La abogada y exconstituyente (2017) María Alejandra Díaz, exiliada en Bogotá, Colombia, aborda un tema actual e importante para los trabajadores venezolanos:
«El FMI y el mito del impacto inflacionario de los aumentos salariales»
Manuel Isidro Molina edita GUÁRAMO DIGITAL, un medio informativo y de opinión desde Caracas, Venezuela, con las verdad por delante que analiza los sucesos venezolanos, latinoamericanos y mundiales. Su concepto editorial es plural, defensor de los derechos sociales y laborales, en resguardo de la paz y la Independencia Nacional de Venezuela frente a la agresiva política imperialista de Donald Trump que saquea los recursos petroleros y mineros de la patria de Simón Bolívar El Libertador.
«El FMI y el mito del impacto inflacionario de los aumentos salariales»
Versiones difundidas recientemente por el exfiscal del Ministerio Público, Zaír Mundaraín, indicaron que El Aissami estaría sufriendo un delicado proceso de deterioro de salud, hasta el punto de no poder desplazarse autónomamente, debido a hernias discales en la columna vertebral sin la debida atención médica ni tratamientos de fisioterapia.
Ahora, se confirma que está recluido en centro penitenciario «El Rodeo I», ubicado en el estado Miranda, mientras continúa el juicio por corrupción en el cual aparece como presunto principal responsable de un desfalco gigantesco de hasta 23 mil millones de dólares en Petróleos de Venezuela, S. A. (PDVSA).
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En Venezuela estamos sufriendo una «tragedia historica» continuada, terriblemente empobrecedora de las mayorías sociales, y concentradora de la riqueza en manos de pequeños grupos corruptos de la delincuencia organizada asociada con las mafias del PSUV; y de los capitalistas nacionales y extranjeros que se llevan la tajada gorda de los ingresos petroleros. Ahora más, en tiempo de dominio colonial imperialista, con la complicidad plena de los «cipayos coaligados», unos más arrastrados y sinvergüenzas que otros.
En vísperas del 1ro. de Mayo, han subido de volumen -sin decisiva participación popular- las exigencias sociolaborales, en este país destrozado por los traidores, ladrones, abusadores/gozones del poder y los enajenados por la caterva de mentiras de la monserga neoliberal cultivada en el IESA y CEDICE durante décadas, en concierto con las cámaras empresariales: «¡Todo pa' ellos!», como bien describe la explotación laboral existente, el pueblo llano venezolano.
Aquí están enterrando los derechos sociolaborales históricos, logrados en sucesivas luchas desde 1936 en adelante: pisotean 90 años de frutos laborales, recogidos políticamente en las constituciones de 1947, 1961 y 1999. No han sido dádivas o graciosas concesiones de empresarios nacionales y extranjeros ni de los gobiernos de turno: duras y valientes luchas obreras han determinado las conquistas sociolaborales.
A eso apunta el «pacto secreto antilaboral» que venimos denunciando con firmeza y sin politiquería barata, desde el «Encuentro Nacional en Defensa de los Derechos del
Pueblo». Junto al movimiento unitario de organizaciones sindicales y gremiales del país, nos empeñamos en lograr la recuperación del salario, el cese de la 'política de bonificación' de los ingresos del trabajador, pensiones y jubilaciones dignas, reconocimiento de la contratación colectiva, y la plena vigencia de los derechos sociales y laborales vigentes en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV).
¿Está derogada la CRBV? No. Quienes han jurado cumplirla y hacerla cumplir, la han traicionado. La han pisoteado, «al revés y al derecho» - en «pacto secreto» que implica traición-, pero está vigente y ninguno de los factores de poder confabulados en contra de los derechos de los trabajadores activos, jubilados y pensionados, podrá derogarla por vía de los hechos:
_«Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.»_ Esto vale para los derechos políticos escamoteados, los derechos humanos violentados, y también para los derechos laborales. La Constitución -llamada 'Carta Política del Estado' por los expertos en Derecho Constitucional Comparado- es unitaria, expresa un pacto político y social de rango universal que gobierna la Nación y a todos sus habitantes, sean nacionales o extranjeros. Y su vigencia es plena en todo tiempo y compromete a todos los sectores de la sociedad.
¿Quién fraguó, pactó u ordenó la violación impune de los derechos laborales constitucionales vigentes? Esta interrogante es clave para las trabajadoras y trabajadores -repito por enésima vez: activos, jubilados y pensionados-, al momento de conocer con certeza dónde están y quiénes son sus enemigos explotadores y los traidores a los intereses de la clase trabajadora.
La confabulación ha sido gigantesca, especie de tinglado de la delincuencia organizada, en contra de los derechos laborales constitucionales. Ahora, en tiempo colonial imperialista, nadie es culpable de nada: todos los factores políticos y económicos que nos arrastraron a esta «tragedia histórica», se la dan de 'inocentes', los muy sinvergüenzas. Mientras, el pueblo llano y la clase media sufren los rigores del empobrecimiento social causado por el robo descarado de los recursos públicos desde el PSUV y sus redes de testaferros; y la imposición del «bloqueo criminal Trump/Guaidó/MCM». Juntos arruinaron nuestra economía, hasta perder el 75% del Producto Interno Bruto (PIB).
Y claro, el pueblo lleva la peor parte, con su poder adquisitivo destruido, empobrecido, subalimentado, enfermo y bajo riesgo de muertes prematuras, atenazado por el derrumbe del Sistema Publico de Salud y lo inalcanzable de las clinicas privadas.
La traición sigue tras bastidores: los factores de poder fraguan su «pacto secreto antilaboral», como lo hemos denunciado. Seguiremos alertando al pueblo trabajador, y respaldando sus luchas por la vigencia efectiva de sus derechos constitucionales a una vida digna.
En Venezuela, no queremos ni aceptamos la imposición de los mecanismos neoliberales de «desregulación laboral» absoluta, ni la pretensión de hacerse con «mano de obra esclava», sin derecho a una vida digna. Generaciones tras generaciones, el pueblo venezolano se ha distinguido por el logro valiente, sostenido y creciente de su derecho a condiciones de trabajo y remuneración justa de sus destrezas, conocimientos y niveles eficientes de desempeño laboral.
La seguridad social -que tiene como pivote el salario- es irrenunciable. Sin salario justo -con real capacidad adquisitiva- no hay democracia, libertad ni justicia social. Por eso, la mal llamada «bonificación del salario» es criminal: te roba el justo pago de horas extras, fines de semana y días feriados trabajados; te saquea el pago de las vacaciones, la bonificación de fin de año y las prestaciones sociales. Pero, además, destruye los aportes patronales a las cajas de ahorro y al Seguro Social Obligatorio, dinamitando financieramente la seguridad social integral, a la cual tenemos derecho las trabajadoras y trabajadores activos, jubilados y pensionados. ¡Derecho, no migajas!
Comprender estas realidades es clave para el éxito de nuestras luchas. No más engaños baratos ni argumentaciones idiotizantes.
Aquí en Venezuela, los trabajadores defendemos nuestros derechos históricos y constitucionales, que son progresivos e irrenunciables. ¡Que lo sepamos los gringos invasores, y los cipayos coaligados que se esfuerzan por besarles las manos ensangrentadas que nos humillan y quieren someter, para siempre.
Esto no va más. En vísperas del 1ro. de Mayo, honor a las trabajadoras y trabajadores asesinados en Chicago, EEUU, en 1886; y solidaridad profunda con las trabajadoras y trabajadores activos, jubilados y pensionados de esta Patria de Libertadores.
manuelisidro21@gmail.com
«Pacto secreto antilaboral»
¿Hemos pasado de una civilización que aspira a poseer a una que se conforma con acceder? Este video explora un patrón que atraviesa la economia, la politica y la cultura global, redefiniendo nuestro estilo de vida. Analizamos cómo el capitalismo y las dinámicas del mercado influyen en esta transición, observando cómo esta libertad individual se ve afectada