jueves, 20 de agosto de 2026

🔴 «Nelson Garrido: la eternidad de una imagen que desafió al poder» / Ricardo Romero Romero


Hay muertes que no son finales, sino gestaciones oníricas. Este 20 de agosto de 2026, Venezuela despide a Nelson Garrido (Caracas, 24 de agosto de 1952), el fotógrafo, artista visual de medios mixtos y docente que convirtió el obturador en un espejo crítico de nuestras contradicciones.
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Formado en su juventud en Italia, Francia y Chile y discípulo del taller parisino de Carlos Cruz-Diez, Garrido no solo capturó la realidad; la interpeló, la desarmó y la volvió a componer. En 1991, se convirtió en el primer fotógrafo en obtener el Premio Nacional de Artes Plásticas, legitimando la fotografía como un lenguaje artístico de primer orden en el país.

Su obra es una muralla contra la censura y la complacencia elitista. Desde Muertos en vía (1987) y Caracas sangrante (1993), hasta La nave de los locos (1999) y La balsa de la Medusa (2017), Garrido forjó una iconografía donde convergen la religión, el humor, la sexualidad y la violencia de lo político.

Desarrolló una «estética de lo feo» que cuestiona los dogmas del sistema mundo. Como él mismo confesaba, su proceso creativo era un ejercicio del «derecho a la lentitud», una resistencia poética en una sociedad adicta a lo instantáneo. No le fascinaba la cámara, lo maravillaba la imagen: ese misterio original que recoge pasiones y las carga en una vasta memoria donde se bifurcan lo etéreo y lo tangible.

La trascendencia de su invención no solo yace en los museos o en el exilio de sus artefactos que muchos quisieron censurar, sino en las entrañas de la formación. En 2002, fundó La Organización Nelson Garrido (La ONG), un espacio autogestionado en Caracas que a lo largo de dos décadas funciona como escuela, biblioteca pública, laboratorio y trinchera cultural. Un lugar donde el «derecho a fallar» se convirtió en la base del aprendizaje, sembrando en nuevas generaciones la certeza de que el arte es un terreno fértil para la memoria y la identidad. Hoy, bajo la conducción de su hija, la artista Gala Garrido, esa semilla sigue germinando.

No faltó quien se escandalizara ante su provocación y lenguaje desgarrador. Nelson Garrido nos enseñó que madurar es volver a la infancia con las claves del oficio ya descifradas. Su espíritu sigue ambulante en las calles que pateó con su lente, un articulador que negó a ser corresponsal de guerra y que brindó de generosidad pedagógica a varios linajes que lo recordaran como un filósofo de la imagen cotidiana y telúrica.

Autor: Ricardo Romero Romero

Fuente: Fundación Nelson Garrido - Letralia - Vereda ULA
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