Ángel Arias / Ideas de Izquierda
El país continúa decayendo a niveles inéditos de control por parte de una potencia extranjera. El acuerdo anunciado trata a Venezuela apenas como un yacimiento de petróleo para EE.UU. A su vez, el PSUV, el partido fundado por Chávez, se consolida como el partido de la entrega, y no menos lo es Vente Venezuela, el grupo de María Corina.
Fechas históricas, por la negativa
“Gran acuerdo”, “histórico”, son las palabras con las que, tanto Donald Trump, el jefe de la potencia agresora, como Delcy Rodríguez, encargada por aquel para administrar la nueva fase de entreguismo nacional, califican el acuerdo anunciado; también llama así el gobierno tutelado a los contratos firmados recientemente. Sin duda, sí, son momentos históricos, pero por lo inédito y profundo del sometimiento nacional que implican, tras la imposición del protectorado por parte de Estados Unidos, luego del artero ataque militar del 3 de enero.
Venezuela, un yacimiento de petróleo de los Estados Unidos…
Con el acuerdo Estados Unidos adquiere derechos y el control sobre más del 20% (21,5%, para ser más precisos) de las reservas petroleras probadas de Venezuela, unos 65 mil millones de barriles de petróleo. Eso es una quinta parte de nuestras reservas que son, con gran diferencia, las más grandes del mundo. Tomemos cuenta de la dimensión de lo que acaba de asegurarse el imperio estadounidense. ¿Cómo lo ha hecho? El acuerdo establece la exclusividad para explotar ese 21,5% de las reservas probadas, en 17 pozos, a una empresa escogida e impuesta por el gobierno estadounidense: North American Blue Energy Partners (NABEP).
Mención aparte merece el hecho de que el dueño de NABEP sea Alejandro Betancourt, el mismo nuevo rico surgido bajo el chavismo que tiene cuentas pendientes en tribunales del país, incluidas solicitudes de arresto en INTERPPOL, por su presunta comisión de delitos en los contratos mil millonarios que recibió para resolver la crisis eléctrica en el país. ¡Y aquí estamos con la situación de la luz como todos sabemos! Sí, es el mismo de la denuncias por gigantesco fraude a la nación, con sobre fracturaciones y “engaños” en la venta al Estado de equipos diferentes a los pagados, el propio Jorge Rodríguez llegó a dedicar extensas y duras declaraciones a denostarlo por eso. Pero, claro, eran otros tiempos.
Pues bien, en esa empresa, que en realidad funciona como un portaaviones de los intereses imperialistas, el gobierno estadounidense tendrá peso decisivo, siendo propietario del 35% de las acciones y con poder de veto sobre los miembros de la junta directiva. Además, se establece que la mayoría de los miembros de esa junta directiva deben ser personas estadounidenses. Así, la quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela pasan a control de Estados Unidos, manejando la empresa que, a su vez, tiene la exclusividad sobre esa porción de nuestros recursos.
…para sostener las guerras de Estados Unidos y el precio interno de su gasolina
El 20% de la producción que se genere en esos 17 pozos deberá ser destinado a precio de costo al Departamento de Guerra de los Estados Unidos. Es decir, se le regala a la maquinaria de guerra estadounidense el 20% de la producción que se genere, y como será a precio de costo no percibirá Venezuela por esa porción Impuesto Sobre la Renta (ISLR), puesto que el mismo se calcula sobre las ganancias.
Por si fuera poco, ese 20% tiene efecto inmediato. Es decir, desde ya, el Departamento de Guerra de Estados Unidos debe ir recibiendo, a precio regalado, lo que sería el equivalente al 20% de la producción estimada a generarse allí.
Esto obedece a una urgencia que tiene la economía estadounidense que, como es de conocimiento público, tiene sus reservas petroleras en mínimos históricos y acusa un alza en el precio interno de los combustibles, consecuencias de la propia guerra de Estados Unidos contra Irán. Así, los problemas que está teniendo Trump en su guerra imperialista contra Irán, lo que por allá le sale mal, lo está resolviendo con el petróleo venezolano a precio regalado, logrando, además, un golpe publicitario para la demagogia que tanto necesita en la política interna, donde el precio de los combustibles es un factor muy sensible, y hacia las elecciones de fin de año, en las que los pronósticos no le son nada favorables.
Las necesidades urgentes del país y de su pueblo no son la prioridad
Tenemos entonces que, en un país como el nuestro, que viene de una durísima destrucción de su economía y del conjunto de las condiciones de vida, tras una larga y muy profunda crisis, en el que, por si no bastara eso, ocurre la tragedia de los recientes terremotos, con mucha más destrucción material y pérdida masiva de vidas, las urgencias que se atienden son las de Estados Unidos.
Un país que, por esa realidad, tiene cualquier cantidad de urgencias económicas y sociales, necesidades de todo tipo, pero el acuerdo no responde a alguna prioridad para esas necesidades urgentes, sino a la de alimentar, a precio regalado, la reserva petrolera de la maquinaria de guerra estadounidense. La “reconstrucción” para la gente, viviendas, hospitales, escuelas, salarios, no son prioridad en este acuerdo.
El otro 80% de esa producción estará a disposición de lo que defina, de lo que decida hacer, el Departamento de Estado estadounidense, porque son quienes controlarán todo lo que tenga que ver con la producción y la comercialización de ese petróleo.
Aquellos tiempos del tirano Gómez
Otro aspecto gravemente regresivo es que se trata de casi una cesión territorial de esas zonas por 100 años. El gobierno salió a decir que son “solo” 25 años, sin embargo, la verdad es que sí puede ser de mucho más de 25 años. Por un lado, lo ha ratificado la Casa Blanca en su comunicado, que son quienes, evidentemente, llevan las riendas de los asuntos en el protectorado que es hoy Venezuela, y por otro lado, pueden ser 100 años porque depende del ritmo con el que decidan o puedan extraer los 65 mil millones de barriles. Todo será de acuerdo a las necesidades estadounidenses, en un lapso que, como ellos dicen, puede ser hasta de 100 años.
Esto es un brutal retroceso de más de un siglo a los tiempos de Gómez, en los primeros momentos del salto en la subordinación de la economía nacional a las necesidades de los capitales imperialistas: a los pulpos petroleros se les daba el usufructo del territorio y de sus recursos durante una cantidad de tiempo casi ilimitada. Prácticamente se les cedía la soberanía territorial.
Aquello cambió a partir del año ‘43, con las leyes bajo el gobierno de Medina Angarita, que pusieron límites y, de ahí en adelante, sucesivos gobiernos y regímenes políticos fueron regulando la duración de las concesiones y, posteriormente, los contratos. También fueron reafirmando la propiedad y la administración sobre los recursos del subsuelo, como una cuestión que compete a la nación, de manera no hubo más concesiones y lo que se pasó a pactar con las petroleras fueron distintos tipos de contratos. Eso no eliminaba la expoliación ni cuestionaba la subordinación del país a las necesidades de los capitales imperialistas, no modificaba la condición dependiente en la división internacional del trabajo impuesta por el capitalismo mundial, pero expresaba límites al saqueo más crudo de las concesiones.
En el caso actual, el acuerdo de Trump con el régimen político tutelado -que incluye la sumisión de los jefes de las Fuerzas Armadas-, nos devuelve, en ese aspecto, a esquemas similares a los de los tiempos de Gómez.
Sometidos a la jurisdicción estadounidense
Por si faltaran cuestiones graves, cualquier controversia queda bajo jurisdicción de los tribunales estadounidenses, contrario a un principio básico de soberanía (que consta, de hecho, en la propia Constitución Nacional que impulsó el chavismo). Si ha habido, a lo largo de la historia de esa relación de los países dependientes y las potencias capitalistas, algunos avances parciales, uno de esos es el de que, para evitar en lo posible continuar siendo plenamente tiranizados por esos capitales y sus gobiernos, algunas naciones han logrado establecer que las diferencias, las diatribas, los asuntos vinculados con la explotación de sus recursos, se diriman en sus tribunales nacionales. Eso se tira la borda aquí.
Tiene todo el sentido que, si se trata del territorio venezolano, de los recursos venezolanos y de un aspecto tan importante para el presente y para el futuro de las venezolanas y los venezolanos, se diriman las cosas en tribunales venezolanos. Sin embargo, este acuerdo, vendido como maravilloso por Donald Trump y por el gobierno tutelado por este, establece que será en jurisdicción estadounidense donde se resuelva, por ejemplo, si el día de mañana Venezuela decidiese que no quiere seguir ese tipo de contrato o que quiere modificar algo, etcétera; la potestad de la decisión quedaría en tribunales estadounidenses.
Ingresos de expoliación
En lo que se refiere a los ingresos, el gobierno habla de que ese supuesto fabuloso contrato —bueno fabuloso lo es para Estados Unidos, y malísimo para el país—, reportará 209 mil millones en ingresos al país. Que no nos engañen con cifras aparentemente enormes, porque eso serían unos 19 dólares por barril, que no es ni una cuarta parte, por ejemplo, del precio actual del barril de petróleo venezolano. Pero de hecho, al cabo de 25 años, que es el lapso según el cual según el gobierno venezolano el país va a estar recibiendo esos 209 mil millones de dólares, esos 19 por barril serían en realidad unos 9 dólares de hoy. Es decir, nada con relación al precio del petróleo.
“Backyard” para la pugna de EE.UU. con sus competidores
Es claro que para el imperialismo estadounidense no somos más que un pedazo de tierra con muchos recursos que ellos necesitan y así nos tratan, de hecho, el texto de la Casa Blanca que habla del acuerdo, se refirió a nosotros y a América Latina, literalmente, como "backyard", no somos más que el patio de atrás de su casa. Un terreno en la parte de atrás de su casa, de donde ellos toman como quieran los recursos que necesiten para sus propias disputas, las de ellos, no las nuestras; somos su punto de apoyo, como potencia dominante que resiste de manera más agresiva y brutal, el declive de su dominación mundial.
PSUV y el grupo de María Corina, los partidos de la entrega
El gobierno tutelado de Delcy y Jorge Rodríguez Rodríguez, Diosdado Cabello y los jefes de las Fuerzas Armadas, no solo ejecutan las órdenes de Donald Trump, Marco Rubio y el Pentágono, sino que procura convencernos de que es correcto y ventajoso para el país. La mayoría del partido de gobierno en la fraudulenta Asamblea Nacional, aprueba en tiempo record todo lo que exige Estados Unidos. La Presidenta encargada no se cansa de agradecer a Trump. El ministro del Interior y segundo al mando en la estructura del PSUV, ha usado su programa semanal para fustigar a los sectores de la oposición de derecha que cuestionan a Trump.
Como dice la sorna en redes, parece que pasaron del “Aquí no se habla mal de Chávez” al “Aquí no se habla mal de Trump”. O, como les cuestiona con razón todo un arco de gente de izquierda, el PSUV se ha dedicado a aquello que cuestionaba el cantor popular en sus canciones: perfumar el estiércol, para justificar lo injustificable.
De esta manera, el partido fundado por Chávez se consolida como el partido de la entrega nacional, de la sumisión inédita al imperialismo estadounidense. Por supuesto, también lo es Vente Venezuela, el partido de María Corina, como bien sabemos y como comentamos seguidamente, pero es un hecho que quien está gobernando y ejecutando la entrega es el PSUV.
En el caso de María Corina y su grupo político, sabemos que perfectamente podría estar haciendo cuestiones similares de estar en el gobierno, siempre insistió en convencer a los poderes estadounidenses de que, desplazar al chavismo y darle a paso a un gobierno suyo, era clave para los intereses de Estados Unidos, para la “seguridad hemisférica” y para poner a su disposición todas las riquezas petroleras del país. Es una de las figuras que pidió “sanciones” para terminar de asfixiar la economía nacional e, incluso, la intervención militar imperialista. Como señalamos en un reciente artículo de La Izquierda Diario, ante el pronunciamiento de MCM por este acuerdo petrolero, no es sino otro rostro del vasallaje, pues su único problema es que sea el chavismo gobernante quien esté administrando el protectorado...
👉👉 LA IZQUIERDA DIARIO:
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