejores condiciones posibles para el capital. Hay que reformar leyes, desnacionalizar y privatizar, desalojar en el campo y en la ciudad, entregar divisas sin freno, flexibilizar la esfera laboral, todo lo que haga falta para que la gente con mucho dinero se sienta segura de ganar aún más dinero.
Y luego vendrá el goteo. Todas las claves del discurso neoliberal de los últimos 40 años son ahora comunes y corrientes en la vocería del gobierno nacional. Que hay que atraer la inversión porque solo así se genera empleo, y que la única forma de tener escuelas y hospitales es subordinando la industria energética a Estados Unidos y a su empresariado.
No hay mejor ejemplo de la entrega a los intereses extranjeros y capitalistas que el hecho de que la mitad del país está permanentemente a oscuras para que las corporaciones sigan extrayendo sus ganancias de nuestro subsuelo.
La avalancha de retrocesos tampoco está cerca de terminar. Todavía está por concretar el plan de privatizaciones de activos estatales encomendado por el gobierno, la reforma laboral a medida de Fedecámaras, la reducción del Estado a nombre de la “eficiencia” y la reestructuración de una deuda tan grande como ilegítima para profundizar aún más la dependencia de Venezuela.
Tragedia y Farsa al Mismo Tiempo
Durante años se suprimió y reprimió el debate interno porque estábamos bajo asedio imperialista y de la derecha internacional. No importaba que la discusión fuese sobre la mejor manera de resistir sin sacrificar el proyecto. Había que callar frente a todo tipo de atropellos, ya que si la derecha llegaba al poder desmantelaría todas las conquistas de la revolución y entregaría el petróleo en bandeja de oro a Estados Unidos.
Y ahora los propagandistas oficiales quieren demostrar la cuadratura del círculo, que lo que tiene todas las características de una entrega y sumisión colonial en verdad es un avance estratégico “ganar-ganar”.
No hay error más grave e indignante que tomar a la gente por estúpida. Durante meses escuchamos que había que prepararse para la guerra de todo el pueblo, que EE.UU. tendría su Vietnam 2.0 y no recibiría ni una gota de petróleo si llegara a agredir a Venezuela. Nadie deseaba un baño de sangre, pero se afirmó que había que resistir, de forma asimétrica, contra la agresión imperialista. Luego resulta que no teníamos armas suficientes y nos vienen a explicar con plastilina que ser un vasallo del imperio no está mal.
Otro argumento central era el internacionalismo. Nos decían que a pesar de todos los retrocesos y contradicciones internas, Venezuela seguía en el equipo bueno, el de la multipolaridad. Y no era mentira. Venezuela mantenía relaciones y enviaba, aunque menos que en otros tiempos, petróleo a Cuba, apoyaba a Irán, defendía a capa y espada la causa palestina y denunciaba el imperialismo en espacios multilaterales.
Actualmente, la política exterior es igual a la de cualquier otro país subordinado a Washington. Ni una gota de petróleo para Cuba, cero apoyo a Irán, alianza con las monarquías del Golfo, silencio sobre Palestina y relaciones restablecidas con Israel. Las relaciones estratégicas con Rusia y China se van marginalizando, sus empresas gradualmente desplazadas para que entren las autorizadas por Trump.
Los que se adaptan y justifican cualquier escenario son las y los oportunistas que no tienen principios. El único objetivo es permanecer en el poder, así sea implementando todo lo contrario de lo que antes se pregonó. La dirigencia actual simplemente llegó a la conclusión de que la mejor apuesta para seguir en el poder era ser lo más útil posible al imperialismo.
La Historia No Ha Terminado
En un pasado no tan distante, el pueblo venezolano conquistó su dignidad, arrebatada por unos y por otros durante siglos, e irrumpió como protagonista en su propia historia. Lo hizo de la mano del Comandante Chávez. Las luchas desde abajo catapultaron a Chávez hacia Miraflores, y él, como “infiltrado”, cambió las reglas de un juego hasta entonces exclusivo para las élites.
Este fenómeno no fue un accidente histórico. No fue producto de un barril a $120. Fue una creación heroica, con lucha, con pensamiento crítico y con un horizonte claro: el socialismo. En ese camino se cometieron errores, se ignoraron viejos vicios y se crearon nuevos. Todo eso hay que estar dispuesto a debatir con humildad y honestidad.
Sin embargo, nosotros y nosotras no vamos a renunciar a Chávez solo porque su legado fue pisoteado por quienes representan todo lo contrario al proyecto bolivariano, pero se aferraron a la imagen del Comandante para heredar una legitimidad que nunca merecieron.
La revolución no se hace con atajos. La lucha es también por la memoria histórica. Y aquí, quienes quieran ser la orquesta del Titanic para conservar cargos o pequeños feudos son libres de hacerlo. Pero al menos tengan la dignidad de no pretender que este rumbo tenga algo que ver con Chávez y Bolívar
El imperio hace planes para el futuro de Venezuela mientras diferentes facciones pelean para ser el gobierno lacayo de turno. El reto, tanto en nuestra nación como en el continente, es volver a organizar a las y los iguales, la gente de a pie que nada tiene que perder más allá de sus cadenas. Empezar de nuevo no significa empezar de cero.
Desde nuestra trinchera comunicacional, así como en los espacios políticos donde participamos, daremos nuestro aporte para visibilizar las luchas y afilar la conciencia. La última palabra no será del imperialismo y sus cipayos. El pueblo venezolano volverá a ser protagonista y a hacer andar las ruedas de su historia.
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