domingo, 30 de agosto de 2026

«La dolarización formal en Venezuela: ¿Solución o renuncia estratégica?» / Carlos Dürich

Carlos Dürich / Doctor en Economía 

La paradoja de un "refugio" que tambalea

En una jugada de ajedrez geopolítico tan predecible como preocupante, la reciente propuesta del diputado Antonio Ecarri de avanzar hacia una dolarización formal en Venezuela —respaldada por el economista estadounidense Steve Hanke, conocido por su asesoría en procesos similares en Ecuador y Zimbabue— ha destapado una contradicción que pocos se atreven a nombrar: mientras el poder político blande la bandera de la "soberanía monetaria", millones de venezolanos han decidido ya, en la práctica, prescindir del bolívar como unidad de cuenta y reserva de valor.

 Lo que la economía política de la dolarización revela, sin embargo, es que este proceso de "familiarización" con la moneda norteamericana no es más que un mecanismo de supervivencia, no una solución estructural.

El anuncio legislativo fue recibido con el rechazo inmediato del oficialismo. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, calificó la iniciativa como "falsa, absurda y descabellada", al tiempo que anunció una investigación contra Ecarri por atentar contra la credibilidad del Poder Legislativo [El País, 2026].

En esta disputa se esconde un hecho ineludible: la dolarización informal avanza imparable. Venezuela ha experimentado tres reconversiones monetarias fallidas (2008, 2018 y 2021), una hiperinflación histórica durante la década pasada y una depreciación del bolívar que, como ha documentado Pasqualina Curcio, ha sido inducida a través de la manipulación política del tipo de cambio, ascendiendo a dimensiones criminales que superan el 5.983.889.428% (Curcio, 2025). 

Pero estos datos, lejos de ser un argumento a favor de la formalización, son la crónica de un fracaso: la pérdida de confianza en la moneda nacional, la aniquilación del salario como mecanismo de reproducción social y la rendición ante la más poderosa de las armas imperiales: el ataque a la moneda (Curcio, 2025).

El dólar global: una ilusión de solidez

Para quienes aún defienden la dolarización como un ancla de estabilidad, el contexto internacional ofrece un recordatorio brutal de su fragilidad. Como documenta Ariel Wilkis en su introducción a *"Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global* ", el dólar no es una entidad "autopropulsora", sino que su valor depende de complejos procesos de aprendizaje, confianza y familiarización que no pueden darse por sentados fuera de las fronteras de Estados Unidos ( *Wilkis, 2024* ). 

El Banco de Pagos Internacionales, en su *Informe Económico Anual de junio de 2025* , advierte que bajo la superficie de una aparente estabilidad cambiaria "se están produciendo importantes cambios en los flujos de capital que podrían aumentar el riesgo del dólar". 

El interés extranjero por la deuda soberana estadounidense se está debilitando, mientras que el interés extranjero por las acciones estadounidenses está aumentando. "La situación fiscal de Estados Unidos se está debilitando, mientras que la rentabilidad de sus empresas se fortalece." [Bank for International Settlements, 2025].

La deuda pública estadounidense ha alcanzado niveles sin precedentes. Los analistas de JP Morgan advierten que "los déficits generan más deuda, lo que incrementa aún más los déficits y, en consecuencia, el nivel de deuda". Durante la próxima década, los pagos anuales de intereses de la deuda nacional aumentarán de 1 billón de dólares a 2,1 billones de dólares. Esta tendencia preocupante, conocida como la "espiral de la deuda", es un recordatorio de que el dólar no es un refugio seguro, sino una moneda sujeta a las mismas tensiones fiscales que cualquier otra [JP Morgan, 2025].


El Banco Central Europeo , en su informe de 2025, documenta que el oro ha superado a los bonos del gobierno estadounidense como el principal activo de reserva del mundo, y que "los bancos centrales del mundo están acumulando casi tanto oro como durante el apogeo de la era de Bretton Woods", mientras que la participación del dólar en las reservas de divisas cayó al 22% [ Financial Times, 2025 ]. 

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, señala Ahmed Moor en The Guardian , "está acelerando la desdolarización y el declive de Estados Unidos", y "la desdolarización promete reordenar el mundo, reduciendo el poder estadounidense a nivel global" [ Moor, 2026 ]. En este contexto, apostar por la dolarización es apostar por un caballo perdedor.

La soberanía como moneda de cambio

La propuesta de dolarización formal plantea una pregunta incómoda: ¿qué soberanía le queda a una nación que renuncia a su moneda? En una economía dolarizada, el Estado pierde sus herramientas más elementales de política económica: no puede emitir moneda, no puede devaluar para ganar competitividad, no puede manejar las tasas de interés para estimular la inversión o contener la inflación.

Pese al entusiasmo de sus promotores, la dolarización formal cuenta con la oposición de la mayoría de los economistas.

"Entiendo que sea una opción popular porque la gente desespera por una referencia estable", señala José Guerra, economista de la Universidad Central de Venezuela. "La ventaja es que frena la inflación rápido y permite el crédito a largo plazo. Pero para un país petrolero es una camisa de fuerza: al no tener un banco central que emita moneda, un shock externo provocará deflación, imposibilidad de pagar salarios o de financiar el gasto público, como ocurre en Ecuador. Además, genera una alta dependencia de Estados Unidos y es un camino sin retorno" [ El País, 2026 ].


En la misma línea se expresa Rodrigo Cabezas, exministro de Finanzas de Hugo Chávez: "Me opongo por completo a perder la moneda nacional. No es razonable que una nación renuncie a dos herramientas esenciales de política económica como la monetaria y la cambiaria. Se pierde el control sobre las tasas de interés y el crédito para la inversión, además de la competitividad externa que permite industrializar el país" [ El País, 2026 ].

Omar Zambrano, economista jefe de la firma Thinkanova, coincide: "El país llega a este debate por cansancio. El problema es que, aunque se dolarice, la inflación no convergerá de inmediato a los niveles de Estados Unidos. En ese periodo de transición, los costos internos suben por encima de los internacionales y producir se vuelve muy caro. La dolarización asfixia cualquier actividad distinta al sector extractivo que genera divisas y le pone un techo al crecimiento" [ El País, 2026 ].

Ecuador y El Salvador: los espejos de la desilusión

Los casos de Ecuador y El Salvador, que el propio Hanke menciona como referentes, ofrecen una lección contundente sobre las limitaciones de la dolarización. Como documenta Wilkis, Ecuador es el país con mayor antigüedad en la adopción del dólar en América Latina, y sin embargo, la dolarización no resolvió sus problemas estructurales. En los mercados populares ecuatorianos, "los repertorios monetarios dolarizados dan cuenta de las relaciones de las tensiones o acuerdos entre las élites y de las desigualdades existentes entre éstas y el resto de la población" ( Wilkis, 2024 ).

El análisis de Andrés Chiriboga-Tejada e Isabel Ramos sobre "Elites económicas y medios de comunicación en la legalización del dólar en Ecuador" revela que la dolarización fue impulsada por élites económicas que desplegaron sus aparatos mediáticos para construir "sentidos comunes positivos y celebratorios de la decisión", asociándola recurrentemente a la "estabilidad", "la luz al final del túnel", "el fin de la incertidumbre" y la ”credibilidad de la economía nacional" ( Chiriboga-Tejada y Ramos, 2024 ).

 Sin embargo, la evidencia empírica muestra que la brecha entre activos y pasivos denominados en dólares en el sistema financiero ecuatoriano de los años 90 evidencia el carácter estratificado del proceso: "la banca reaccionó al debilitamiento del sucre a través de una mayor demanda y acumulación de dólares para sus activos... La mayor parte de los depositantes no optaron por usar dólares sino hasta el final de la década", revelando una "brecha entre usuarios y banca en la forma de usar el dólar" (Chiriboga-Tejada y Ramos, 2024).

El informe del Banco Mundial "Ecuador: Growing Resilient for a Better Future" (2024) es lapidario al respecto: "la productividad de las empresas no petroleras cayó un 33% entre 2012 y 2020; las ineficiencias en la asignación de recursos más que compensaron las ganancias técnicas; el crecimiento se desplomó a un promedio de 0.2% entre 2014 y 2022; y la informalidad laboral alcanzó el 55% de la población ocupada" [World Bank, 2024]. 

La economía ecuatoriana, lejos de florecer bajo el manto del dólar, se ha visto constreñida por una "camisa de fuerza" que limita cualquier política anticíclica. Ecuador ha tenido que "recurrir a la política fiscal para hacer frente a las crisis", pero "la falta de amortiguadores fiscales, la elevada deuda pública y el limitado acceso a los mercados internacionales de capital restringen el margen de maniobra de la política fiscal" [World Bank, 2024]. Este es el diagnóstico de una economía atrapada en su propia moneda prestada.

El Salvador, dolarizado desde 2001, presenta un panorama igualmente desalentador. "Un estudio del Fondo Monetario Internacional de 2011, que analiza los efectos de la dolarización en el país centroamericano, reveló que si bien la dolarización redujo las tasas de interés entre 4 y 5 puntos porcentuales y generó ahorros para el sector privado, estos beneficios no se tradujeron en un crecimiento sostenido ni en una reducción de la desigualdad" [Swiston, 2011]. 

El estudio concluye que "la dolarización no parece haber afectado el mecanismo de transmisión", y que "la transmisión de la política monetaria a las tasas de interés comerciales ha sido similar a la transmisión bajo el régimen de tipo de cambio fijo y en el resto de Centroamérica" [Swiston, 2011]. En otras palabras, El Salvador intercambió su soberanía monetaria por una estabilidad de precios que no ha resuelto sus problemas estructurales. El estudio también destaca que el Salvador "no ha podido acumular amortiguadores fiscales, y la elevada deuda pública y el limitado acceso a los mercados internacionales de capital restringen el margen de maniobra de la política fiscal" [Swiston, 2011].

El economista Alberto Acosta sentenció que "los grupos oligárquicos que ganaron con la dolarización lo vuelvan a hacer y que los representantes de la economía ortodoxa, conservadora y prudente impulsen una salida amparada en los principios neoliberales" (Acosta, citado en Wilkis, 2024). La dolarización, lejos de ser una solución técnica, es un proceso político que refleja y profundiza las desigualdades existentes.

Dolarización informal vs. formal: un falso debate

Uno de los argumentos más recurrentes de los defensores de la dolarización formal es que ésta "legalizaría una realidad que ya existe". Esta afirmación, aunque factualmente cierta en parte, es conceptualmente falaz. La dolarización informal es un fenómeno complejo, desigual y fragmentario que responde a la necesidad de sobrevivir en una economía hiperinflacionaria.

No implica el uso generalizado del dólar como unidad de cuenta para salarios, contratos de largo plazo o política fiscal (Wilkis, 2024). Formalizarla significaría institucionalizar la desigualdad, congelar la estructura productiva y consagrar la pérdida de soberanía.

El análisis de Chris Vasantkumar sobre la "dolarización endeble" en Zimbabue muestra cómo "diferentes tipos de dólares no eran simplemente iguales entre sí, sino que existían como formas disonantes y a veces singularizadas e inconmensurables cuyos valores relativos debían establecerse y actualizarse a través de complejos procesos de articulación" ( *Vasantkumar, 2024* ). Esta " *dolarización endeble* " es precisamente la que opera en Venezuela: el dólar se usa para transacciones y como reserva de valor, pero no como el dinero único de la economía.


La distinción clave, como señala Wilkis, es entre " *dolarización de hecho* " y " *dolarización de jure* ". La primera es un fenómeno de mercado, la segunda una decisión política que congela la estructura de poder. " *_La dolarización no es un simple modelo alternativo de gestión que puede ser estudiado con herramientas convencionales —señala el análisis de la economía política ecuatoriana— debe ser interpretado principalmente a partir de la economía política, pues su concepción, su modalidad de aplicación y las personas escogidas para instrumentarla responden claramente a intereses de conocidos grupos económicos_* " ( *Chiriboga-Tejada y Ramos, 2024* ).


*La quimera de la dolarización cripto: entre la falsa solución y la dependencia digital*


En los últimos años, ha cobrado fuerza la propuesta de una " *dolarización digita* l" o el uso de criptomonedas estables (stablecoins) como alternativa a la moneda tradicional. La narrativa es seductora: utilizando tecnología blockchain, los venezolanos podrían sortear el bloqueo financiero internacional, acceder a dólares sin intermediarios bancarios y proteger sus ahorros de la hiperinflación. 


El gobierno de Nicolás Maduro ensayó incluso su propia criptomoneda, el Petro, presentado como una moneda respaldada por las reservas petroleras del país. Sin embargo, este camino no es sino una versión tecnocrática de la misma renuncia, un espejismo que oculta los mismos problemas estructurales de la dolarización tradicional, agravados por nuevos riesgos.


*El Informe Económico Anual del Banco de Pagos Internacionales de junio de 2025* somete a las stablecoins a tres pruebas fundamentales que cualquier sistema monetario debe superar para servir a la sociedad, y el veredicto es contundente: las stablecoins fracasan en las tres ( *Bank for International Settlements, 2025* ).


En primer lugar, la prueba de la singularidad del dinero. Esta propiedad, que el BIS define como la capacidad de que el dinero sea aceptado a su valor nominal " *sin hacer preguntas* " ( *Bank for International Settlements, 2025* ), es el mecanismo de coordinación fundamental de cualquier economía moderna.


 Cuando se recibe un pago en un sistema bancario, no importa de qué banco provenga: un dólar es siempre un dólar. Esto es posible porque la liquidación final ocurre en el banco central, que homogeniza el riesgo crediticio de los diferentes bancos. En cambio, cuando un usuario recibe una stablecoin, recibe la deuda de un emisor privado específico. 



Como señala el BIS, si un usuario tiene "10 'dólares rojos', que se suman a sus saldos de, digamos, 10 'dólares azules' y 10 'dólares blancos', los emisores de estos diversos dólares serán diferentes". No existe liquidación en el banco central, por lo que " *_los dólares rojos podrían negociarse con un descuento o prima respecto a los dólares azules o blancos, dependiendo de la solvencia crediticia relativa de sus emisores_* " ( *Bank for International Settlements, 2025* ). 

Esta fragmentación es precisamente lo que Chris Vasantkumar documentó en Zimbabue durante la era de la multi-moneda (2009-2019), donde " *_diferentes tipos de dólares no eran simplemente iguales entre sí, sino que existían como formas disonantes y a veces singularizadas e inconmensurables_* " ( *Vasantkumar, 2024* ). Lo que el BIS advierte como un riesgo teórico, Zimbabue lo vivió como una realidad cotidiana: un dólar no era igual a otro dólar, y los ciudadanos debían navegar un complejo sistema de precios escalonados según el tipo de dólar que usaran (Vasantkumar, 2024).


En segundo lugar, la prueba de la elasticidad. El sistema bancario tradicional tiene la capacidad de expandir y contraer su balance de manera flexible dentro de los límites regulatorios. Los bancos pueden otorgar crédito, abrir líneas de sobregiro y proporcionar liquidez cuando la economía lo requiere, respaldados por el banco central como prestamista de última instancia. 


Este mecanismo, como destaca el BIS, es crucial para el funcionamiento de los sistemas de liquidación bruta en tiempo real (RTGS) y para que las empresas puedan cumplir con sus obligaciones de pago de manera oportuna. En contraste, cualquier oferta adicional de stablecoins requiere un pago inicial completo por parte de sus tenedores. Es decir, las stablecoins operan bajo una estricta restricción de "pago por adelantado" que *_"no deja espacio para crear apalancamiento cuando se requiere para el funcionamiento del sistema_* " ( *Bank for International Settlements, 2025* ). Esta rigidez es incompatible con las necesidades de una economía moderna, especialmente en momentos de estrés.


En tercer lugar, la prueba de la integridad del sistema monetario. Como instrumentos digitales al portador que circulan en blockchains públicas sin permiso, las stablecoins son particularmente atractivas para el lavado de dinero, la evasión fiscal y el financiamiento del terrorismo. 


El BIS advierte que " *_las transacciones que se originan en carteras autoalojadas son rastreables en blockchains públicas, pero esta trazabilidad puede ser interrumpida utilizando mezcladores, que amalgaman fondos de múltiples usuarios y posteriormente los distribuyen a direcciones recién generadas"_* . Además, " *_los tenedores de una stablecoin probablemente no son clientes de su emisor, quien puede no saber si los tenedores han verificado su identidad. Más preocupante aún, las stablecoins pueden ser enviadas a individuos que definitivamente no han verificado sus identidades_* " ( *Bank for International Settlements, 2025* ).


 La experiencia de Zimbabue, donde la falta de confianza en la moneda estatal llevó a que los ciudadanos prefirieran el efectivo en dólares estadounidenses precisamente por ser " *_controlable y ajeno a las maquinaciones político-económicas locales_* " (Vasantkumar, 2024), muestra cómo la integridad del sistema depende de la confianza en las instituciones emisoras. Las stablecoins, al operar al margen de estas instituciones, socavan esa confianza.


Pero hay más. Las stablecoins presentan una tensión inherente entre su promesa de estabilidad y la necesidad de un modelo de negocio rentable. El BIS señala que cuando los emisores invierten en activos con cierto riesgo crediticio o de liquidez, " *_no pueden garantizar plenamente la estabilidad bajo todas las contingencias posibles, ya que los tenedores pueden canjear sus stablecoins en cualquier momento_* ". 

La alternativa sería mantener reservas en activos líquidos libres de riesgo —en el extremo, reservas no remuneradas en el banco central—, lo que " *_probablemente generaría beneficios reducidos en comparación con el statu quo_* " ( *Bank for International Settlements, 2025* ). Esta contradicción entre estabilidad y rentabilidad es el talón de Aquiles de las stablecoins.

Además, el crecimiento de las stablecoins plantea riesgos para los mercados de activos seguros. El BIS documenta que los principales emisores de stablecoins invierten mayoritariamente en bonos del Tesoro estadounidense, y que " *_su expansión corre el riesgo de desplazar a otros inversores_* " *(Bank for International Settlements, 2025* ). 

En momentos de estrés, los shocks negativos en el mercado cripto podrían desencadenar ventas masivas de estos activos, desestabilizando los mercados de deuda soberana. La evidencia empírica sugiere que " *_un aumento de 3.500 millones de dólares en la capitalización del mercado de stablecoins ya puede deprimir los rendimientos de los bonos del Tesoro en alrededor de 2,5 a 5 puntos básicos_* " ( *Ahmed y Aldasoro, citados en Bank for International Settlements, 2025* ). Como señala el BIS, esto " *_expone las finanzas tradicionales a los flujos y reflujos del ecosistema cripto_* " ( *Bank for International Settlements, 2025* ).

El estudio de Ding, Lewis y Zeng (2025) sobre el papel del dólar como prestamista de última instancia añade una dimensión adicional a esta crítica. Los autores documentan cómo las líneas de swap del dólar, si bien estabilizan los mercados de financiación en dólares a corto plazo, generan consecuencias no deseadas a largo plazo: "*_incentivan a los bancos globales a asumir mayores descalces de divisas, al tiempo que llevan a los bancos centrales extranjeros a reducir sus reservas de dólares, lo que en última instancia amplifica las brechas de financiación en dólares durante las crisis_* " [ *Ding, Lewis y Zeng, 2025* ]. 

Este mecanismo no solo amplifica los descalces de divisas en los países extranjeros, sino que " *_altera la composición de los tenedores de bonos del Tesoro de EE.UU., trasladando la tenencia de estos activos de los bancos centrales extranjeros a inversores privados menos estables, lo que aumenta el riesgo de ventas forzosas durante las crisis_* " [ *Ding, Lewis y Zeng, 2025* ]. Esta dinámica revela una "paradoja" fundamental: *el dólar como moneda de reserva y prestamista de última instancia no solo genera dependencia, sino que también introduce vulnerabilidades en el propio sistema financiero estadounidense.*

*La pregunta que debemos hacernos es: ¿queremos que esa "herramienta de autoconstrucción" esté controlada por emisores privados en paraísos fiscales, o por un Estado soberano que responda a los intereses del pueblo venezolano?*

*Una alternativa posible: el Bolívar-Oro*

Ante este panorama desolador, la propuesta de Pasqualina Curcio de respaldar el bolívar en el oro, formulada en 2018 y publicada en la columna " *Bolívar Oro* " de Ultimas Noticias, se presenta como una alternativa viable y soberana. " *_Respaldar el bolívar en el oro" como mecanismo para "detener el ataque a nuestra moneda y por lo tanto la hiperinflación inducida_* " ( *Curcio, 2025* ).

*La propuesta de Curcio se enmarca en un contexto internacional de transformación del sistema monetario global. Curcio advierte que "la disputa entre el petro-dólar-papel y el petro-yuan-oro ya comenzó", y que "el nuevo sistema monetario internacional está retornando al patrón oro" (Curcio, 2025). Esta visión la aproxima a las políticas de China, que en marzo de 2018 anunció que solo comprará petróleo en yuanes respaldados en oro (Curcio, 2025).* 

*El informe del Banco Central Europeo de 2025* confirma esta tendencia al documentar que el oro ha superado a los bonos del Tesoro estadounidense como el principal activo de reserva del mundo [ *Financial Times, 2025* ]. El Bolívar-Oro, al anclar el valor de la moneda en un activo real como el oro, ofrecería una protección similar a la que buscan los hogares georgianos cuando recurren al dólar, pero sin renunciar a la soberanía monetaria.

Un estudio del Banco Mundial de 2003* , " _*Dollarization of the Banking System: Good or Bad?*_ ", ofrece evidencia empírica que respalda la necesidad de alternativas como el Bolívar-Oro. Los autores, De Nicoló, Honohan y Ize, encuentran que " *_la credibilidad de la política macroeconómica y la calidad de las instituciones son determinantes clave de las variaciones transversales en la dolarización_* ", y que " *_la dolarización solo es probable que promueva el desarrollo financiero en un entorno de alta inflación_* " [ *De Nicoló, Honohan e Ize, 2003* ]. Esto sugiere que, en lugar de dolarizar formalmente, Venezuela debería centrarse en restaurar la credibilidad de su política macroeconómica y fortalecer sus instituciones. El estudio también advierte que " *_la inestabilidad financiera es probablemente mayor en las economías dolarizadas_* " [De Nicoló, Honohan e Ize, 2003], lo que contradice el argumento de que la dolarización formal reduciría los riesgos financieros.

Curcio enfatizó que el Bolívar-Oro implicaría "generar leyes y otros mecanismos que permitan supervisar el ingreso, egreso y uso de las divisas en el país" tan necesario en nuestros días. Se trata, en definitiva, de forjarle un escudo de oro al bolívar, de recuperar la soberanía monetaria para impulsar el desarrollo. Es una apuesta por la dignidad nacional frente a la claudicación que representa la dolarización. Como concluye Curcio con contundencia: 

"No detendremos la hiperinflación hasta que no derrotemos la más poderosa de las armas imperiales: el ataque a la moneda"

Referencias bibliográficas

Bank for International Settlements (2025). Annual Economic Report. Basilea: BIS.

Chiriboga-Tejada, A. y Ramos, I. (2024). "Elites económicas y medios de comunicación en la legalización del dólar en Ecuador". En A. Wilkis (Ed.), Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global (pp. 107-148). Buenos Aires: CLACSO; Guadalajara: CALAS.

Curcio, P. (2025). "Bolívar Oro". Red Angostura. Publicado originalmente en Ultimas Noticias.

De Nicoló, G., Honohan, P. e Ize, A. (2003). "Dollarization of the Banking System: Good or Bad?" Policy Research Working Paper No. 3116. Washington, DC: World Bank.

Ding, D., Lewis, K.K. y Zeng, Y. (2025). "Does the Dollar Lender of Last Resort Expand Dollar Dominance? Currency Mismatch, Reserves, and Global Liquidity Backstop". Working Paper, University of Pennsylvania.

El País (2026). "El chavismo frena una propuesta para dolarizar la economía venezolana". 15 de abril de 2026.

Eradze, I. (2024). "¿El patrimonio o la calle? Dolarización del crédito y desalojos en Georgia". En A. Wilkis (Ed.), Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global (pp. 443-474). Buenos Aires: CLACSO; Guadalajara: CALAS.

Financial Times (2025). "Gold replaces US Treasuries as top reserve asset, says ECB". 12 de junio de 2025.

JP Morgan (2025). "De-dollarization: Key Takeaways". Research Report, 1 de julio de 2025.

Moor, A. (2026). "The US-Israel war on Iran is accelerating de-dollarization and America's decline". The Guardian, 2 de abril de 2026.

Swiston, A. (2011). "Official Dollarization as a Monetary Regime: Its Effects on El Salvador". IMF Working Paper No. 11/129. Washington, DC: International Monetary Fund.

Truitt, A. (2024). "Las múltiples vidas del dólar estadounidense en Vietnam". En A. Wilkis (Ed.), Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global (pp. 415-441). Buenos Aires: CLACSO; Guadalajara: CALAS.

Vasantkumar, C. (2024). "'Cada dólar tiene su propio problema'. La dolarización endeble en la era de la multi-moneda en Zimbabue (2009-2019)". En A. Wilkis (Ed.), Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global (pp. 379-413). Buenos Aires: CLACSO; Guadalajara: CALAS.

Wilkis, A. (2024). "Introducción. La caja negra de las dolarizaciones". En A. Wilkis (Ed.), Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global (pp. 9-36). Buenos Aires: CLACSO; Guadalajara: CALAS.

World Bank (2024). Ecuador: Growing Resilient for a Better Future. Washington, DC: World Bank Group.

Xinhua (2018). "Economista propone crear Bolívar-Oro en Venezuela para recuperar la economía". Agencia Xinhua, 13 de junio de 2018.

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