sábado, 9 de mayo de 2026

🔴 Resulta francamente cínico escuchar a Philippe Sands afirmar ante la CIJ que Venezuela «jamás objetó» el Laudo Arbitral de 1899 durante la primera mitad del siglo XX


MI MAPA DE VENEZUELA INCLUYE NUESTRO ESEQUIBO

Eso simplemente no resiste el más mínimo análisis histórico serio.

Desde mucho antes del Laudo ya existían conflictos directos entre Venezuela y el Imperio Británico por las constantes incursiones inglesas sobre territorio venezolano.

Uno de los episodios más emblemáticos fue el enfrentamiento liderado por el general venezolano Domingo Antonio Sifontes durante el llamado Incidente del Cuyuní de 1895. Fuerzas británicas dirigidas por el inspector Barnes ocuparon un puesto venezolano e izaron la bandera inglesa en territorio reclamado por Venezuela. La respuesta venezolana fue inmediata: las tropas bajo dirección de Sifontes expulsaron a los británicos y capturaron a Barnes y sus hombres.

Es decir: la resistencia venezolana frente al avance británico NO comenzó en 1962 ni décadas después. Ya existían choques directos y protestas activas contra las pretensiones expansionistas británicas incluso antes del Laudo de París.

Incluso inmediatamente después de 1899 hubo profundo malestar dentro de Venezuela. La aceptación formal del fallo por parte del Estado ocurrió en un contexto de enorme debilidad nacional y presión internacional británica, no porque el país considerara el Laudo justo o legítimo.

Durante las primeras décadas del siglo XX, diplomáticos, historiadores y juristas venezolanos siguieron denunciando inconsistencias del arbitraje y el comportamiento británico. Figuras como José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz, Caracciolo Parra Pérez y otros intelectuales venezolanos cuestionaron reiteradamente:

- La ausencia de representación venezolana real en el tribunal

- La falta de motivación jurídica del fallo

- El carácter político de la decisión

- Y las constantes expansiones británicas más allá de lo discutido originalmente.

Además, Venezuela protestó en distintas ocasiones por mapas británicos y actos administrativos en el territorio disputado, denunciando lo que muchos llamaban una “penetración silenciosa” británica sobre el Esequibo.

Y el golpe definitivo a la narrativa británica llegó con el Memorándum de Severo Mallet-Prevost, escrito en 1944 y publicado en 1949.

Mallet-Prevost no era un improvisado: fue secretario oficial de la delegación venezolana durante el arbitraje de París. En su memorándum reveló que el Laudo fue producto de presiones políticas y acuerdos secretos entre las potencias involucradas, especialmente bajo influencia del árbitro ruso Friedrich Martens.

Es decir: uno de los propios protagonistas del arbitraje terminó denunciando que aquello no había sido un acto genuino de justicia internacional.

Por tanto, afirmar que Venezuela “guardó silencio” hasta 1962 es históricamente falso.

Lo que existió fue un país debilitado frente al mayor imperio del planeta, con reclamos sostenidos por diplomáticos, intelectuales y sectores políticos durante décadas, hasta que finalmente las revelaciones de Mallet-Prevost hicieron imposible seguir ocultando el carácter fraudulento del Laudo.

Pero además, hay una enorme contradicción moral y política en el discurso actual de Guyana.

Hoy alegan que Venezuela “presiona” por ser un país más grande. Sin embargo, cuando Venezuela era una nación devastada por guerras civiles, económicamente débil y enfrentada al poder del Imperio Británico, entonces sí parecían aceptables las presiones, amenazas y abusos de poder.

Apenas tres años después del Laudo de 1899, en 1902, Venezuela sufrió el bloqueo naval impuesto por Gran Bretaña, Alemania e Italia. Buques de guerra europeos bloquearon puertos venezolanos y atacaron instalaciones del país en una demostración brutal de coerción imperial contra una nación claramente vulnerable.

Ese era el verdadero equilibrio de poder de la época.

El Reino Unido actuaba desde una posición imperial frente a un país debilitado y aislado. Pero ahora pretenden presentar como “intimidación” el hecho de que Venezuela mantenga una reclamación histórica reconocida incluso en el Acuerdo de Ginebra de 1966.

En aquel momento, según la lógica que hoy intenta imponer Guyana, la desigualdad de poder no importaba.

La realidad es mucho más incómoda para Guyana: el problema del Esequibo nació en un contexto colonial, bajo profundas asimetrías de poder y con un arbitraje cuya legitimidad fue cuestionada incluso por quienes participaron en él.

Por eso el tema jamás desapareció. Y por eso sigue vivo hoy.

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