domingo, 5 de abril de 2026

DOMINGO KULTURAL / La última tentación de Cristo


Pedro Mosqueda
 

Culmina la Semana Santa; quedan los teléfonos llenos de flyers y etiquetas religiosas con llamados a la paz, al amor y a la redención. Se agradece, aunque es probable que siempre regresemos a lo mismo. 

En mi infancia, en Semana Santa la televisión repetía hasta el cansancio  películas acerca de Jesús, su pasión, muerte y resurrección, Yo Presencié su Gloria, Ben Hur, y algunos otros clásicos como Los 10 Mandamientos, cuando veíamos a Moisés abriendo el Mar de Juncos (el Mar Rojo), lo cual por supuesto era impresionante. Eran películas que no se salían del canon interpretativo del Vaticano, y por eso eran bendecidas por los curas de pueblo, barrio y parroquia.

Luego vinieron las otras, las disruptivas.

Aún pasan películas "cristianas" en Semana Santa, no tanto como antes, pero siguen teniendo su público.

Yo aproveché esa costumbre atávica para ver nuevamente La última tentación de Cristo. A partir de esa cinta, las cosas fueron diferentes para Jesús en el cine.

La polémica película dirigida por Martin Scorcesse (1988), nos muestra un Jesucristo de carne y hueso; vulnerable, humano y agotado; se ha salvado de la crucifixión, y debate con Pablo afirmando: "La salvación no puede basarse en mentiras".

La escena en el filme y los diálogos en la novela son memorables.

En La Última Tentación..., mientras Jesús vive su vida imaginaria como un hombre común (después de haber bajado de la cruz en su alucinación), se encuentra con un hombre que está predicando con fuego en las plazas: Pablo. Es un colapso temporal, porque ese hombre, Saulo o Pablo de Tarso, va a nacer siglos después de Jesús.

Jesús se acerca a escucharlo y se queda horrorizado al oír que Pablo está predicando sobre la Resurrección de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios que murió por los pecados del mundo.

Jesús confronta a Pablo y le dice, en esencia: "¡Mentira! Yo soy Jesús. No morí, no resucité, me casé, tengo hijos... me ves aquí, soy un hombre de carne y hueso".

Pablo, con una frialdad y una convicción política aterradora, le responde:

"No me importa quién eres tú en realidad. El mundo necesita al Cristo que yo predico, no al hombre que tú eres. Mi verdad es más real que tu realidad, porque mi verdad salva a las naciones".

Es una película de culto, arriesgada, odiada y censurada por muchos. Valiente y desafiante. En Francia quemaron un cine, la dictadura chilena y la griega la prohibieron. Los católicos integristas la calificaron de blasfemia y organizaron en todas partes guerrillas comunicacionales...y de otros tipo.

Pero debemos decir que fue menos taquillera que La Pasión de Cristo, la de Mel Gibson (2004), también muy polémica, aunque no tan perseguida. Fue tal la persecución contra La última tentación..., que hasta la CIDH se pronunció en 2001 exigiendo al Estado de Chile permitir la exhibición de la película. El guión de Paul Schrader y el actor Willem Dafoe hicieron la mejor representación de Cristo alguna vez firmada. La banda músical de Peter Gabriel obtuvo varios premios.

A pesar del boicot obtuvo el Premio del Festival de Cine de Venecia (1988) e innumerables nominaciones, entre otras a los Óscar.

El director Martin Scorsese, fiel a sus raíces italianas, siempre ha profesado la fe católica, y siendo muy niño fue monaguillo. Soñaba con hacer una película sobre Jesucristo. E hizo una obra maestra.

No fue muy difícil para él entender la novela del gran intelectual cretense Nikos Kazantzakis y su mesías novelado lleno de dudas, tentaciones y decisiones humanas (1955). Divinidad y humanidad. Una dualidad capaz de incendiar el mundo.

Aunque se dice popularmente que lo excomulgaron, técnicamente la Iglesia Ortodoxa Griega no llegó a emitir un decreto formal de excomunión (como sí lo hizo la Iglesia Católica al poner el libro en el Index Librorum Prohibitorum). Sin embargo, el Santo Sínodo de Atenas lo condenó ferozmente, lo llamó "traidor" y hasta intentaron impedir que fuera enterrado en suelo consagrado.

Para la Iglesia, el escándalo no era simplemente que Jesús tuviera una relación con María Magdalena, sino la naturaleza humana que Kazantzakis le otorgaba.

La "tentación" final, la escena del romance con María Magdalena, ocurre en la mente de Jesús mientras está en la cruz. Es una alucinación enviada por el Diablo donde él se imagina bajando de la cruz, casándose, teniendo hijos y envejeciendo como un hombre común. Es decir: feliz. Eso era imperdonable. El cristianismo, como otras religiones y fanatismos políticos, son muy dogmáticos; y hasta neuróticos. Un ethos que Kazantzakis dinamitó en la novela, y Scorsese en el filme.

Además, Kazantzakis presenta a un Jesús que tiene miedo, dudas y deseos carnales. Para el dogma ortodoxo, Cristo es 100% Dios y 100% Hombre, pero sin pecado. Al mostrarlo "deseando" una vida terrenal y sintiendo la debilidad de la carne de forma tan cruda, la Iglesia consideró que se estaba insultando la divinidad de Dios.

  La Iglesia vio esto como una forma de humanismo herético.

A mí me chocó, creo que en ese momento de mi vida no estaba preparado para una visión de Cristo así de humanizada, pero no me hizo dudar de mi fe.

La película también recibió críticas de los defensores puristas de la novela, a quienes no les gustó el guión. La locación en Marruecos también fue objeto de polémicas.

La actuación de Defoe fue enorme, bajó de peso, estudió teología...y lloraba después de grabar. Se dice que su vida nunca más fue igual, que tuvo una revelación, una epifanía. Cualquiera la habría tenido, con ese papel.

La polémica por la película involucró al Papa Pio XII quien al prohibirla,  coincidió con la Iglesia Ortodoxa. El escritor, en tono irónico, respondió: "Es la primera vez desde 1054 que ambas iglesias acuerdan algo".

Nikos ya era famoso por su novela Zorba, el griego (1946), que fue llevada al cine 7 años después de su fallecimiento. La actuación de Anthony Quinn, la música de Mikis Theodorakis y ese glorioso final danzando al ritmo del Sirtaki son momentos inolvidables de la historia del cine mundial. 

"La vida es problemática. Solo la muerte no lo es. Vivir es desabrocharse el cinturón y buscar problemas" .

Al final las iglesias y su intenso lobby ante la Academia Sueca impidieron que Nikos obtuviera el Nobel (le llamaron "la maldición de La Última Tentación..."). Fue postulado varias veces. En 1957 perdió por 1 voto frente a otro gigante: Albert Camus, quien reconoció que "Nikos lo merece más que yo".

Nikos Kazantzakis fue un gigante cultural , y junto a Cavafis expresan lo mejor de la cultura griega del último siglo y medio. Fue periodista, poeta, escritor, político, viajero disruptivo, asceta y un gran hombre como su Jesucristo tentado. Dicen que su obra inspiró el movimiento hippie de los años 60.

Es comprensible que desde la lógica desquiciada del dogma, la Iglesia Ortodoxa le negara un entierro convencional. Pero en el fondo, le hicieron un favor. Su tumba quedó fuera del cementerio, en el punto más alto de la ciudad de Heraclión, en Creta. Una tumba muy austera, rodeada de un pequeño jardín y con una vista impresionante de la ciudad y el mar Egeo. Una losa de piedra rugosa y una cruz hecha con troncos de madera sin pulir.

Tiene culto, la gente sube a visitarlo, y alguno hasta baila la música de Theodorakis, mirando el Egeo, lo cual es una venganza poética contra sus verdugos religiosos. ¡Una resurrección!.

Un epitafio sencillo y contundente, que siempre restauran dice: "No espero nada. No temo nada. Soy libre".

Nos vemos por ahí...




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