La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín ha arrancado con tono cordial, pero rápidamente ha dejado claro el principal punto de choque: Taiwán. Xi ha puesto sobre la mesa la “trampa de Tucídides” y ha advertido de que la relación entre la potencia dominante y la emergente no debe desembocar en conflicto, mientras Pekín insiste en que Taiwán es una línea roja absoluta.
La cumbre llega además marcada por la guerra de Ucrania, después de un nuevo ataque ruso sobre Kiev con al menos un muerto y varios heridos, y por la crisis de Irán y Ormuz, que sigue condicionando la inflación, el petróleo y la deuda estadounidense. En paralelo, los mercados miran con tensión el bono a 30 años de EEUU, que vuelve a niveles de rentabilidad no vistos desde 2007.
Más allá de los gestos y la visita al Templo del Cielo, la imagen clave es la de un mundo que vuelve a ordenarse alrededor de dos grandes superpotencias: Estados Unidos y China. La reunión puede dejar acuerdos comerciales en soja, Boeing o tecnología, pero el verdadero pulso está en Taiwán, los minerales críticos, la energía y el reparto del nuevo orden global. 👇

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