«La soberanía nacional no se negocia: el espejismo extranjero y el destino de Venezuela»
El reciente anuncio del presidente estadounidense ni Donald Trump sobre un acuerdo petrolero que otorga a una potencia extranjera el control mayoritario de 17 yacimientos y más de 65.000 millones de barriles de nuestras reservas probadas, constituye un acto de entrega de los recursos patrios y una vulneración tajante de nuestra soberanía nacional. El subsuelo venezolano pertenece única y exclusivamente a su pueblo y ningún pacto circunstancial tiene la legitimidad para hipotecar el futuro de la nación.
Hace 8 meses, los venezolanos vimos con pragmatismo y esperanza las acciones de la administración Trump encaminadas a desplazar del poder a Nicolás Maduro, tras haber cometido un gigantesco fraude en las elecciones del 28 de julio de 2024. Asumimos que el fin de la autocracia abriría el camino inmediato hacia la reinstitucionalización democrática y la solución de la asfixiante crisis económica que pulveriza la calidad de vida de los ciudadanos. Sin embargo, la cruda realidad geopolitica ha vuelto a darnos una lección de desencanto.
La Casa Blanca no ha tutelado una transición democrática verdadera. Más bien, ha respaldado la continuidad en el poder de figuras corresponsales del colapso nacional, uniendo a Delcy Rodríguez como principal iinterlocutora y presidenta interina. Tal acción demuestra que los intereses de las grandes potencias pocas veces coinciden con las aspiraciones de libertad, justicia y bienestar de los pueblos. Mientras los centros de poder internacional celebran el acceso a crudo barato para abaratar sus costos internos, los problemas estructurales de los venezolanos - la inflación, los servicios públicos colapsados, y la falta de instituciones independientes - siguen marginados de su agenda principal.
Es urgente que asumamos una posición de absoluta coherencia nacionalista. No se puede condenar, como en efecto lo hicimos, la entrega geopolitica, financiera y de recursos de nuestra soberanía a gobiernos como Rusia, China, Irán y Cuba, para luego aplaudir esquemas similares bajo la protección de un nuevo tutor en el hemisferio occidental. La injerencia extranjera, sin importar el carácter ideológico o la bandera de quien la ejerza, debe ser rechazada de manera unánime. Venezuela no es un protectorado ni una corporación en liquidación al mejor postor.
La salida a esta incertidumbre histórica no vendrá encapsulada desde el exterior ni se resolverá en despachos foráneos a nuestro territorio. La verdadera reconstrucción del país pasa, necesariamente, por la unidad de todos los venezolanos. Es momento de de dejar atrás la condición de espectadores pasivos de la geopolitica y comenzar a articular un fuerte movimiento ciudadano: estudiantes, trabajadores, académicos y sectores productivos unidos bajo la bandera de la dignidad nacional. Requerimos construir una agenda propia, civil y soberana qué no dependa de los vaivenes de Washington o corporaciones petroleras multilaterales que comprometan el patrimonio de las nuevas generaciones.
Como dirigentes del MAS, partido defensor de los valores democráticos y nacionalistas, hacemos un llamado directo e inequívoco a la Casa Blanca y a la comunidad Internacional de respetar la autodeterminación del pueblo venezolano. Condenamos la conducta ruin de la mandataria ilegítima Delcy Ridriguez de propiciar la entrega de nuestros recursos y la soberanía nacional a los intereses estadounidenses, a cambio de sobrevivir en el poder. Ella no goza de cualidad para firmar acuerdos nacionales de ningún tipo con gobiernos extranjeros porque no fue electa con el voto popular, sino que fue designada Vicepresidente Ejecutivo por un mandatario que cometió un fraude a la soberanía popular y, luego fue puesta como presidenta interina por capricho de la administración Trump.
Si el gobierno de los Estados Unidos desea ser aliado real y constructivo para la reconstrucción de Venezuela, deben respaldar el retorno de las instituciones democráticas a sus ciudadanos, la repatriación de capitales en el extranjero que es para beneficiar al sufrido pueblo y no a ser controlados por el régimen, la liberación de los presos políticos y la celebración de elecciones libres y transparentes para restaurar el Estado de Derecho. Esas son las aspiraciones de la inmensa mayoría de los venezolanos y por las cuales hoy exigimos como dirigentes masistas que se concreten para avanzar como sociedad.
La cohabitación con las sombras del pasado, a cambio de concesiones petroleras, solo prolonga el sufrimiento de la sociedad venezolana. La riqueza de nuestro subsuelo debe ser usada solo para financiar el resurgimiento de una Venezuela soberana, libre, democrática y próspera. El destino de nuestro país nos pertenece y es hora de que Venezuela sea decidida y gobernada exclusivamente por sus propios hijos. Ante esta indignante transacción geopolitica conviene rescatar las declaraciones del Libertador Simón Bolívar, en una carta dirigida el 23 de diciembre de 1826 a José Antonio Páez con miras a detener el conflicto político de La Cosiata. Allí señaló: "Primero el suelo nativo que nada. Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro pais". Solo la unión, el apego al suelo patrio y la dignidad de los propios venezolanos obtendremos el país soberano que merecemos.
Atentamente,
Manuel Gutiérrez, Iván Aguilar, Omar Querales, Jesús Castillo, Falime Hernández, Orlando Chirinos, Libny Rivera, Giovanni Caldera, Javier Rondón, Cleto Eregua, Héctor Martínez, Orlando Malavé, Oscar García, Wilson Barcos, Roger D'Lucas, José Espinoza, Andrés Eloy Bravo, José Eladio Guerrero, Nelson Morán, José Miguel Guédez y Luis José López
Dirigentes del Movimiento al Socialusmo (MAS)
Venezuela, 29 de agosto de 2026.

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