Leopoldo Puchi
Estados Unidos acaba de poner bajo su control una parte de las mayores reservas petroleras del planeta.
El mecanismo tiene dos niveles.
Primero, un acuerdo paraguas entre dos gobiernos, que otorga a Estados Unidos el control sobre unos 65.000 millones de barriles de reservas.
Luego, dentro de ese acuerdo, se firma un contrato con la empresa Nabep como operador principal.
No estamos ante una simple contratación de una compañía extranjera ni ante un convenio comercial convencional.
Con el acuerdo, Washington obtiene garantías de acceso exclusivo y control sobre esas reservas probadas venezolanas, distribuidas en 17 campos.
El petróleo permanece bajo tierra, pero el control estratégico sobre ese recurso ha cambiado de manos.
HERRAMIENTA
El petróleo no es solamente una mercancía. Es una herramienta geopolítica. Daniel Yergin resumió esa relación en una fórmula que une tres: petróleo, dinero y poder.
El petróleo puede venderse y consumirse, pero no necesita moverse de sitio para tener valor estratégico.
Lo importante es quién tiene capacidad para decidir sobre ese petróleo.
DESLOCALIZADAS
Cuando una potencia logra asegurar el acceso a grandes reservas que se encuentran fuera de su territorio, aparece una forma particular de poder: las reservas estratégicas deslocalizadas.
Son recursos que permanecen en otro país, pero cuyo acceso, explotación y disponibilidad quedan en manos de una potencia extranjera.
En el caso de Venezuela, la geología de los 65.000 millones de barriles sigue estando en territorio venezolano, pero su posesión geopolítica, queda en manos del Gobierno estadounidense.
EL PENTÁGONO
La participación directa del Pentágono en el acuerdo confirma que el asunto va más allá de lo comercial.
No se trata simplemente de que empresas estadounidenses obtengan condiciones privilegiadas para explotar yacimientos venezolanos.
La presencia de capital patrimonial del Departamento de Defensa en una actividad económica hace que la operación sea distinta de un contrato convencional.
El petróleo venezolano queda así vinculado directamente al poder militar de Estados Unidos y, con ello, a los conflictos y guerras en los que ese poder está involucrado, como ocurre actualmente en Medio Oriente y Ucrania.
CRONY CAPITALISM
La operación realizada se apoya en una lógica de crony capitalism, es decir, en la estrecha relación entre poder político y negocios privados.
El caso de Alejandro Betancourt resulta ilustrativo.
Se han utilizado estructuras societarias y fondos de inversión de escasa transparencia, cuya procedencia y composición han estado vinculados a denuncias de corrupción.
NABEP
Un ejemplo de esta trama es Nabep, una empresa registrada en Barbados que ha sido utilizada por el Pentágono para su despliegue en Venezuela.
El caso muestra la combinación de estructuras empresariales opacas y participación militar estadounidense.
La operación petrolera queda así vinculada a intereses turbios que cuentan con la protección política y militar de Washington para actuar sobre los activos venezolanos.
DISPOSITIVO
El acuerdo petrolero forma parte de un cambio más amplio en la relación de Venezuela con Estados Unidos.
El proceso iniciado con la intervención del 3 de enero no se ha limitado al terreno militar.
Desde entonces, la presencia estadounidense se ha extendido hacia la política exterior, las telecomunicaciones, la deuda externa, la minería y ahora las reservas.
El petróleo se suma así a un dispositivo geopolítico que alcanza distintas áreas de decisión del Estado.
CLAVE-CARONE
El peso de figuras como Mauricio Claver-Carone en la designación de estos operadores permite ver cómo se articula ese dispositivo.
A través de funcionarios y oficinas colocados en posiciones estratégicas, Washington adquiere capacidad para intervenir en decisiones que antes correspondían solo a las instituciones venezolanas.
En el BCV aparece Erebor Bank, vinculada a Palantir; en la deuda, Centerview Partners; y en el petróleo, Nabep, utilizada como front company.
La red alcanza así ámbitos financieros, tecnológicos y energéticos.
EL BRILLO
El brillo de los anuncios sobre inversiones y recuperación de la
producción petrolera puede terminar ocultando la cuestión de fondo.
Detrás de esas cifras queda una pregunta: ¿qué capacidad conservará el Estado venezolano para decidir sobre sus reservas?
La propiedad jurídica de las reservas puede seguir siendo venezolana.
Pero si la capacidad de disponer de esas reservas se le ha otorgado al gobierno de Estados Unidos, el problema ya no es solamente económico. Es el de la independencia del país.
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