Los malabarismos de Rubio lo han convertido en un aliado cada vez más exitoso del presidente y, al mismo tiempo, en una figura cada vez más desconcertante para quienes pensaban que sería una voz moderadora, menos identificada con el movimiento MAGA, en la era Trump 2.0. Sin embargo, esa capacidad de reinventarse no es algo nuevo; es una de las características que lo definen. Un análisis minucioso revela una verdad constante: Marco Rubio siempre ha encontrado la manera de encajar.
En su ascenso en Venezuela, y a través de su manejo de los fracasos de la guerra con Irán, ha logrado profundizar su relación con Trump y cimentar su pertenencia al movimiento político que creó el presidente. No ha tenido ningún problema con aparecer en televisión para defender la guerra de Trump en Irán, cuando otros, incluido su principal rival para convertirse en el sucesor natural de Trump, el vicepresidente JD Vance, ocupan papeles públicos más prominentes en las negociaciones para poner fin al conflicto. Como cuando jugaba fútbol americano en la preparatoria, Rubio parece encantado de estar en el equipo aunque no sea el jugador estrella.

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