Por Manuel Isidro Molina
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Las tendencias electorales –cualquiera lo sabe- son irreversibles, hacia el 14A. Las más diversas encuestas coinciden en resultados previsibles, con variaciones lógicas por la calidad y método de cada uno de los estudios de opinión. No escribiré mucho al respecto. Siete días pasan volando. Lo importante es el futuro, a partir del 15A.
Lo dije la semana pasada: “Las expectativas hacia el 14A no son buenas. Más de lo mismo: Un gobierno aferrado a dogmas estatistas, que tremola banderas de justicia social y cobija una pestilente corrupción; y una ‘oposición’ dominada por las trasnochadas ideas del neoliberalismo macartista, que arrastra también una pestilente corrupción.” Es decir, Venezuela está entrampada por dos opciones viciadas y corresponsables de la crisis moral que arropa y nutre todas las aristas de una crisis general, que va de lo socioeconómico a lo educativo, de lo industrial a lo comunal, de la política a la cultura y de la criminalidad (asesinatos, atracos, secuestros, corrupción, etc.) a lo ambiental.
Respeto a quienes todavía creen que Nicolás Maduro o Henrique Capriles son solución de algo, para esta “era poschávez”, que a partir del 15A nos ofrecerá la oportunidad histórica de replantear conceptos, métodos y valores sobre la sucia alfombra que ha tejido la diabólica dinámica del cepo chavismo-antichavismo.
Lo primero que requerimos, por encima de la propaganda dogmática y cínica que identifica al chavismo-antichavismo, es diagnosticar qué es lo que en realidad hemos heredado de la “era Chávez”, que culminó históricamente el 8 de diciembre de 2012, cuando el presidente Hugo Chávez se despidió valiente y dramáticamente, entregando el testigo a Nicolás Maduro, quien cuenta en esta elección con la fuerza del liderazgo carismático del fallecido mandatario, más el abuso de poder que ha tenido una vertiente comunicacional-cultural en el endiosamiento de un gobernante, como nunca antes se había hecho en América Latina y el Caribe.
El primer cambio que viviremos es que después de 14 años, volveremos a tener un mando civil en el Palacio de Miraflores, con todo cuanto ello significa en una estructura gubernamental militarista, autoritaria y corrupta que ha maltratado reales potencialidades de la nación con despilfarro, incapacidad y robo de los dineros públicos, como nunca antes habíamos experimentado.
Lo que genéricamente conocemos como “chavismo” entrará en crisis, progresivamente, no sólo por las normales diferencias y conflictos políticos, que Chávez supo sofocar y regir con su liderazgo y mando autocráticos, sino también por la cruda disputa de las mafias pudrimillonarias –civiles y militares- que se han cogido –literalmente- esferas de los Poderes Públicos para su control y beneficio crematístico.
Por otro lado, es más que previsible la desarticulación de la endeble alianza Mesa de Unidad Democrática (MUD), cuya dirigencia vencida no podrá librar más batallas, tal y como la conocemos.
El militarismo estatista se irá secando, aunque nadando en dinero sucio y pestilente, dentro del chavismo, corriente popular que tendrá que luchar abiertamente contra la dirigencia pudrimillonaria que la dirige desde posiciones boliburguesas.
Significa ello, que la dinámica política venezolana entrará en una nueva dimensión crítica, por encima y en contra de las actuales estructuras político-partidistas. Esta segunda etapa de la “era poschávez” –la primera va del 08.12.12 al 14.04.13- abrirá espacios para la discusión a fondo, radical (de raíz, no de escándalo), de los grandes problemas nacionales e internacionales y las opciones de desarrollo armónico con justicia social, equilibrios democráticos, solidaridad y decencia pública (lo menos que tenemos, hoy).
Siempre, la reflexión es más útil que la resignación. Nada más importante que un claro propósito de realización colectiva, para (re)emprender una lucha superior en valores, objetivos y logros.
Manuel Isidro Molina edita GUÁRAMO DIGITAL, un medio informativo y de opinión desde Caracas, Venezuela, con las verdad por delante que analiza los sucesos venezolanos, latinoamericanos y mundiales. Su concepto editorial es plural, defensor de los derechos sociales y laborales, en resguardo de la paz y la Independencia Nacional de Venezuela frente a la agresiva política imperialista de Donald Trump que saquea los recursos petroleros y mineros de la patria de Simón Bolívar El Libertador.
domingo, 7 de abril de 2013
PASANDO LA HOJA / Reemprender la lucha
Por Manuel Isidro Molina
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Las tendencias electorales –cualquiera lo sabe- son irreversibles, hacia el 14A. Las más diversas encuestas coinciden en resultados previsibles, con variaciones lógicas por la calidad y método de cada uno de los estudios de opinión. No escribiré mucho al respecto. Siete días pasan volando. Lo importante es el futuro, a partir del 15A.
Lo dije la semana pasada: “Las expectativas hacia el 14A no son buenas. Más de lo mismo: Un gobierno aferrado a dogmas estatistas, que tremola banderas de justicia social y cobija una pestilente corrupción; y una ‘oposición’ dominada por las trasnochadas ideas del neoliberalismo macartista, que arrastra también una pestilente corrupción.” Es decir, Venezuela está entrampada por dos opciones viciadas y corresponsables de la crisis moral que arropa y nutre todas las aristas de una crisis general, que va de lo socioeconómico a lo educativo, de lo industrial a lo comunal, de la política a la cultura y de la criminalidad (asesinatos, atracos, secuestros, corrupción, etc.) a lo ambiental.
Respeto a quienes todavía creen que Nicolás Maduro o Henrique Capriles son solución de algo, para esta “era poschávez”, que a partir del 15A nos ofrecerá la oportunidad histórica de replantear conceptos, métodos y valores sobre la sucia alfombra que ha tejido la diabólica dinámica del cepo chavismo-antichavismo.
Lo primero que requerimos, por encima de la propaganda dogmática y cínica que identifica al chavismo-antichavismo, es diagnosticar qué es lo que en realidad hemos heredado de la “era Chávez”, que culminó históricamente el 8 de diciembre de 2012, cuando el presidente Hugo Chávez se despidió valiente y dramáticamente, entregando el testigo a Nicolás Maduro, quien cuenta en esta elección con la fuerza del liderazgo carismático del fallecido mandatario, más el abuso de poder que ha tenido una vertiente comunicacional-cultural en el endiosamiento de un gobernante, como nunca antes se había hecho en América Latina y el Caribe.
El primer cambio que viviremos es que después de 14 años, volveremos a tener un mando civil en el Palacio de Miraflores, con todo cuanto ello significa en una estructura gubernamental militarista, autoritaria y corrupta que ha maltratado reales potencialidades de la nación con despilfarro, incapacidad y robo de los dineros públicos, como nunca antes habíamos experimentado.
Lo que genéricamente conocemos como “chavismo” entrará en crisis, progresivamente, no sólo por las normales diferencias y conflictos políticos, que Chávez supo sofocar y regir con su liderazgo y mando autocráticos, sino también por la cruda disputa de las mafias pudrimillonarias –civiles y militares- que se han cogido –literalmente- esferas de los Poderes Públicos para su control y beneficio crematístico.
Por otro lado, es más que previsible la desarticulación de la endeble alianza Mesa de Unidad Democrática (MUD), cuya dirigencia vencida no podrá librar más batallas, tal y como la conocemos.
El militarismo estatista se irá secando, aunque nadando en dinero sucio y pestilente, dentro del chavismo, corriente popular que tendrá que luchar abiertamente contra la dirigencia pudrimillonaria que la dirige desde posiciones boliburguesas.
Significa ello, que la dinámica política venezolana entrará en una nueva dimensión crítica, por encima y en contra de las actuales estructuras político-partidistas. Esta segunda etapa de la “era poschávez” –la primera va del 08.12.12 al 14.04.13- abrirá espacios para la discusión a fondo, radical (de raíz, no de escándalo), de los grandes problemas nacionales e internacionales y las opciones de desarrollo armónico con justicia social, equilibrios democráticos, solidaridad y decencia pública (lo menos que tenemos, hoy).
Siempre, la reflexión es más útil que la resignación. Nada más importante que un claro propósito de realización colectiva, para (re)emprender una lucha superior en valores, objetivos y logros.
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