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viernes, 28 de febrero de 2014

MANUEL ISIDRO MOLINA / "La violencia viene amainando, se reduce... no es compartida por la inmensa mayoría de nuestro pueblo, que ama la paz"

Desde Bonn, Alemania, la colega periodista Renata Mauro Miranda, quien antes trabajó en Brasil para el diario O Estado de Sao Paulo, tuvo la amabilidad de solicitarme una entrevista vía correo electrónico, sobre la situación actual de Venezuela. 

"Ahora estoy trabajando en Alemania en Deutsche Welle. Estoy haciendo un reportaje acerca del primer aniversario de la muerte de Chávez y la actual coyuntura política en Venezuela", me escribió Renata. Por supuesto accedí. Por su interés les transcribo el cuestionario enviado por ella, y mis respuestas: 

- ¿Qué ha cambiado en Venezuela después de la muerte de Chávez hace un año?
- En realidad, la era Chávez concluyó en Venezuela el 8 de diciembre de 2012, cuando el Presidente vino de Cuba y pronunció su dramático testamento político, en cadena de radio y televisión, pidiendo unidad a sus seguidores y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, con la postulación de Nicolás Maduro para la Presidencia de la República, en caso de su desaparición física, como lamentablemente ocurrió el 5 de marzo de 2013.  Se cumplió la primera fase de la etapa poschávez con la elección del presidente Nicolás Maduro, el 14 de abril del año pasado, y desde entonces asistimos a los desarrollos de la etapa en que un Presidente civil trata de mantener el rumbo de la estabilidad política y social, corrigiendo las serias obturaciones del estilo chavista de gobierno, bajo alta presión de una oposición creciente y muy diversa, desde sectores democráticos hasta minorías violentistas de corte fascistoide con inocultables nexos internacionales con la ultra derecha neoliberal y pro imperialista.


- En su opinión, ¿cuáles fueron los principales cambios en el escenario político? 

-El principal cambio es, sin duda, la ausencia del liderazgo del presidente Hugo Chávez, cuyo vacío es protuberante y, a la vez, el mayor reto del presidente Nicolás Maduro, por el peso del liderazgo unipersonal cultivado en torno a Chávez por la propaganda oficial y la práctica misma del gobierno personalista que desplegó el finado gobernante. El otro cambio político destacado es la virulenta oposición al gobierno de Maduro, desde el día mismo de su elección, el 14 de abril, con más de una decena de muertos el 15 de abril, lo que se ha intensificado desde el 12 de febrero de 2014,  Día de la Juventud Venezolana. Estas jornadas de violentas protestas han generado varias decenas de muertes, tanto por el violentismo de opositores antichavistas, como por el uso excesivo de la fuerza por parte de policías y militares en resguardo del orden público, y el accionar de bandas armadas afectas al gobierno y toleradas por las autoridades. Este desconocimiento de la legitimidad del presidente Maduro, es fuente de violencia, inestabilidad e insensatez en la vida política venezolana, lo mismo que la pretensión gubernamental de desconocer en la práctica, el pluralismo político existente en Venezuela, tanto en el parlamento como en la vida institucional y pública de la República.

- ¿Maduro continuó el proyecto del “socialismo del siglo XXI” de Chávez?

-Aspira a continuarlo en esencia, pero a la vez trata de desmarcarse de los vicios heredados, pero sin mucha consistencia frente a la corrupción, la peor herencia de Chávez, y los desatinos en materia económica que han llevado a la pulverización del bolívar, el desabastecimiento, la baja productividad  de las empresas públicas y privadas, y una gran inconformidad popular que trasciende las fronteras del chavismo y del antichavismo, a mi juicio fuerzas corresponsables de la crisis. Sin embargo, el proyecto estatista de Chávez es inviable, igual que su talante autoritario y monopartidista en el ejercicio del poder, que constitucionalmente en Venezuela es alternativo, plural y participativo. Parte de la solución a la actual crisis política, económica y social que vivimos los venezolanos, es la reducción drástica del estatismo, abriéndose a una economía mixta de verdad, con interacción de los factores públicos, privados y asociativos de trabajadores y pobladores, sin descuidar la vocación social de las políticas públicas. Hasta ahora, el llamado “socialismo del siglo XXI” es un proyecto indefinido y endeble, por sus inconsistencias autoritarias, monopartidistas y de vasta corrupción en el aparato gubernamental, lo que obliga a una discusión profunda en torno a sus virtudes y defectos, comenzando por reconocer que su conceptualización y naturaleza no es imponible a la diversidad social, política e ideológica de nuestros treinta millones de compatriotas.


- Durante el gobierno de Chávez, la oposición no era organizada ni tampoco fuerte. Hoy eso ha cambiado. ¿Por qué? 

-La oposición actual es básicamente la misma que en 1998 opuso resistencia fragmentada a la irrupción electoral de Chávez. No ha habido cambios ideológicos en ella, esencialmente macartista, neoliberal y pro estadounidense, independientemente de que la población que la sigue no se reconozca como tal. Su dirigencia principal es de raigambre macartista, militantemente anticomunista al peor estilo de la “guerra fría” del siglo XX, y partidaria de la reposición de los esquemas neoliberales de “El gran viraje” del segundo gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez (1989-1993) y de la “Agenda Venezuela” de 1996, durante el segundo gobierno del presidente Rafael Caldera (1994-1999). Lo que ha variado es la intensidad de la acción opositora, pero no se puede olvidar que siguen siendo los mismos que en abril de 2002 derrocaron al presidente Chávez, y que fueron capaces de desatar el fantasmal paro petrolero y empresaria de diciembre 2002 y febrero 2003, los pronunciamientos militares de “Plaza Altamira” y las guarimbas, en 2004. En Venezuela, la oposición neoliberal ha sido tan intransigente como el gobierno chavista, su tono y prácticas violentas han sido recurrentes, y en justa valoración hoy las protestas violentas son muy menores con relación a las registradas en aquellos años 2002-2004. Por ello mi alarma es moderada, aunque preocupante por los desarrollos ulteriores, si no se detiene la espiral de violencia fratricida. Electoralmente, el 7 de octubre de 2012, el presidente Hugo Chávez obtuvo un triunfo incontestable, pero inferior q su marca de 2006, bajando de 63 a 55 por ciento, ocho puntos menos; y el candidato Nicolás Maduro continuó esa tendencia, obteniendo 50,61% de los votos. Sin embargo, esa tendencia fue revertida en las elecciones municipales del 8 de diciembre de 2013, favorable en votos totales al gobierno, pero con pérdidas locales en varias capitales regionales y ampliación de la ventaja opositora en varios municipios de gran importancia urbana.


- ¿Qué llevó a Venezuela a las manifestaciones y cómo podemos explicar esa que es la peor ola de disturbios civiles en décadas? 

-No creo que sea “la peor ola de disturbios”. Las manifestaciones, unas pacíficas y muchas otras violentas, como en Táchira, Mérida o Valencia, sí han sido más organizadas y acopladas a un plan subversivo de la minoría ultra derechista de la oposición, con apoyo internacional, incluyendo un despliegue de medios radioeléctricos y electrónicos con gran vigor en la redes sociales de Internet y la telefonía de última generación. Por ello, su efecto ha sido mayor a nivel mundial, y en muchas partes se puede creer que Venezuela está incendiada por los cuatro costados, pero ello no es cierto, pues la mayoría del país, aunque inconforme por la crisis de inflación, desabastecimiento y corrupción, no está en esas prácticas violentistas y es partidaria de la paz, de la solución de los grandes problemas venezolanos en paz, con apoyo de todas las iglesias y la mayoría de las corrientes políticas, económicas y sociales, independientemente de su afecto o críticas a la acción gubernamental.


- ¿Por qué la situación llegó a ese extremo? ¿Cuáles fueron los errores de Maduro?

-La naturaleza insurreccional de los promotores principales de las protestas, Leopoldo López y María Corina Machado, llevó a situaciones extremas, principalmente en el estado Táchira, donde la violencia es particularmente feroz y tiene vinculaciones ciertas con grupos paramilitares colombianos, que no sólo hablan del derrocamiento del presidente Maduro, sino incuso de la separación de esa importante región andina occidental limítrofe con Colombia, una locura inaceptable para la nación venezolana. Tanto la oposición como el gobierno están fuera de foco, imaginan una solución concluyente y definitiva de uno sobre el otro, y eso no es posible, no es viable ni alcanzable. De manera, que la convivencia plural y respetuosa entre las diversas corrientes de pensamiento, es más que una opción, una obligación, una enorme realidad, inmodificable en el corto plazo. Si de “errores” hay que hablar, creo que las culpas están repartidas y comprometen al monopartidismo gubernamental y a la ultra derecha fascistoide, porque ambos esquemas generan intolerancia, violencia e incomprensión de la realidad que vivimos.

- ¿Hay una salida para la crisis? ¿Cuál?

-La “salida” debe ser tan compleja como la naturaleza de la crisis. Y su caldo de cultivo fundamental es la paz: civismo, diálogo sincero y responsable entre las facciones extremistas de ambos bandos, que hasta ahora están marcando las pautas de intolerancia y violencia. En este sentido, la Conferencia por la Paz instalada por el presidente Nicolás Maduro, el pasado 26 de febrero, en el palacio de Miraflores, ha sido un buen comienzo que puede llegar a buen puerto, si el gobierno comprende los cambios necesarios en los planos político y económico, esencialmente; y los extremistas de la derecha asumen el respeto a la institucionalidad del Estado venezolano, con el  presidente Nicolás Maduro en la Presidencia de la República. Si la derecha golpista sigue en su pretensión de derrocar a Maduro, las posibilidades de paz y diálogo disminuyen, como será difícil la estabilidad institucional si el oficialismo mantiene su sectarismo excluyente desde el gobierno y en la Asamblea Nacional. Indispensable es exigir el cese de las protestas violentas y el desmontaje de las pretensiones golpistas, por vía del “calentamiento de las calles”, que es la estrategia abierta de las protestas iniciadas el pasado 12 de febrero.

- ¿Qué podemos esperar, en el futuro político de Venezuela?


 -Sensatez, como requisito para la paz y el diálogo que promueve la mayoría democrática venezolana, incluyendo vastos sectores del chavismo y el antichavismo. La violencia, afortunadamente, viene amainando, se reduce a unos cinco u ocho municipios de preponderancia opositora, pero no es compartida por la inmensa mayoría de nuestro pueblo, que ama la paz y el desenvolvimiento armónico de nuestra sociedad. Crece la conciencia social en cuanto a la importancia de la paz para encontrar a mediano y largo plazo soluciones contemporáneas a la crisis acumulada. Como venezolano, espero que el mundo entienda que Venezuela es tierra de fraternidad y lucha por la justicia social, y no un campo minado para minorías criminales dispuestas a incendiarla. El apoyo internacional es clave para nuestra paz, impedir la guerra que unos cuantos locos promueven, y desarrollar todo nuestro potencial humano, económico y cultural.


MANUEL ISIDRO MOLINA
Mérida, 27.02.2014





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