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Cuando Marlinis Aliendres recibió el mensaje de su esposo, Junior, diciéndole: “Mi amor, avísale a todos, ya voy a casa”, sintió que finalmente la pesadilla había terminado. Pero no fue así: el vuelo nunca salió y el reencuentro no ocurrió. Han pasado ocho meses desde que Junior Puerta fue detenido por agentes migratorios y tres meses desde que firmó una orden de salida voluntaria para regresar a Venezuela, pensando que eso le permitiría volver a casa.
“Lo único que quiero es volver a mi vida normal, volver a comer bien, volver a dormir bien, dejar de admirar cómo otras parejas van juntas a ciertos lugares y nosotros desde hace ocho meses lo dejamos de hacer, ver cómo otros padres están con sus hijos y la mía no puede estar cuando mi esposo no ha hecho absolutamente nada mal”, cuenta Aliendres...
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