En el mapa del dolor venezolano, hay coordenadas que desafían la lógica del tiempo y la resistencia humana. Mientras el régimen se jacta de una "paz" construida sobre el silencio de los inocentes, la historia de Esther Bolívar y María Isabel Bolívar ( madre y tía de Erasmo Bolívar) se levanta como un monumento a la dignidad y, al mismo tiempo, como la denuncia más feroz contra un sistema que olvidó la palabra clemencia hace más de dos décadas.
Hoy, en este Día de las Madres, la pregunta se vuelve un grito: ¿Cómo se mide el tiempo cuando te han robado 23 años de abrazos?
Dos décadas de un Vía Crucis ininterrumpido
Erasmo Bolívar no es solo un nombre en una lista de presos políticos; es el símbolo de una generación de funcionarios que fueron convertidos en chivos expiatorios para sustentar un relato de poder. Pero detrás del uniforme y tras los barrotes, están ellas: Esther y María Isabel.
Estas mujeres no han vivido en libertad desde el año 2003. Su libertad ha estado condicionada por el horario de visitas, por el peso de las viandas cargadas de comida casera para burlar el hambre del encierro, y por el desgaste físico de unos pies que han recorrido todos los pasillos de la injusticia venezolana. Han visto pasar presidentes, ministros y jueces; han escuchado promesas que se marchitan antes de ser pronunciadas, mientras el régimen, con una cara dura inaudita, celebra "logros sociales" sobre las ruinas de su hogar.
El rostro del cinismo vs. el rostro de la Fe
Es un contraste obsceno. Por un lado, los voceros del régimen —los Rodríguez y su círculo— se presentarán hoy ante las cámaras hablando del "amor a la madre venezolana", rodeados de lujos y de la seguridad que les brinda el atropello. Por el otro, Esther y María Isabel, con la mirada cansada pero la frente en alto, representan la reserva moral de la nación.
¿Con qué derecho un régimen criminal celebra la familia cuando ha mantenido a Erasmo Bolívar separado de la suya por casi un cuarto de siglo? La detención de Erasmo es un recordatorio de que, para el opresor, la justicia es un arma de venganza, no un instrumento de derecho. El hecho de que estas mujeres sigan de pie, exigiendo una libertad que les corresponde por ley y por humanidad, es el acto de rebeldía más puro que conoce Venezuela.
La misión de no olvidar
Este Día de las Madres debe servir para recordarnos que la tragedia de los Bolívar es la tragedia de todos. No se trata solo de un preso; se trata de una madre y una tía que han entregado su vejez a la defensa de la verdad. Su lucha es una lección de lealtad absoluta:
Han resistido el chantaje del olvido.
Han sobrevivido a la indolencia de un sistema que espera que las víctimas se cansen.
Han transformado el dolor de la ausencia en una bandera de lucha que no se arrea.
El triunfo de la sangre sobre los barrotes
El régimen puede jactarse de sus trofeos de guerra y sus celebraciones vacías, pero nunca tendrá la autoridad moral de Esther y María Isabel. Mientras los opresores necesitan de la represión para sostener su mentira, estas mujeres solo necesitan su verdad para desmantelarlos.
A todas las madres Venezolanas que, como Esther, hoy no tienen a su hijo a la mesa porque el Estado se los arrebató —ya sea por una celda, una tumba o un exilio forzado—, este día les pertenece. Ustedes son las verdaderas madres de la patria. Su resistencia es el motor que mantiene viva la esperanza de que, tarde o temprano, los cerrojos de la infamia cederán ante la fuerza incalculable de una madre que jamás dejó de esperar.
Porque 23 años no han podido borrar un nombre, y una dictadura no ha podido doblegar un amor que es, por definición, invencible.
César E. Gómez H.
Director General de Radio Bemba y La Red de Reporteros Comunitarios Luis López.

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