Con motivo de haberse cumplido, el pasado 6 de agosto, 212 años de que el Libertador evitó suicidio gracias a Pepita...vamos con esta crónica que relata --en contra del viejo dicho "hay amores que matan"-- cómo hay amores que salvan...aun en días de guerra. Por cierto, "La Melindrosa" fue otro de sus refugios amorosos, casualmente después de la Batalla de Boyacá, un día como hoy...
*** La historia le atribuye fama de gran amante y caballero agradecido al Libertador
Luis Carlucho Martín
Como los marineros, en cada puerto un amor, Simón Bolívar, aunque era el líder del Ejército a caballo, en cada paraje una conquista, un corazón palpitando, acaso roto, un gran romance, lo cual da constancia de aquel antihéroe, hombre débil ante las tentaciones y derrotado o entregado ante el sexo bello, amó profundamente a un sinnúmero de mujeres de varias partes del mundo.
La historia registra una suerte de cronología romántica del ilustre caraqueño, que ante la sobrevenida y temprana partida de su única esposa, Doña María Teresa Josefa Antonia Joaquina Rodríguez del Toro y Alayza, buscó compañía, refugio y sosiego en bellas y famosas damas que no negaron brindarle esa cuota de cariño que quizás reclamaba desde su orfandad.
Él, el grande, demostró en sus cartas, en su vida y en su accionar que, el amor y la guerra, que la pasión y la entrega, que la victoria y la divinidad, van de la mano, pero hay que luchar con constancia para mantenerlas.
Sus primeros amores
María Ignacia Rodríguez de Velasco conocida como "La Güera" Rodríguez, criolla de la sociedad colonial de México a la que conoció Bolívar cuando apenas tenía 16 años. Lo catalogan como un amor a primera vista que sostuvo con esta dama rebelde, de ideales liberadores que destaca entre las primeras mexicanas divorciadas.
Por ella, nuestro Libertador fue rival del Barón Alejandro von Humboldt y Agustín de Iturbide.
Simón Bolívar continuó su viaje a Europa donde conoció a su prima lejana, la francesa Fanny Du Villars. Coqueta y elegante. Tuvieron un apasionado romance, por lo que el rompecorazones caraqueño la llamaba La Adorable Fanny, con quien aparentemente engendró a su hijo Eugenio.
Muy influyente en la vida de Simón. Con ella, logró Bolívar integrarse a la alta sociedad parisina, donde le inocularon ideales libertarios e independentistas.
Además, era ella su consuelo y su apoyo. Se hicieron pareja, de lo que quedó constancia pública en varios documentos…
“…estuviste en mi alma en peligro, conmigo presidiste los consejos de gobierno, tuyos son mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyo es también mi último pensamiento y mi pena final”, le escribió Bolívar, momentos previos a su muerte.
Amores que salvan vida y patria...
Bolívar salvó su vida, in extremis, en varias oportunidades, gracias, precisamente a sus compañeras sentimentales.
El 6 de agosto de 1814, en el marco de la emigración a Oriente, Bolívar se sintió algo acorralado. Y abrazándose con su amante, la bella Pepita Machado, se apuntó en la sien para suicidarse ante aquel duro momento de la Expedición de Los Cayos. Ella, valientemente, hizo fuerzas y logró desarmar al Libertador.
Pepita lo siguió a todos lados, incluso a los campos de batalla y murió en Achaguas, víctima de tuberculosis en 1820.
En otro episodio, en Jamaica, el Libertador sucumbe ante la irresistible belleza de la morenaza ojos verdes, Luisa Cróber, quien por llevarlo a su aposento, sin saber, le salva la vida, ya que unos sicarios asesinaron al amigo del Libertador, Félix Amestoy, quien erróneamente ocupaba esa noche su hamaca...
En su condición de viudo, casi héroe, guerrero, inteligente y líder discursivo, Bolívar era una tentación para todas las damas. Conoce así a la margariteña Asunción Jiménez, a quien amó apasionadamente en un corto romance.
También fue amante de Isabel Soublette, hermana de su fiel compañero, el general Carlos Soublette. Aseguran que incluso le regaló una mansión en Angostura para su intimidad.
En su paso hacia Los Andes quedó impactado por la belleza de la campesina de Capacho, Juana Pastrano. A su regreso fue a buscarla pero su madre se la escondió en la aldea Piedra Gorda.
Después de la Batalla de Boyacá, una damisela colombiana, prometida del coronel Ambrosio Plaza se le brinda en amor al Libertador. Le llamaron “La Melindrosa” Bernardina Ibáñez, cuya hermana Nicolasa también tuvo romances con Bolívar.
A la lista se unen los nombres de Joaquina Garaicoa, Manolita Madroño, Teresa Laisne, Bárbara y Juana de Dios Lemus; Salustiana y María de Jesús Patiño, así como Manuelita White, Teresa Mancebo, la poetisa peruana Tomasa de Suero y Larrea y hasta un amor realista, Aurora Pardo.
Amor de libertad
Su única esposa, María Teresa del Toro y después la gran Manuelita Sáez, son los amores más difundidos y conocidos de Bolívar hombre, del loco enamorado que en su ruta agreste libertaria buscó apaciguar la soledad y la falencia de amor que había sufrido desde niño.
Fue justamente en esa época donde conoció a su otro gran amor, su otra madre, la que con su leche le dio vida, crecimiento y seguridad, la negra Hipólita, a quien, en retribución, Bolívar no solo le reconoce los afectos brindados a través de cartas, sino que decide declarar su libertad --y la de los suyos-- porque siempre estuvieron en condición de esclavos de la familia Bolívar. Por ello y más, Simón se resume en un enamorado de la Libertad.

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