viernes, 10 de enero de 2025

«Repudiamos la Represión continuada que ejecuta el gobierno de Nicolás Maduro»: Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución


La Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución (PCDC) repudia la detención ilegal del dirigente político Enrique Márquez, quien fue candidato en las elecciones presidenciales realizadas el pasado 28 de julio. Márquez, tras ser privado de su libertad y ante la negativa de las autoridades competentes de informar sobre sus condiciones y paradero, podria considerarse como desaparición forzosa desde el día 7 de enero de 2025, cuando grupos parapoliciales se lo llevaron, como lo ha denunciado sus familiares en diversas redes y medios.

   El mismo dia, también fue detenido arbitrariamente el periodista Carlos Correa, director de la organización civil Espacio Público, quien tiene una larga trayectoria como defensor de los Derechos Difusos y Colectivos de los venezolanos.

   Hasta el momento de escribir esta nota de denuncia, ambos profesionales se encuentran desaparecidos y ninguna autoridad competente, como el Ministerio Publico, la Defensoria del Pueblo, los Cuerpos Policiales y Militares han proporcionado informaciòn sobre ambos casos. Sus familiares desconocen dónde estàn, en qué condiciones fisicas y morales se encuentran, y les preocupa la negativa de las autoridades a  informar sobre el paradero de ambos defensores de la ley.  De esta forma, el gobierno repite la misma práctica anticonstitucional, que vulnera el estado de derecho y el debido proceso, recurriendo a la detención violenta de dirigentes de oposición, activistas sociales y ciudadanos comunes, desapareciéndolos por períodos muy largos, y luego de semanas y meses los presentan ante tribunales, negándoles la asesoría de abogados privados y manteniéndolos incomunicados hasta de sus propios familiares.

   La detención de Enrique Márquez y Carlos Correa, es un acto injustificado. Ambos, tienen alto perfil en sus actividades y compromisos académicos, sociales, politicos y de defensa de los Derechos Humanos, es decir, es imposible que se les acuse de actuar fuera del marco constitucional. De manera especial, Enrique Márquez ha promovido en forma entusiasta, la introducción de recursos legales ante el Tribunal Supremo de Justicia, con el objeto de que se emplace al Consejo Nacional Electoral para que haga públicas las actas de totalización de las elecciones presidenciales del 28J, y la publicación detallada de los resultados por mesa, por centro de votación, por parroquia, por municipio y por cada estado de la República. Resultados que aún no ha publicado el CNE, a más de cinco meses de concluido el acto electoral, y que colocan en entredicho el supuesto triunfo electoral de Nicolás Maduro.

   La PCDC exige la inmediata liberación de Enrique Márquez y de Carlos Correa. De igual forma exigimos el cese de estas prácticas represivas que ejecuta en todo el país el gobierno de Nicolás Maduro, las cuales en nada contribuyen a crear un clima de paz y participación democrática de la ciudadanía. El gobierno de Maduro se ha deslizado hacia prácticas fascistas propias de los regímenes dictatoriales que asolaron el continente suramericano hace medio siglo.

   Exigir respeto a la Constitución y reivindicar la vigencia de los más elementales derechos civiles, no constituyen ningún delito. Con estas prácticas fascistas, el gobierno de Maduro se coloca al margen de la constitución que aprobamos los venezolanos en 1999, y refuerzan la gravísima crisis política desatada por el desconocimiento de los resultados electorales del 28J, de los cuales el CNE no ha publicado actas totalizadoras ni desglosadas.

   Nuestro llamado es por la libertad inmediata de todos los presos políticos, particularmente de los detenidos por protestar pacíficamente luego del fraude electoral del 28 de julio. El gobierno, en vez de liberar a los centenares de ciudadanos detenidos por razones políticas, en las últimas semanas ha desatado una campaña de detenciones selectivas contra dirigentes opositores, y en esta semana ya han sido detenidos y desaparecidos casi 20 dirigentes de  movimientos sociales y grupos de oposición.

¡Exigimos la libertad inmediata de todos los presos políticos!

Por la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución

Edgardo Lander, Gustavo Márquez, Oly Millán, Héctor Navarro, Antonia Muñoz, Santiago Arconada, Carlos Mendoza Potellá, Mariano Crespo, Juan García, Sofía Viloria, Luis Mogollón y Roberto López Sánchez.

Encarcelado el periodista Julio César Balza Maldonado, miembro del equipo de María Corina Machado

 


#AlertaSNTP |


Denunciamos la detención del periodista Julio Balza, miembro del equipo prensa de María Corina Machado. 

Su familia confirmó al SNTP que fue detenido por el Sebin, cuando iba a buscar su carro en Chacao, tras la manifestación opositora en #Caracas este #9Ene.


ÚLTIMA HORA / La abogada y ex constituyente María Alejandra Díaz denuncia persecución




La abogada y ex constituyente María Alejandra Díaz denuncia persecución policial y hostigamiento a sus hijos, hermana, ex esposo y otros familiares.

jueves, 9 de enero de 2025

Fuentes oficiales desmienten supuesta detención de MCM


¡Falso positivo! Fuentes oficiales desmienten supuesta detención de MCM tras fracaso en su convocatoria

http://www.eluniversal.com/politica/198626/fuentes-oficiales-desmienten-supuesta-detencion-de-mcm-tras-fracaso-en-su-convocatoria

Desmontaje de la distracción mediática: «Maria Corina está a salvo y libre», asegura titular del MINCI 

https://www.vtv.gob.ve/desmontaje-distraccion-mediatica-maria-corina-salvo-libre/

Gobierno Nacional confirma que MCM está bien y a salvo: «Otro fiasco más de la ultraderecha venezolana»

http://www.eluniversal.com/politica/198628/ministro-de-comunicacion-revela-video-donde-mcm-confirma-que-esta-bien-y-a-salvo


María Corina Machado fue detenida al salir de la marcha: Medios

 


Detienen a María Corina Machado al salir de la marcha

«¡Libertad para Enrique Márquez y todos los presos políticos!»: Comunicado del partido Centrados En La Gente


Venezuela atraviesa uno de los momentos más complejos y dramáticos de su historia democrática. En este instante crítico, nos enfrentamos a una crisis profunda que, lejos de amainar, amenaza con profundizar las fracturas políticas, económicas y sociales que ya nos dividen. Este momento no solo exige de nuestra reflexión, sino también de nuestra acción responsable exigiendo el respeto de la soberanía popular y los derechos humanos ante el peligro latente de un futuro incierto para la nación.

El país avanza sin freno hacia una mayor polarización, impulsada por la incapacidad de los actores políticos más relevantes de reconocer sus diferencias y, con ello, la imposibilidad de dialogar y acordar. Esta crisis tiene su origen en el ejercicio distorsionado del poder, en la supresión de las ideas y en la creciente tendencia a optar por la confrontación directa, la descalificación y la violencia como herramientas de resolución. La política, entendida como un espacio para el debate y el entendimiento, ha sido reemplazada por la imposición y la exclusión.

En los últimos años, hemos sido testigos de una lucha incansable por aniquilar al adversario, un ciclo vicioso que no solo ha degradado la democracia, sino que ha vulnerado nuestras libertades y derechos. La prioridad de muchos parece haber sido el poder, a cualquier precio, en detrimento de lo que realmente importa: el bienestar y la dignidad de nuestra gente. Esta actitud ha afectado a todo el país: desde nuestras riquezas y soberanía hasta lo más fundamental, nuestra gente.

Durante la pasada campaña presidencial, bajo la vocería de Enrique Márquez, insistimos en la necesidad de un *Liderazgo Responsable*. Lo hicimos conscientes de la magnitud de la crisis transversal que vivimos y los riesgos inherentes a esa situación. Actuamos guiados por nuestros principios, defendiendo un modelo político inclusivo, democrático y constitucional, que antepuso los intereses del país por encima de las ambiciones de poder de cualquier partido o facción. La política, entendida como un ejercicio de encuentro y de respeto, fue el principio que nos unió.

Enrique Márquez, a lo largo de su carrera, ha sido un político que ha apostado por el diálogo y el respeto. Ha debatido con todos los actores del espectro político y social, sin renunciar a sus principios ni a sus ideas, buscando siempre la resolución de los conflictos a través del acuerdo. No es un hombre de imposiciones, sino un hombre de ideas, de convicción, de consenso.

Hoy, cuando la crisis democrática alcanza su punto más álgido, se ha recurrido a un acto que no solo es ilegal, sino profundamente injustificado: la detención arbitraria de Enrique Márquez bajo acusaciones falsas y peregrinas. Esta acción, que desprecia la política y la razón, busca silenciar la voz de quien ha dedicado más de 40 años de su vida a servir a Venezuela con un liderazgo responsable, coherente con sus principios y siempre dispuesto al entendimiento. Es un intento más de borrar la política, las ideas y la democracia, sustituyéndolas por la fuerza y la manipulación.

Rechazamos enérgicamente esta detención arbitraria y llamamos a quienes hoy ejercen el poder a rectificar. Exigimos el cese inmediato de la privación de libertad de Enrique Márquez y el fin de las campañas de difamación que se han desatado en su contra bajo la impunidad del poder. Todos aquellos que lo conocemos sabemos de su integridad, de su compromiso con el país, y de su profundo respeto por la ley. ¡Y ustedes lo conocen!

La Dirección Nacional de *Centrados en la Gente* continuará *defendiendo la Constitución*, los derechos fundamentales de todos los venezolanos, y la necesidad urgente de reconciliarnos como nación. Solo a través del diálogo y la unidad podremos construir el país que todos merecemos: un país para todos.

¡Libertad para Enrique Márquez y todos los presos políticos!

¡Defender la Constitución no es un delito!

Caracas, 9 de enero de 2025.

https://centrados.org/venezuela-demanda-liderazgos-responsables-comunicado-de-centrados-en-la-gente/

El laberinto del juego mental en Venezuela


Roberto Ramírez Basterrechea
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Hace poco recibí un artículo de una amiga que me pareció interesante, titulado "Guerra Civil Mental" de Rory Branker. En él, se abordaba el concepto de una guerra civil mental que atraviesa Venezuela, una batalla silenciosa pero devastadora que no utiliza armas convencionales, sino herramientas mucho más sutiles: el miedo, la manipulación y la polarización. Al leerlo, no pude evitar pensar que este análisis, aunque certero, podía complementarse con una mirada más amplia que incluyera el rol fundamental que juega la clase parasitaria, esa casta enquistada en el poder que ha perfeccionado el arte de saquear los recursos materiales y emocionales de una nación entera.

En el núcleo de esta guerra mental se encuentra una estructura de poder que trasciende gobiernos y partidos políticos. Esta clase parasitaria, invisible a simple vista pero omnipresente, ha diseñado un sistema donde el control de las emociones es tan importante como el control de los recursos económicos. No necesitan un ejército ni un aparato represivo constante; su verdadero poder radica en su capacidad para manipular percepciones, sembrar miedo y mantener a la población en un estado permanente de incertidumbre. Han logrado algo que Maquiavelo jamás habría podido imaginar: convertir el sufrimiento colectivo en una herramienta de control político y económico. En este sistema, la polarización no es un efecto colateral, sino el corazón mismo de la estrategia.

La polarización no solo divide a la sociedad entre izquierda y derecha, entre gobierno y oposición. Su objetivo va mucho más allá: anula psicológicamente cualquier opinión o participación en el debate político. Si alguien levanta la voz, es rápidamente etiquetado como parte de un bando u otro. Si no encaja en uno, lo arrastran al otro. Este juego perverso de manipulación mental no es un fenómeno abstracto; lo he vivido personalmente, al igual que muchas personas que conozco. La casta ha perfeccionado este mecanismo hasta hacerlo casi automático. Esta estrategia no solo silencia las voces críticas, sino que desgasta emocionalmente a quienes intentan aportar una visión neutral o diferente. El resultado es una sociedad donde las personas prefieren callar antes que enfrentar el escarnio, el rechazo o las represalias.

El miedo ha sido la herramienta más efectiva de esta clase parasitaria. No se trata únicamente de la represión física, sino de un miedo cotidiano: el miedo a perder un trabajo, a ser excluido de un beneficio social o a ser señalado públicamente. Este miedo no desaparece; se transforma en autocensura, aislamiento y parálisis emocional. En una sociedad gobernada por el temor, el silencio es el mayor aliado de los opresores.

El desgaste emocional no es un accidente; es un objetivo deliberado. Cada intento de cambio es seguido por un nuevo obstáculo; cada chispa de esperanza es apagada rápidamente por una nueva crisis. Este ciclo interminable ha generado una fatiga emocional colectiva. Cuando las personas dejan de creer en el cambio, la casta ha ganado la batalla más importante: la batalla por las mentes de los ciudadanos.

El exilio, por su parte, ha sido otra válvula de escape para este sistema. Millones de venezolanos han dejado el país, pero la guerra mental no termina al cruzar una frontera. Muchos migrantes enfrentan un duelo emocional silencioso: culpa, impotencia y nostalgia. Sin embargo, el laberinto del juego mental no los deja escapar. Aunque físicamente están lejos, siguen atrapados en una red de manipulación emocional. El sistema ha logrado que, incluso en el extranjero, los venezolanos se sientan prisioneros de una narrativa que los persigue: la sensación de que han abandonado una lucha, de que son culpables por haber buscado un futuro mejor y de que su voz ha perdido fuerza por no estar en el terreno de batalla. Así, el exilio no se convierte en una liberación, sino en un eco constante de ese mismo laberinto mental, donde la distancia no alivia, sino que multiplica el peso de las cadenas emocionales.

Salir de este laberinto mental no será sencillo. No bastará con cambiar nombres o rostros en el poder; será necesario desmontar los mecanismos emocionales y narrativos que ha construido la casta parasitaria. Esto incluye fomentar una educación emocional que permita a las personas reconocer la manipulación, crear espacios seguros para el diálogo y la reconciliación, reconstruir la confianza en las instituciones y en las personas, y ofrecer un apoyo psicológico real a una población profundamente herida.

Pero, por encima de todo, será necesario preservar la esperanza. La esperanza sigue siendo la mayor amenaza para la casta parasitaria, la grieta en el muro que han construido. Cada acto de solidaridad, cada voz que se alza, cada persona que decide no rendirse es un acto de resistencia. Venezuela no solo necesita reconstruir su economía y sus instituciones; necesita sanar su espíritu colectivo. La guerra mental no se ganará con armas ni con discursos vacíos, sino con la fuerza de una sociedad que decide recuperar su dignidad y su futuro.

En esta batalla, la esperanza no es solo un sentimiento, es un acto de coraje.

* PhD Doctor en Economía Política, experto en Gestión Pública Digital