sábado, 5 de septiembre de 2026

«Mentira» / Luis Carlucho Martín


Luis Carlucho Martín

La Inteligencia Artificial, IA–a la que recurrí por moda, ridiculez o puro esnobismo–, indica que, en una icónica canción de Héctor Pérez, mejor conocido como Héctor LaVoe, la palabra “mentira” se repite “unas 57 veces”. En lo particular, creo que son más de 72 las ocasiones en las que, tanto el solo como el coro, citan el bendito vocablo predilecto de los políticos y otras despreciables subespecies de aquí y de más allá.

¿Qué tiene que ver eso con este cuento? Es que, recientemente, me correspondió decepcionarme, una vez más, de una mínima parte de nuestra juventud universitaria. Les voy a contar de qué se trata, y ustedes me dirán si hay razón para preocuparse, ocuparse y criticar.

Sucede que bajé a Caracas en una buseta. Todos los pasajeros, muy molestos y sorprendidos, criticaron el nuevo aumento de pasaje. Todos, menos los dos estudiantes que me correspondieron como compañeros de viaje en los asientos contiguos.

Ellos –uno de Comunicación Social y otro de Educación de la UCV, según sus propias palabras–, solo hablaban de banalidades, de estupideces, pues.

Jamás asomaron argumentos críticos referentes a nuestra peculiar actualidad.

Nunca hablaron de arte ni de literatura. Tampoco de la actualidad política. Ni mucho menos de lo apetecible que luce Venezuela ante las diversas fuerzas, deseos y afanes imperiales con respecto a las riquezas que yacen, crecen y siguen aumentando su valor, o no, en nuestro subsuelo.

No. Ellos hablaron pura paja. Ni de vaina, por ejemplo, asomaron el tema del pasaje estudiantil --a pesar de que les obligaron a pagar completo--. No hubo nada serio ni de interés en su largo, tedioso y vacío diálogo.

¿Saben qué hubo de sobra? "Marico", "güebón" y "mamagüevo", que se dijeron y re-dijeron más veces que “mentira” en la citada canción de Héctor LaVoe.

Sobre todo, el futuro comunicador, enjuto, desgarbado y, además depravado, en su sucia boca, que lanzó más "marico" que granos de arena hay en cualquier playa. Ese sí que se deleitó diciendo "marico", "marico", "marico"...

"Marico, sabes que ese marico, que no es tan marico, estaba con el otro marico... Marico, hubieses visto al marico ese. Marico, te imaginas. Ese marico no tiene vida. Marico, el público casi lo jode, marico..."

¡Verdad, marico¡?, repicó su interlocutor en tono de duda.

“Güebona", apareció como una variante del "marico" cuando, tristemente, el chamo hubo de referirse a la ex novia: "la güebona esa". Yo, contagiado, me dije, creo que lo correcto sería "cucona" o "tetona", pero fue su novia y él sabrá porqué le dice así... allá él.

En el viaje de Carrizal a Caracas, estimo que de 40 minutos, el personajillo arrojó por su jeta 5 millones de "marico" y otras cosillas obscuras que en nada enaltecen el idioma, mucho menos la comunicación. Nunca apareció el pensamiento crítico, ni propuestas, ni nada de lo que pensamos debe tener el ciudadano que está formándose para tomar el testigo en este marasmo de desacertados liderazgos. ¿Será que así pueden hablar con una dama? ¿O con sus madres y padres?

El triste capítulo me llevó años atrás, cuando uno de mis hijos hablaba así con sus amigos. Le pregunté si él se expresaba de esa manera frente a sus profesores y me dijo, a mí, su papá: “Marico, eso no es ofensa, es como decir, pana mío”. Y con eso me jodió…

Por fortuna, mi hijo, --mis hijos-- cambiaron en ese sentido. Entendieron que esa asquerosa moda es estúpida y que no somos así los venezolanos. Ahora, 20 ó 25 años más tarde, estoy convencido de que estamos peor. Lenguaje deteriorado. Valores trastocados. Y un montón de cosas "vareas".

Por ahí hay un bodrio que llaman podcast, de un par, sin par, que a pesar de su escasa cultura y su evidente síndrome del "brainless", tienen sus seguidores. Los tipos, bulleros como son, creen que, por ser deporte su tema básico, es chévere hablar mal. Hablar con groserías es "trending". El que le caiga la chupa. En serio.

Estaban entrevistando a un pelotero. Casi lo inducen a responder con groserías. El ex atleta se abstiene de responder porque lo que iba a decir era una mala palabra. Y los tipos, casi en coro, corriendo, sin frenos, le dijeron: “Marico, no le pares bolas, este espacio es para eso, para hablar la mierda que se te ocurra libremente”…Tristemente, eso se ha generalizado. En redes sociales, en espacios públicos y privados y hasta en algunos hogares, el lenguaje se fue a la mismísima m...

Pues, sepan que es mentira que "el venezolano promedio es así", como pretenden hacerlo ver. Es mentira que por ser más soeces caemos mejor y damos apariencia de estar en la onda. Posiblemente el grosero se desinhibe, pero ello no implica que vaya por buen camino. Es mentira que el deporte no sea serio. Es mentira que hablando mal suman más seguidores. Es mentira que los periodistas son jueces. Es mentira que estamos mejor. Es mentira que con estudiantes como los del cuento o con bulleros brainless el país va a surgir. Es mentira que los acuerdos energéticos con las grandes potencias sean más beneficiosos para nosotros que para ellos...

Si un tipo se roba un montón de plata del erario y después aparece sobreseído de su choreo público, es mentira que la justicia anda bien.

En todo este caos hay un montón de mentiras. Como cantó el mismísimo Héctor Pérez: “Mujer mala, paquetera, vete a mentir a otro 'lao', que sola va' quedar...por la mentira”

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