Valentina Oropeza / BBC Mundo
«Advertencia: las descripciones pueden afectar la sensibilidad de la audiencia»
El doctor X trató a decenas de niños aplastados por los escombros durante seis días seguidos.
Los primeros que llegaron a la sala de emergencias pediátrica gritaban y lloraban. Estaban adoloridos por los golpes que recibieron mientras sus padres los arrastraban fuera de los edificios, en medio del doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, el miércoles 24 de junio a las 18:04.
Pero a medida que pasaban las horas, los casos se volvían más graves: pacientes con las piernas necrosadas o inflamadas por la acumulación de sangre, en riesgo de shock o insuficiencia renal debido a las toxinas liberadas por los músculos bajo la presión de los escombros.
A diferencia de los primeros casos, estos niños no gritaban ni lloraban. Aparecían en el hospital inconscientes, sin identificación y sin padres ni familiares.
«El problema es el traslado en condiciones caóticas. No es lo que uno quisiera recibir, es decir, un paciente en ambulancia, con una vía tomada en el trayecto», explica el pediatra especializado en emergencias con la voz quebrada por el llanto.
«Me afecta mucho porque estos pacientes que hemos celebrado que los han rescatado vivos terminan falleciendo o en condiciones muy disminuidas, sobre todo con el tema de las amputaciones o con daño renal»...
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