Londres.- En 1939, el término “minerales críticos” entró en el léxico legislativo de Estados Unidos cuando el país aprobó su Ley de Acumulación de Materiales Estratégicos y Críticos. Se definieron como materiales necesarios para satisfacer las necesidades militares e industriales durante una emergencia nacional.
A medida que esa definición se amplió a lo largo de las décadas de 1970 y 1980 y hasta el siglo XXI, la historia de su origen se fue olvidando gradualmente. Hoy en día, los debates sobre los minerales críticos giran en torno a la transición energética: turbinas eólicas, autos eléctricos, baterías. Sin embargo, un reciente acuerdo sobre minerales de tierras raras sirve como recordatorio de que este trasfondo sigue presente, y que tal vez incluso esté cobrando mayor importancia.
A finales de agosto, el Departamento de Guerra (Defensa) de Estados Unidos. anunció una inversión de 750 millones de dólares para asegurar el suministro de la mina de tierras raras Serra Verde, ubicada en el estado de Goiás, en el centro de Brasil.
Serra Verde produce disprosio, terbio, neodimio y praseodimio, cuatro de los 17 elementos conocidos como minerales de tierras raras. Aproximadamente la mitad del suministro mundial de tierras raras se utiliza para fabricar imanes permanentes. Estos imanes se usan en turbinas eólicas y vehículos eléctricos, pero también en aviones de combate, misiles y drones.
Los intereses de la transición energética global se han entrelazado de manera inquietante con los de la industrial militar. Con un mundo cada vez más inseguro y las tensiones constantes que marcan las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China, esto se ha vuelto muy difícil de ignorar...
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