Hace apenas unos años, Turquía era vista como el chico malo de la OTAN.
Irritaba a sus aliados al retrasar deliberadamente las solicitudes de países que buscaban incorporarse a la alianza militar. Se negó a aplicar las sanciones occidentales contra Rusia por la guerra en Ucrania. El presidente Recep Tayyip Erdogan se refería a su homólogo ruso, Vladimir Putin, como un “querido amigo”. Funcionarios europeos y estadounidenses estaban preocupados por las tendencias autoritarias de Erdogan.
Sin embargo, los acontecimientos mundiales de los últimos años, como las guerras en Ucrania e Irán y el regreso del presidente Trump a la Casa Blanca, le han dado a Erdogan una nueva oportunidad. De pronto, Turquía parece cada vez más imprescindible para la alianza...
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