La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción"
Simón Bolívar
(Discurso de Angostura, 15 de febrero de 1819)
En el debate político actual venezolano, existe una controversia que parte las aguas: la significación de la intervención militar
de EEUU el 3E. Para algunos, denunciar la pérdida de la soberanía en esa fecha es ¨llover sobre mojado”, argumentando que Venezuela ya la había entregado previamente a los intereses de China, Rusia, Irán y Cuba durante las gestiones de Chávez y Maduro. Sin embargo, esta visión simplificada que homologa erróneamente los acuerdos de cooperación, como instrumento fundamental en las relaciones internacionales que son, con una mutación geopolítica mucho más profunda y de mayor alcance geopolítico.
El Salto Cualitativo hacia la Dominación
Si bien es innegable que existieron acuerdos de cooperación comercial y geopolítica con potencias euroasiáticas y con Cuba que influyeron en la gestión pública, dicha relación no es comparable con la intervención militar y el golpe de Estado ejecutado el 3E por EEUU. Estamos en presencia de un "salto cualitativo” que desplazó la influencia indirecta por una relación de dominación directa de la mayor potencia global.
Tras el quiebre institucional del 3E los hechos son incontrovertibles: el gobierno de EEUU avanza en un plan de ocupación y control del territorio nacional, respaldado por la capacidad bélica de la Cuarta Flota del Comando Sur en aguas territoriales venezolanas. Este despliegue militar de EEUU ha desplazado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en su rol constitucional como garante de la seguridad del Estado.
Radiografía de una Subordinación
Lo que hoy presenciamos es la subordinación total, en áreas vitales de la gestión estatal, al gobierno de EEUU:
* Política exterior y de seguridad dictadas desde la Casa Blanca
* Reestructuración institucional, económica y financiera bajo tutela extranjera.
* Mantenimiento del PSUV en el gobierno, no en el poder, por el ‘Emperador Tump”, bajo una ¨ condición de rendición ¨, a través de una relación de tutelaje de Washington.
Esta ¨Asociación Estratégica¨ entre la cúpula del PSUV y la administración estadounidense anula cualquier posibilidad real de autodeterminación nacional.
* ¿Realismo Político o Capitulación Nacional?
Aquí surge el nudo crítico del debate: Quienes califican de ¨anacrónica ¨ la defensa de la soberanía en éste nuevo escenario político suelen utilizar dos argumentos principales:
1. La única salida: Sostienen que objetivamente la intervención extranjera era la única vía para resquebrajar el dominio del “chavomadurismo”, pero a costa de relegar el papel fundamental del pueblo venezolano como protagonista de su propia historia. Dando por descontado que somos un pueblo “minusválido”, “inmaduro” e “incapaz” de autogobernarse. Que por ello necesitaría un “tutor colonial”.
2. El riesgo de desmoralización: Afirman que denunciar la pérdida de soberanía promueve el desánimo y la desmoralización en una población agobiada por la crisis y sedienta de cambio, la cual legítimamente exige mejores condiciones de vida en términos inmediatos, pero sin que ello implique el “salto atrás” que significa renunciar a su libertad y su independencia.
Esta narrativa, por acción u omisión, que promueve la calificación de Venezuela como un “Estado Fallido”, ha servido para justificar la agresión y el plan invasor de los gringos, no para traer libertad ni bienestar, sino para hacerse del control de los recursos estratégicos que posee la Nación, a través la profundización del extractivismo depredador. Prometer un cambio hacia la democracia fast-track de éste tipo a cambio de entregar la independencia, es un tremendo fraude encubierto en falsas banderas que como dijo El Libertador, solo persigue dominarnos. La esperanza basada en una percepción distorsionada o incompleta de la realidad, termina siendo más dañina que asumir el luto que produce una tragedia por muy dura que ésta sea. Históricamente se ha demostrado que cuando la esperanza nace de una voluntad colectiva de recuperar el “ser nacional”, es capaz de vencer los enemigos más poderosos y superar las mayores adversidades.
Contrapuntos en el debate
Para enriquecer la discusión, debemos considerar dimensiones que a menudo quedan fuera del análisis binario o polarizado:
* ¿Democracia sin Nación?: ¿Es posible construir una democracia sólida sobre las cenizas de la autodeterminación? La historia sugiere que los regímenes tutelados suelen devenir en protectorados neocoloniales, no en repúblicas soberanas.
* ¿Soberanía con voto tutelado?: Si la soberanía se ejerce a través del sufragio, ¿qué valor tiene el voto en un Estado que ha vaciado su contenido al someterse a una potencia extranjera?. Sin soberanía nacional, la soberanía popular corre el riesgo de ser un simulacro decorativo.
¿Estado sometido y gobierno ilegítimo?: Nos enfrentamos a una doble contradicción: un Estado sometido y un gobierno que carece de legitimidad de origen. Este nudo solo puede ser desatado por el pueblo en su carácter de poder constituyente y la Constitución establece la vía para desatarlo a través de la democracia referendaria.
La Esperanza en el “Ser Nacional¨
La esperanza no puede fundarse en percepciones distorsionadas o promesas de salvación externa de falsos mesías, las cuales terminan siendo más dañinas que la propia tragedia que vivimos. La verdadera esperanza, la que hizo nacer nuestra República, es la que crece en la lucha y surge de la voluntad colectiva de recuperar el “ser nacional”.
La lucha por la restitución de la Constitución y la democracia es inseparable de la lucha por el rescate de la soberanía nacional. No hay libertad posible para un pueblo que renuncia a su derecho a decidir su propio destino.
Email: gamarquez2@yahoo.com

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