El Espejismo Colonial: La Trampa del Pragmatismo Claudicante
Bajo un barniz de supuesta “astucia” y “realismo político” algunos opinadores de la oposición, que orbitan en torno al gobierno tutelado de Delcy Rodríguez, han venido tejiendo una narrativa para intentar disimular la trágica situación plateada, a raíz de la ocupación de facto del país por EEUU.
Pareciera que su propósito es sembrar el conformismo y la resignación ante un hecho inédito y sumamente grave: la progresiva conversión de Venezuela en un «Protectorado» de facto tras la intervención militar de Estados Unidos.
Esta postura intenta convencernos de que la pérdida de soberanía no es una tragedia histórica, sino una “oportunidad de negocios” para salir de la crisis. Es la psicología del invasor que ofrenda al invadido un “Caballo de Troya” para convencerlo que lo deje pasar, argumentando que el beneficio económico justifica abrir las puertas de la ciudad.
La Falacia de “Míster Opportunity” y el Síndrome del Shock
Esta lógica fatalista normaliza el trauma de la intervención extranjera mediante una aberración ética que emula a la perfección la llamada “Doctrina del Shock”. Se utiliza la fuerza, el dolor, las sanciones y la asfixia económica de una nación para someterla a un régimen de dependencia incondicional.
Presentar al agresor como un “socio útil” es el desiderátum del pensamiento colonial. Es la mentalidad del esclavo que agradece las migajas que caen tras el látigo. La historia demuestra que los imperios no tienen filántropos, tienen intereses. Pensar que el control foráneo traerá prosperidad es tan ingenuo como creer que el lobo cuidará con esmero la salud de las ovejas.
Las Costuras de la Mentira: ¿De quién es la culpa?
La narrativa de la claudicación recurre a la manipulación histórica. Alega que la agresión actual es culpa de la falta de “pericia” del chavismo por haber ahuyentado las inversiones estadounidenses. Sin embargo, los datos destruyen ese mito: Venezuela tuvo a EEUU. como su principal socio comercial hasta 2017. Fue la administración de Donald Trump, alentada por la oposición extremista que lidera María Corina Machado, la que exigió a EEUU la política de “máxima presión”. A través de sanciones ilegales que paralizaron las exportaciones petroleras y crearon el artificio del nefasto “gobierno interino” de Juan Guaidó.
Lo que los pragmáticos claudicantes llaman “falta de pericia” fue, en realidad, el ejercicio soberano de promulgar en 2002 la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Washington no nos agredió por falta de pericia diplomática, sino porque Venezuela decidió dejar de ser un campamento minero subordinado para convertirse en dueña real y no simplemente formal de su subsuelo. El mensaje proto colonial subyacente en esa narrativa pitiyanqui es directo y cortante: “Ejercer la soberanía es un error”.
Las Dos Caras de la Misma Moneda Colonial
Para comprender el alcance de esta capitulación en la escena actual, es imperativo quitar las caretas políticas. La oposición extremista, liderada hoy por María Corina Machado, no es un actor autónomo sobrevenido; expresa y ha expresado siempre los intereses de Washington y su proyecto colonial-imperialista para América Latina y Venezuela. Desde el auspicio de la estrategia desestabilizadora, los intentos de golpes de estado y del gobierno paralelo “interino” del autoproclamado Juan Guaidó, hasta la asfixia económica infligida al pueblo mediante sanciones criminales, este sector opositor ha sido el promotor de la injerencia y la intervención de EEUU en el escenario político nacional. Al solicitar abiertamente la intervención militar de los Estados Unidos en suelo patrio, Machado se convirtió en responsable directa de la actual ocupación gringa y sus secuelas en Venezuela. En esta compleja coyuntura, asistimos a una paradoja perversa: tanto el gobierno tutelado de Delcy Rodríguez como la oposición extremista de Machado, a pesar de su aparente confrontación, operan en realidad como las dos caras de una misma moneda colonial, confluyendo en la validación del modelo de subordinación colonial instalado por la Casa Blanca. Los dos “polos” en disputa terminaron siendo funcionales al mismo centro de poder imperial. Ante este escenario político solo queda un camino: El despertar de la conciencia nacionalista y patriótica de la sociedad democrática que se niega a entregar al imperio colonial estadounidense la soberanía popular y nacional, la independencia y la autodeterminación del pueblo venezolano.
Soberanía no es un Anacronismo: Gato por Liebre
Para justificar la entrega, se argumenta cínicamente que en el siglo XXI la soberanía es una “antigüedad” en desuso. Es cierto que en el mundo interconectado de hoy existe una ínter- dependencia necesaria y legítima regulada por el derecho internacional. Pero una cosa es la cesión parcial de soberanía entre naciones iguales mediante tratados justos, y otra muy distinta es la soberanía nacional conculcada por la fuerza, para saquear recursos estratégicos y someter al país al dispositivo geopolítico gringo.
Pretender homologar los acuerdos comerciales, firmados en su momento con China, Rusia o Irán, más allá de los juicios de valor sobre su gestión, con una ocupación de facto que deroga la Constitución e impone un marco legal diseñado en Washington, coloquialmente hablando, es intentar meter “gato por liebre”.
El Espejo Latinoamericano: Diplomacia Firme vs. Sumisión
El argumento más débil de los defensores del pragmatismo claudicante es afirmar, que la izquierda democrática latinoamericana si ha sabido tratar adecuadamente al “águila imperial” aceptando la subordinación a Washington. La izquierda venezolana debería imitar la “pericia“ de líderes como Lula, Petro o López Obrador. Sin embargo, la historia reciente los contradice abiertamente:
• Evo Morales (Bolivia): Expulsó a la DEA y al embajador de EEUU en 2008 por conspiración.
• Rafael Correa (Ecuador): Desmanteló la base militar estadounidense de Manta bajo una premisa de estricta reciprocidad: “Solo renovaré el permiso si nos permiten poner una base ecuatoriana en Miami”.
• Lula da Silva (Brasil): Impulsó el bloque de los BRICS, la UNASUR Y la CELAC para crear contrapesos al poder de EEUU en la región y en su inserción soberana en el naciente mundo multipolar.
• Andrés Manuel López Obrador (México): A pesar de la vecindad inmediata con el gigante del norte, defendió con firmeza la soberanía energética estatal frente a las corporaciones privadas de EEUU.
Estos gobiernos demostraron que la coexistencia inteligente y la diplomacia eficaz no requieren la renuncia a la identidad y a la soberanía nacional. Establecieron límites claros.
No se puede reconstruir la casa “con” el gigante si a cambio este exige que le entreguen las llaves de acceso.
La Doctrina Monroe y el Regreso al Campamento Minero
La premisa implícita de esta claudicación es aceptar el “Destino Manifiesto” y la Doctrina Monroe como verdades absolutas e inalterables. Es una apología al régimen supremacista neocolonial que rompe radicalmente con la historia patria y la doctrina histórica soberanista venezolana consagrada en el artículo 1 de nuestra Constitución.
Se nos invita a ser el vagón de cola de un tren cuyo rumbo decide el hegemón. Los argumentos colonialistas se centran en las “ventajas de la cercanía geográfica”, pero omiten deliberadamente el costo real que se refleja claramente en: las recientes e inconstitucionales reformas exprés bajo coacción de la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley Orgánica de Minas, por parte de una Asamblea Nacional tutelada que entrega la soberanía petrolera y minera, hechas a espaldas del país para satisfacer la voracidad extractivista de las transnacionales estadounidenses.
El Deber y el Derecho Irrenunciable a Resistir
Frente al poder de la fuerza, el pragmatismo de la rendición etiqueta de “trasnochados” o “quijotescos” a quienes defendemos nuestra tradición histórica libertaria y la resistencia a ser un enclave colonial de EEUU. Ridiculizan gestas como la de Augusto César Sandino y su pueblo contra la ocupación estadounidense de Nicaragua, olvidando convenientemente, que la independencia de América Latina y de Venezuela, liderada por Miranda, Bolívar y Sucre, fue el resultado de la lucha contra el imperio más poderoso de su época. Un objetivo que parecía imposible de lograr.
Cuando se desestima el derecho y el deber de un pueblo a defender su independencia, se está intentando apagar el fuego de la libertad que le dio vida a su ser nacional. La república libre está en la antípoda del régimen colonial. Frente a la bota del hecho cumplido y la retórica de la resignación, la dignidad nacional mantiene una certeza histórica inquebrantable.
Amanecerá y veremos.
Email: gamarquez2@yahoo.com

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