UN MENSAJE CON DESTINO
Venezuela: De una República libre a Protectorado Colonial
Gustavo Márquez Marín
Asistimos a una hora aciaga de la Patria en la que el horizonte se evapora ante nuestros ojos y el naufragio acecha la existencia del Estado Nación venezolano. Pareciera que el rumbo del país ha dejado de estar sustentado en las raíces que le dieron vida y sentido a la nación, para sumergirse en una profunda crisis existencial que nos empuja de nuevo hacia el abismo del oprobio colonial. Él viraje disruptivo del 3E ha provocado confusión, frustración e incertidumbre en importantes sectores de la población que tenían la expectativa, creada por María Corina & Co promotores “criollos” de la invasión de los gringos, que al salir Maduro del poder sobrevendría de inmediato el cambio político deseado. Sin embargo, la realidad ha sido otra porque ese no es el plan del gobierno de EEUU. Por el contrario, Donald Trump, jefe máximo de la intervención militar que produjo el golpe de estado, decidió “gobernar con el PSUV”, dejando intacta la estructura del gobierno, sustituyendo solo al defenestrado Presidente Maduro por la Vicepresidenta Delcy Rodríguez. Así,, de manera espuria, Trump asumió por la fuerza el gobierno de Venezuela derogando la Constitución, violando la soberanía nacional y el derecho a la autodeterminación del pueblo y el Estado venezolano,
** La profecía cumplida de Mario Briceño Iragorry
Alertaba con lucidez Mario Briceño Iragorry sobre la "crisis de pueblo" y la "pereza espiritual" que acepta, por comodidad, desesperanza o cansancio, la entrega de la soberanía de la Patria. Hoy, ese llamado dramático de atención a la conciencia nacional ha dejado de ser un presagio para convertirse en una cruda realidad constatable: Venezuela sufrió el 3E un shock ocasionando un letargo colectivo. La sociedad, extenuada por una crisis diseñada para el quiebre moral, tiende a ser víctima de un pragmatismo fatalista que busca vanamente en la inmediatez mitigar la urgencia de sus penurias y el colapso económico, a cambio de una ceguera voluntaria. No estamos ante una amenaza hipotética, sino ante la pérdida tangible de la República como institución soberana. Es un ALERTA DE CONCIENCIA: mientras la mirada se distrae con la promesa de una precaria "mejoría" económica, se termina por aceptar pasivamente la implantación de una institucionalidad colonial que hipoteca nuestra existencia como nación independiente y libre. Percibir y comprender esta realidad, sin filtros ni “gríngo-las”, es el primer paso, amargo pero imprescindible, para abordar su superación y evitar que el país se disuelva en la intrascendencia de un protectorado colonial del siglo XXI.
La dura realidad: Ya no somos una república soberana
A poco menos de 4 meses de la invasión a Venezuela por el ejercito de EEUU para ejecutar el secuestro del Jefe del Estado, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, el gobierno de Trump sigue avanzando aceleradamente en la instalación en el país de un régimen colonial, a través del gobierno tutelado de la Presidenta (e) Delcy Rodríguez. Para ello cuenta con el enorme poderío militar, que ha desplegado en el mar territorial venezolano, con el emplazamiento permanente de de la IV Flota del Comando Sur. Ésta “fortaleza flotante” le permite a EEUU mantener e incrementar a discreción su poder de fuego y una amplia capacidad bélica para controlar el espacio aéreo, terrestre y marítimo venezolano, la cual funciona como una espada de Damocles que pende sobre la nación venezolana. Opera como una barrera de control del tránsito nacional e internacional desde la cual se puede controlar el flujo comercial de acuerdo a las directrices de la “seguridad nacional hemisférica” de EEUU, (doctrina Monroe) y sus intereses económicos y geopolíticos. en especial del comercio exterior del petróleo, oro y minerales estratégicos, de la importación de equipamiento militar y de seguridad del Estado. Esa presencia permanente del ejercito estadounidense desplazó de facto a la FANB, y a los órganos de seguridad del país en su función primordial de garante de la seguridad del territorio nacional. A partir de ese hecho disruptivo, materialmente hemos dejado de ser un República soberana para pasar a la condición de país ocupado y administrado (tutelado) por una potencia extranjera, sin autonomía ni independencia y subordinado al gobierno de EEUU, del cual depende nuestra sobrevivencia.
El caballo de Troya colonial
El plan de conquista (re-colonización) que adelanta EEUU en Venezuela y la región, tiene tres vértices de control: La subordinación de la Política exterior al dispositivo geopolítico de Washington, El dominio de la Política Económica mediante el control de los recursos estratégicos (petróleo y minería) y la consolidación de una economía dependiente (extractivista y primario exportadora). Por último, subordinación de la seguridad del Estado a la seguridad nacional de EEUU. La estructura de ese plan sigue el patrón de los planes aplicados por EEUU y sus aliados en las intervenciones ejecutadas en Irak y Libia, entre otras. Consta de tres fases, no necesariamente secuenciales que pueden solaparse o complementarse entre sí: La estabilización, actualmente en proceso, que sigue al éxito de la operación militar interventora con el objetivo de mantener el control del territorio a través de su ocupación progresiva, garantizando la gobernabilidad del Estado para imponer la “pax americana”, mediante la eliminación de cualquier amenaza o resistencia interna, con el fin de establecer la “nueva normalidad” del régimen colonial. Para alcanzar ese propósito, el gobierno de Washington logró “enganchar” a su locomotora el tren del régimen madurista, utilizando como dispositivo de acople el gobierno tutelado de la Presidenta (e) Delcy Rodríguez, el cual ha venido funcionando como un “Caballo de Troya”. Desde éste se está legitimando el desarrollo de una estructura institucional neocolonial que podría tomar la forma de “Protectorado”, “Estado de la Unión” o “Estado Asociado”. Simultáneamente se avanza en la segunda fase con la llamada reconstrucción, la cual por cierto, no tiene nada que ver con un plan de cooperación entre estados soberanos, como si lo fue el “plan Marshall” financiado por EEUU para la reconstrucción de Europa después de la II Guerra Mundial. En el caso Venezuela se trata de un plan impuesto manu militari, financiado con recursos propios y administrado por quien se arrogó arbitrariamente la tutoría del Estado venezolano. En principio la forma que ha adquirido para EEUU la “reconstrucción” en la Venezuela ocupada, le permite al “tutor” actuar como “administrador colonial del país” para liquidar nuestras riquezas y recursos naturales, además de representar y gestionar de manera ilimitada nuestros intereses políticos y económicos, lo que le permite privilegiar a las empresas estadounidenses para que “aprovechen” al máximo las “facilidades” y alta rentabilidad que ofrece el negocio petrolero, minero, de infraestructura y servicios, en condiciones muy favorables para ellas pero en detrimento del país. En resumen, la “reconstrucción” es la entrada masiva de los capitales estadounidenses y occidentales, de la mano del Departamento de Estado de USA y bajo determinadas condiciones de “inversión favorables” a ellos. La tercera y última fase es la transición tutelada hacia el restablecimiento de la “institucionalidad democrática”, y la renovación progresiva de los poderes públicos y del liderazgo político, pero manteniendo el “cordón umbilical” colonial de la dependencia política, económica, financiera y de seguridad, implantado en las dos fases anteriores. Un régimen tutelado por una potencia extranjera, aunque se disfrace de democracia y se realicen elecciones para elegir autoridades y representantes, jamás podrá ser democrático, sencillamente porque el Estado no goza de autonomía ni tiene control sobre el territorio, la política exterior, la economía, la seguridad, la administración de los recursos del Estado, ni en las decisiones que afectan al pueblo y su bienestar. Toda decisión pasará por la Casa Blanca y por ende, para que éstas sean “aceptables” no deben afectar los intereses de EEUU en Venezuela.
¿Transición hacia la democracia?
Mientras tanto, Marco Rubio mantiene la narrativa de una "transición" hacia la democracia como fase final. Empero, los hechos no muestran que se están dando pasos significativos en esa dirección. sino hacia un proceso de “adaptación” a las nuevas circunstancias del gobierno establecido (PSUV/Delcy), enfocado en su sobrevivencia política al costo de entregar la soberanía de la Nación. Tal como marchan las cosas, lo que ambos actores (Trump/Delcy) están priorizando, más que restablecer las institucionalidad democrática, es avanzar con el gobierno tutelado de Delcy, hacia una “Asociación Estratégica” que fraguará definitivamente el régimen de tutelaje neocolonial. estructurado alrededor del sometimiento de Venezuela a la dominación económica, geopolítica y militar de EEUU.
¡Venezuela urgente!
Es urgente hacer una
reflexión colectiva profunda sobre el momento convulso al que estamos asistiendo y la responsabilidad histórica que pesa sobre quienes, somos actores y testigos de un tiempo en el que de nuevo se está decidiendo la existencia de la República que nos legaron los libertadores. Ante éste desafío hay que convocar el alma de la Nación y el sentimiento nacional en defensa de la autodeterminación del pueblo venezolano. Solo un pueblo unido es capaz de defender su derecho a existir.

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