Por Manuel Isidro Molina /
Recuerdo que el senador vitalicio Rafael Caldera, ex Presidente de la República, entonces presidente del Consejo de la Unión Interparlamentaria Mundial (1979-1982), fue a Cuba a la reunión periódica de esa agrupación de los parlamentos del planeta; y al regresar de La Habana, fue consultado por los periodistas venezolanos sobre sus impresiones en torno a la realidad cubana: “Ni tan buena como dicen unos, ni tan mala como dicen otros”, dijo lacónico. Ese espíritu crítico e independiente distinguió al dos veces mandatario venezolano, muy criticado por las corrientes macartistas y neoliberales, y poco valorado en sus aciertos históricos, muy mezquinamente, por tirios y troyanos, especialmente por los más radicales corresponsables de la crisis, los ultrosos del chavismo-antichavismo.
El primer reto de la era poschávez que, repito, comenzó el 08.12.12 con la valiente despedida del presidente Hugo Chávez, cuando “hizo de tripas corazón” para dirigirse al país por cadena de radio y televisión, es zafarnos del cepo criminoso del sectarismo chavista-antichavista.
Abrirnos paso entre el cinismo, la mezquindad y la irresponsabilidad de ambos bandos, es indispensable. No habrá tiempo para lograr algo distinto el 14 de abril próximo, día de la elección presidencial extraordinaria convocada por el Consejo Nacional Electoral. Esa elección será otro accidente, no tan dramático como la enfermedad y muerte del presidente Chávez, pero accidente histórico, al fin y al cabo.
Pensar distinto, pensar mejor, pensar decente, con honestidad, es fundamental para imaginar y alcanzar un futuro mejor, a mediano y largo plazo. El reto esencial es de orden ético, en esta hora crítica de Venezuela.
Dos concertaciones maquiavélicas por y para el poder, aprisionan nuestras potencialidades: Zafarnos de ellas es lo único eficaz para lograr una senda de desarrollo armónico de la nación, con solidaridad, eficiencia, responsabilidad, independencia e integración latinocaribeña.
No me cuento entre quienes pretenden maltratar la memoria del presidente Chávez, que sus méritos y logros tiene; pero tampoco me encontrarán en las filas laudatorias, que tratan de endiosarlo con fines exclusivamente políticos, para mantenerse en un régimen de corrupción, peculado de uso, abuso de poder y autoritarismo estatista, que nuestra ineficiente y corrompida economía petrolera y el halo libertario de los venezolanos no soportarán por mucho tiempo más.
Criterio independiente, honestidad y valentía para actuar críticamente en el escenario político actual, cueste lo que cueste, son indispensables. Muy poco importa la maledicencia sectaria de las cúpulas políticas, económicas y comunicacionales del chavismo-antichavismo, corresponsables históricos, éticos y administrativos de la crisis que estamos heredando de sus desempeños en este rico lapso 1958-2013. Seguir las pautas del chavismo-antichavismo no sólo es ocioso, es una irresponsabilidad.
domingo, 17 de marzo de 2013
PASANDO LA HOJA / Retos de la era poschávez (II)
Por Manuel Isidro Molina /
Recuerdo que el senador vitalicio Rafael Caldera, ex Presidente de la República, entonces presidente del Consejo de la Unión Interparlamentaria Mundial (1979-1982), fue a Cuba a la reunión periódica de esa agrupación de los parlamentos del planeta; y al regresar de La Habana, fue consultado por los periodistas venezolanos sobre sus impresiones en torno a la realidad cubana: “Ni tan buena como dicen unos, ni tan mala como dicen otros”, dijo lacónico. Ese espíritu crítico e independiente distinguió al dos veces mandatario venezolano, muy criticado por las corrientes macartistas y neoliberales, y poco valorado en sus aciertos históricos, muy mezquinamente, por tirios y troyanos, especialmente por los más radicales corresponsables de la crisis, los ultrosos del chavismo-antichavismo.
El primer reto de la era poschávez que, repito, comenzó el 08.12.12 con la valiente despedida del presidente Hugo Chávez, cuando “hizo de tripas corazón” para dirigirse al país por cadena de radio y televisión, es zafarnos del cepo criminoso del sectarismo chavista-antichavista.
Abrirnos paso entre el cinismo, la mezquindad y la irresponsabilidad de ambos bandos, es indispensable. No habrá tiempo para lograr algo distinto el 14 de abril próximo, día de la elección presidencial extraordinaria convocada por el Consejo Nacional Electoral. Esa elección será otro accidente, no tan dramático como la enfermedad y muerte del presidente Chávez, pero accidente histórico, al fin y al cabo.
Pensar distinto, pensar mejor, pensar decente, con honestidad, es fundamental para imaginar y alcanzar un futuro mejor, a mediano y largo plazo. El reto esencial es de orden ético, en esta hora crítica de Venezuela.
Dos concertaciones maquiavélicas por y para el poder, aprisionan nuestras potencialidades: Zafarnos de ellas es lo único eficaz para lograr una senda de desarrollo armónico de la nación, con solidaridad, eficiencia, responsabilidad, independencia e integración latinocaribeña.
No me cuento entre quienes pretenden maltratar la memoria del presidente Chávez, que sus méritos y logros tiene; pero tampoco me encontrarán en las filas laudatorias, que tratan de endiosarlo con fines exclusivamente políticos, para mantenerse en un régimen de corrupción, peculado de uso, abuso de poder y autoritarismo estatista, que nuestra ineficiente y corrompida economía petrolera y el halo libertario de los venezolanos no soportarán por mucho tiempo más.
Criterio independiente, honestidad y valentía para actuar críticamente en el escenario político actual, cueste lo que cueste, son indispensables. Muy poco importa la maledicencia sectaria de las cúpulas políticas, económicas y comunicacionales del chavismo-antichavismo, corresponsables históricos, éticos y administrativos de la crisis que estamos heredando de sus desempeños en este rico lapso 1958-2013. Seguir las pautas del chavismo-antichavismo no sólo es ocioso, es una irresponsabilidad.
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